Regresemos a la llamada “Ley Acosta”, reforma legal hecha a modo para que el entonces recién electo magistrado Rodolfo Acosta fuese presidente del Supremo Tribunal de Justicia. Sin la reforma incumplía con los requisitos para ocupar el cargo. Reyes Baeza pudo elegir entre varios magistrados bien formados, sin atentar contra una ley cuyo espíritu favorecía la carrera judicial. En lugar de respetarla impuso a Fito ¿Por qué? Vaya usted a saber, el caso es que ahí empezó la historia negra de la justicia en Chihuahua.
A Reyes le dio gana imponer presidente, pero César Duarte, político inculto y autoritario que gobernó bajo el principio de que “el poder es para poder”, fue mucho más lejos, En nombre de esa entelequia conceptual se le ocurrió que había llegado el tiempo de “oxigenar” al Tribunal y presuroso forzó la jubilación de magistrados e innecesariamente abrió nuevas salas. En los espacios desocupados acomodaría a sus amigos, algunos verdaderos neófitos del derecho.
No paró en el asalto a las salas, mientras sus amigos se acomodaban asimilando el regalo, Duarte ordenó la deposición del presidente, Alberto Vázquez Quintero, e impuso a José Miguel Salcido, uno de los oxigenadores, abriendo una etapa de asonadas en lo más alto del Supremo Tribunal de Justicia, con demandas, contrademandas, amparos y cualquier recurso jurídico de unos magistrados contra otros. Ahí empezó el periodo de las vendettas que terminó cancelando la justicia en Chihuahua.
El peor momento de aquel episodio sucedió cuando Salcido renunció a la presidencia para incorporarse al gabinete estatal en la Secretaría de Educación, dejando interinamente a Gabriel Sepúlveda. Cuando Salcido se percató de que lo habían engañado, Sepúlveda permanecería en la presidencia, se arrepiente de la renuncia y regresa a retomar la presidencia, de tal suerte que esos días hubo dos presidentes; el interino y el que regresó por el cargo. Ni en las peores democracias africanas o tropicales suceden éstos episodios de vergüenza.
Lo peor vendría después, como si los últimos gobernadores estuviesen en competencia para ver cual socavaba más la justicia. Pongamos que la “Ley Acosta” fue sólo la flecha que señalaba el camino hacia el autoritarismo, camino que siguió Duarte hasta la oxigenación y la deposición de presidentes, y que Corral lo seguiría hasta el paroxismo, empoderando a una siniestra mujer y haciendo de la justicia su instrumento personal de venganza y persecución política, dentro y fuera de la institución.
Ocupado en satisfacer su rencores ensanchados y propuesto a resarcir el daño a su orgullo de hermano ofendido, Corral trasladó su disputa personal con Duarte al seno del Tribunal Superior, batiéndolo más de lo que ya estaba. Desató una feroz persecución contra una representación de los magistrados “oxigenadores” y, valiéndose de jueces de consigna, encarceló a funcionarios del sexenio anterior sin reparar en que sus delirios trastornaban la justicia y destrozarían vidas inocentes. Que le importaba, él nos traía justicia para Chihuahua.
Permitió que la siniestra e inescrupulosa mujer, movida por rencores y ambiciones propias e inspirada en autoritarismos ideológicos, implantase un régimen de terror laboral mientras, por lo bajo, conformaba una mafia con fines de colonizar el Poder Judicial de Chihuahua a perpetuidad. En esa mafia incorporó a magistrados, jueces, altos funcionarios y decenas de trabajadores en oficio de espías, coronándola con la estafa de los 50 y tantos jueces. Hoy ese grupo se conoce como “La mafia de los luchos”.
Las consecuencias son funestas. Al ver que desde lo más alto de poder y la misma Judicatura prostituían la justicia para satisfacer apetitos personales y castigar enemigos políticos ¿Cómo reaccionarían el común de los juzgadores? Siguieron el ejemplo y pusieron precio a sus sentencias, resolviendo al mejor postor. Si usted pregunta a litigantes le confirmarán que hoy las sentencias tienen precio, con el descaro de que exigen pago por adelantado. Once años manoseando la justicia hasta que la corrompieron desde sus cimientos. Resultado lógico la descomposición general, en ambientes escatológicos no prospera buena simiente.
La semana que viene hay nuevo presidente(a) del Tribunal, es un cambio necesario y urgente. Ignoro quien y en qué condiciones llegue a la presidencia, pero tras esa larga noche es imperativo que ponga fin a la extendida corrupción y desmantele la mafia que empoderó Corral. El Supremo Tribunal de Justicia del Estado de Chihuahua necesita recobrar la credibilidad, administrar justicia de calidad. Sólo así empezará el largo y lento camino hacia la reconstrucción.
La gobernadora Campos tiene la enorme responsabilidad de empoderar al nuevo presidente para que cumpla satisfactoriamente con la tarea de asepsia y tenga fortaleza suficiente para el desmantelamiento de la mafia. Once años de rencores, venganzas, persecuciones y jueces de consigna pusieron a la justicia de cabeza. Esa locura necesita terminar ya. Tengo mucha confianza en que la gobernadora obre con sabiduría y templanza, ella fue víctima del autoritarismo y la persecución infame.
Rompeolas
Pablo Héctor González se regresa ésta misma semana a su Sala, la decisión está tomada y comunicada a su grupo más cercano. Es lo mejor para él y para sus amigos, haber insistido en quedarse le hubiese costado muy caro, fue parte preponderante en la segunda mitad de la persecución, hay que asumir las consecuencias. En su lugar podría llegar Miriam Hernández, Rafa Quintana o Luis Villegas. Todo depende de los términos en que decidan resolver la sucesión.
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Fito Acosta, junto al fallecido Villasana el “titán” más visible de Jiménez, es el único chihuahuenses al que le han dedicado dos reformas legales: la primera en la Ley Orgánica de la Uach para evitar que fuese rector, la segunda en la Ley Orgánica del Tribunal para lograr que fuese presidente.
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El alcalde Marco Bonilla arranco temprano el operativo de fin de año, va del Buen Fin a Navidad. Seiscientos policías estarán desplegados en zonas comerciales y bancos –por aquello de los ladrones de aguinaldos- apoyados con más de 1500 cámaras distribuidas en lugares estratégicos de la ciudad. Bonilla es un alcalde que está muy pendiente de la ciudad y junto con los servicios públicos su prioridad es la prevención, hacer de Chihuahua la ciudad más segura del norte, donde el que la haga la pague. Banqueros y comerciantes deben acompañar al alcalde en este operativo, mientras más gente se involucre mejores serán los resultados, todos queremos una Navidad con saldo blanco.
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Santiago Nieto y Carla Astrid Humphrey dieron en Guatemala un ejemplo de la austeridad versión 4T. Hicieron una boda donde derrocharon lujo, con viandas y bebidas dignas de príncipes en escenarios de fantasía compartidos con sus amigos fifís. Ni Peña Nieto cuando desposó a la gaviota derrochó tanto glamur y dinero.
Quién como ellos, hágase la austeridad en los bueyes del compadre. Sandalias franciscanas en chapa de oro, dijo un observador acucioso. Para que es el dinero y el poder si no se puede lucir. Viva la Cuatro Té, viva el tlatoani, viva el derroche.














