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lunes, abril 20, 2026

Luis Fernando, la negación

* Pequeña victoria jurídica

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Luis Fernando Mesta, testigo presencial de los hechos, observó más aplausos que rechiflas, durante la estancia de López Obrador en Camargo. De aquel acto surgió la versión generalizada de que abuchearon a Javier Corral y al senador Gustavo Madero, pero el secretario del Ayuntamiento, intentando pasar por objetivo, está convencido de que hubo más aplausos.

En otras palabras, no exageren medios mentirosos, en Camargo los aplausos ganaron a las rechiflas ¿Dónde está el problema?. En ninguna parte, señor secretario, si problema no existe, lo que tenemos enfrente es una negación absoluta de la realidad, la autocomplacencia con que todo va “requetebién” y el convencimiento de que las minoritarias expresiones disonantes están motivadas en oscuros intereses.

¡Que manera de hacerle al tío lolo! Ciudadanos usualmente críticos, como Mesta, cambian en cuanto protestan un cargo público. Antes los gobernantes eran corruptos, depredadores y buenos para nada, sentencias lapidarias pronunciadas repetidamente en barras de cantina, tertulias y mesas de café.

Sigan atenidos a “su buen juicio”. Lo mismo dijo César Duarte cinco años atrás, un 16 de septiembre que recibió ejemplar rechifla de los asistentes al “Grito”, destapando un hartazgo ciudadano contenido hasta entonces, a causa de sus maneras abusonas y corruptas de gobernar. Aparte de minimizar el rechazo ciudadano, los corifeos no tuvieron más idea que responsabilizar a Marco Adán Quezada.

Así Mesta, en su calidad de testigo presencial puede afirmar que no pasó nada, unos cuantos silbidos provocados por funcionarios del gobierno federal y grupos de izquierda, que terminaron ahogados entre atronadores aplausos de los panistas y buenos ciudadanos que adoran al gobernador.

Ajá. Esperen las que vienen, el desprestigio de Javier Corral, a media administración, es sólo comparable con el de César Duarte, el odiado común, también expresado popularmente en mitad de su sexenio.

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Hay noticias alentadoras, en gobierno brincan sobre un pie desde que recibieron la noticia de que la maniobra jurídica de Peña Nieto, implementada antes de cerrar su sexenio, pretendiendo blindarse contra acusaciones de gobiernos estatales, quedó revocada por la Corte.

Son excelentes noticias, Peña forzó aquella resolución apoyado en su ministro de cabecera, Eduardo Medina Mora, pero el amparo aberrante carecía de toda sustentación jurídica. Al dejar la presidencia pierde todo fuero y puede ser juzgado como cualquier ciudadano. Por cierto, ahora Medina Mora está entre los justiciables, con él habría iniciado la oxigenación de López Obrador a la Corte, dicho entre paréntesis.

El problema es aprovechar la pequeña victoria, presentando un caso sólido contra el expresidente. En ésta parte empiezan las dificultades, con la Coneja fuera de prisión, César Duarte intocado, la cadena de la corrupción intacta –sólo consiguieron charales-  y la Fiscalía General de la República concentrada en detener a Emilio Lozoya, presentar a Peña Nieto ante la justicia es una tarea compleja.

Pero sigan intentando, ya dijo López Obrador que si el pueblo bueno lo manda, él personalmente promoverá el juicio contra los expresidentes del neoliberalismo.

Quizás el pacto de impunidad se tambalea y Javier Corral observa en esa coyuntura la oportunidad de beneficiarse, facilitando el juicio contra el expresidente para llevarse las añoradas palmas que le ha negado el “vulgar ladrón”. ¿Será? Puede, pero entonces de que serviría el nuevo pacto electoral Morena-PRI, en el que presumiblemente Peña fue factor importante.La asimilación del PRI a Morena es otro factor a tener en cuenta, ninguno de los tiburones que participaron en la entrega lo hicieron por bondadosos. Que no.