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sábado, agosto 8, 2026

Celebran fieles Domingo de Ramos

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Chihuahua, Chih.- El arzobispo de Chihuahua, Constancio Miranda Weckmann, ofició ayer la misa de Domingo de Ramos, en la Catedral, con gran afluencia de fieles que recibieron la bendición de palmas de olivo, lo que marca el inicio de la Semana Santa. Con su vestimenta de rojo, que significa la vida, Pasión y muerte de Jesucristo, dio el sermón con religiosos y laicos, así como cientos de asistentes, primero a las afueras del templo y posteriormente en la homilía. El sacerdote agradeció a quienes siguieron la transmisión en línea y en medios de comunicación.

A las afueras, los vendedores de figuras religiosas, cruces y artículos hechos con las plantas estuvieron más positivos por la afluencia y, por ende, el aumento de compras a diferencia de los años de pandemia, en los que prácticamente su ingreso fue de cero.

Cientos de creyentes católicos realizaron una larga fila a la espera de la misa del mediodía, la cual fue oficiada por el obispo.

Una vez en la iglesia, el sacerdote dio lectura a la vida de Cristo, sus enseñanzas, la traición de Judas, la negación de Pedro, el arresto, juicio, presencia ante Poncio Pilatos, la flagelación, camino al calvario, la crucifixión, la muerte y a los tres días la resurrección.

La lectura del evangelio fue por tres personas, incluyendo dos acólitos.

Los dos primeros representaron a varios personajes, mientras que el sacerdote principal leyó las palabras dichas por el salvador.

La tradición del Domingo de Ramos conmemora que cuando llegaba a Jerusalén para celebrar la pascua, Jesús les pidió a sus discípulos traer un burrito y lo montó. Antes de entrar en la ciudad, la gente tendía sus mantos por el camino y otros cortaban ramas de árboles alfombrando el paso, tal como acostumbraban saludar a los reyes.

Los que iban delante y detrás de Jesús gritaban»¡bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!».

En la homilía destacaron que Jerusalén era la ciudad más importante y la capital de su nación, y mucha gente, entre niños y adultos, lo acompañaron y recibieron como a un rey, con palmas, gritándole “hosanna” que significa “viva”.

La gente del lugar preguntaba «¿quién es éste?», y les respondían: “es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea”. Con dichos capítulos detallaron la entrada triunfal.

La muchedumbre que lo seguía estaba formada por hombres, mujeres y menores, cada uno con su nombre, su ocupación, sus cosas buenas y malas, y con el mismo interés de seguir al Hijo de Dios. Algunas de estas personas habían estado presentes en los milagros del mesías y escuchado sus parábolas. Esto los llevó a alabarlo con palmas en las manos cuando entró en Jerusalén. Fueron muchos los que siguieron a Cristo en este momento de triunfo, pero fueron pocos los que lo acompañaron en su Pasión y muerte. Mientras esto sucedía, los sacerdotes judíos buscaban pretextos para meterlo en la cárcel, pues les dio miedo al ver cómo la gente lo amaba cada vez más y como lo habían aclamado al entrar a Jerusalén.