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viernes, octubre 30, 2026

Insólita existencia de atmósfera en un planeta donde parecía imposible

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Unos astrónomos han descubierto que un planeta, de tipo rocoso como la Tierra, Venus y Marte, repleto de lava, y del cual se daba por hecho que carecía de atmósfera porque el calor infernal que recibe de su estrella debería haberla disipado poco después de su formación, parece estar envuelto en una capa reflectante de nubes a modo de “toldo” que reduce notablemente el calor que llega a la superficie.

 

Este planeta, TOI-561 b, es el más interno de los cuatro planetas que orbitan alrededor de TOI-561, una estrella de clase G y una edad de diez mil millones de años (el doble de la del Sol) ubicada a unos 280 años-luz de distancia de la Tierra.

 

TOI-561 b orbita en torno a su estrella a una distancia de tan solo un millón y medio de kilómetros (un 1% de la distancia entre la Tierra y el Sol), dando una vuelta entera alrededor de ella en menos de 11 horas.

 

El hallazgo de esa atmósfera “imposible” se ha hecho durante una investigación a cargo de un equipo integrado, entre otros, por Anjali Piette, de la Universidad de Birmingham en el Reino Unido, y Samuel Boucher, del Instituto Trottier de Investigación sobre Exoplanetas y de la Universidad de Montreal en Canadá.

 

El equipo utilizó el telescopio espacial James Webb (JWST), de la NASA, la ESA y la CSA, respectivamente las agencias espaciales estadounidense, europea y canadiense, para observar a TOI-561 b. El JWST pasó 37 horas observando la zona. En ese lapso, el planeta dio 4 vueltas alrededor de su estrella, pasando por delante de esta desde la perspectiva visual de la Tierra.

 

El análisis de la diferencia espectral entre la luz estelar directa y la que pasaba rozando el borde del planeta indica que este posee una atmósfera global considerable que, al parecer, refleja una gran cantidad de la luz estelar incidente. Aunque ello refresca bastante la superficie del planeta, esta sigue siendo demasiado caliente para permitir la existencia de vida.

 

La composición de la atmósfera del planeta sigue siendo una incógnita. Podría tratarse de una densa capa de dióxido de carbono, como si ese mundo fuese una versión mucho más caliente de Venus, o bien podría ser rica en dióxido de azufre, un gas liberado por mundos tremendamente volcánicos, como por ejemplo Ío, una de las lunas de Júpiter.

 

Es posible que unas nubes de silicatos, altamente reflectantes, contribuyan a enfriar el planeta, evitando así las temperaturas extremas que cabría esperar en una superficie compuesta únicamente por roca desnuda.

 

Asimismo, la atmósfera transporta parte del calor desde el hemisferio diurno hacia el nocturno, lo que ayuda a enfriar el lado iluminado.

 

“Nuestro descubrimiento desafía las teorías actuales. Cabría esperar que un planeta rocoso sometido a una intensa radiación, como TOI-561 b, hubiera perdido su atmósfera hace miles de millones de años”, subraya Anjali Piette. “En cambio, todo apunta a que este mundo aún conserva una atmósfera considerable. Esto plantea interrogantes fundamentales: ¿contaba el planeta, desde sus inicios, con una reserva inusualmente grande de gases? ¿O acaso el océano de roca fundida que cubre su superficie actúa como un volcán a escala planetaria, alimentando constantemente su atmósfera con gases?”.

 

El estudio se titula “A Highly Reflective Atmosphere on the Lava World TOI-561 b Revealed by JWST/NIRSpec Phase Curve”. Y se ha publicado en la revista académica The Astronomical Journal.