Una revolucionaria investigación ha llevado un paso más allá la identificación por ADN. En un futuro no muy lejano, la policía científica no solo podrá identificar quién estuvo en un sitio por un cabello suyo caído allí u otro material biológico suyo desprendido sobre una superficie, sino también por vestigios tan exiguos que pueden seguir flotando en el aire horas después de irse del sitio. El ADN presente en el aire podrá pues acelerar de manera espectacular las pesquisas policiales.
Esta investigación la ha realizado un equipo que incluye a Emily Bibbo y Mariya Goray, de la Universidad Flinders en Australia, y Chiara Fantinato, del Departamento de Ciencias Forenses en el Hospital de la Universidad de Oslo en Noruega.
El equipo evaluó la posibilidad de obtener pruebas viables de la presencia de una persona en un sitio a partir de 391 muestras de ADN ambiental (recogidas no solo de superficies y polvo, sino también del aire) en simulacros de robo en viviendas, con una duración de 15 minutos cada uno, realizados en 22 hogares en Noruega y Australia.
La breve duración de este tipo de delitos, sumada a los esfuerzos de los delincuentes por evitar ser identificados, por ejemplo, al no tocar ningún objeto de la casa sin guantes, y a la dificultad de localizar los puntos exactos donde quedaron depositados los rastros de ADN, puede dar lugar a que las pruebas biológicas de la incursión de alguien en una vivienda sean escasas o inexistentes.
El equipo se valió de técnicas innovadoras para detectar ADN ambiental revelador de la presencia de un intruso en la vivienda durante ese cuarto de hora. En el caso del ADN recolectado del aire, se hizo bajo condiciones ambientales controladas, que condujeron a distintos grados de éxito dependiendo de la temperatura del aire, el nivel de humedad, la cantidad de polvo, la del ADN ya presente en el lugar (por ejemplo, el de los habitantes de la vivienda) y otros factores.
El ADN ambiental humano puede acumularse en la escena de un crimen mediante la liberación y dispersión pasiva en el entorno, incluso a través de partículas en suspensión y polvo, y puede persistir allí incluso después de realizarse labores de limpieza.
Así lo constató el equipo de investigación, que ha determinado que el ADN recolectado del aire puede complementar de manera decisiva el ADN presente en superficies y en polvo a la hora de detectar la presencia durante un rato de un intruso en una vivienda.
Con una labor adicional de investigación y desarrollo que perfeccione el método, la recolección de ADN del aire de una vivienda puede ser una herramienta decisiva para averiguar quién la asaltó para perpetrar un robo u otro delito.
El estudio se titula “Human airborne eDNA as forensic evidence in simulated residential burglaries”. Y se ha publicado en la revista académica Forensic Science International: Genetics.
















