Todavía recuerdo la expresión de azoro en el rostro de ganaderos que, incrédulos, recriminaban en voz baja la decisión de López Obrador cuando autorizó el ingreso de carne sudamericana, básicamente argentina, eliminando trámites sanitarios y otorgando a los importadores la confianza para traer “carne buena”. Abrió la frontera sur en noviembre del 2022, convencido de que bajaría el precio de la carne. Pésima decisión, el precio jamás bajó y en menos de dos años nos llegó el gusano barrenador, como advirtieron aquellos ganaderos experimentados.
¿Cuándo los particulares se han responsabilizado de atender, por su cuenta, protocolos internacionales?. Era una decisión demagógica, como todas las de aquel gobierno infausto. Las consecuencias llegaron de inmediato, el gobierno de los Estados Unidos cerró durante noventa días la importación al ganado mexicano, querían tiempo para diseñar nuevos protocolos y presionar al nuestro, obligándolo a cerrar la frontera sur. El protocolo quedó a medias y la presión resultó fallida, la frontera sur siguió y sigue abierta. De hecho el tema recibió mínima atención mediática y en las mañaneras apenas lo trataron, para López Obrador, entonces presidente, era un asunto menor.
Como muestra de su interés en resolver el problema, las autoridades sanitarias estadounidenses abrieron tres de las trece estaciones exportadoras, dos en Chihuahua y una en Sonora, autorizando el ingreso de ganado a cuenta gotas, 1500 cabezas por estación. Ni el expresidente López Obrador ni la presidenta Claudia Sheinbaum comprenden la grave situación o si la comprenden y permanecen pasivos, los ganaderos del norte están frente a un ataque deliberado de su propio gobierno. Les envía un claro mensaje, ustedes no me importan.
El más perjudicado de todos es Chihuahua, del millón doscientos mil cabezas que salían anualmente hacia el mercado norteamericano, nuestro estado exporta casi la mitad. Calculan que la ganadería nacional está perdiendo 10 millones de dólares diarios, de los cuales la mitad se quedaría en Chihuahua. Porque ahora, precisamente en estos días, los ganaderos lamentan que mientras la exportación de sus becerros está cerrada, el precio en las subastas de Estados Unidos es más alto de la historia. Un becerro de 200 kilos lo están pagando a 36 mil pesos, cuando llegó a pagarse hasta la mitad o menos. Claro que se tiran de los pelos y maldicen, ven que pierden la oportunidad de negocio.
Para consolarlos, la presidenta Sheinbaum sugiere que ingresen al mercado nacional. Pues si, pero el mismo becerro por el que allá pagan 36 mil pesos, en la subasta de la Unión Ganadera está siendo vendido ahora mismo en 20 mil. Enorme diferencia que no termina ahí, se prolonga el cierre y los ganaderos tendrán que empezar a vender los becerros de este lado, a precios de remate. Si todavía existe mínima competitividad en el mercado interno, es por que mantienen la esperanza de que pronto abrirán la frontera.
Su apuesta es desesperada ¿Cómo reanudar la exportación si la mosca del gusano barrenador ya está en nuestro país y encima seguimos importando ganado de regiones contaminadas históricamente?. Con todo eso podría abrir, ha sucedido en el pasado, ¿y si no?. Entonces el precio de la carne se desplomaría a niveles nunca vistos en México ¿Es lo que busca el gobierno de la cuatroté?. Muy probablemente si, desde un principio la idea de López Obrador era bajar el precio de la carne. Y está muy bien que baje, el asunto es que lo hacen destrozando un sector que anualmente genera ingresos por 30 mil millones de pesos, casi la mitad del presupuesto estatal. Sería como un espejismo, cuando se reduzca sensiblemente el inventario nacional, escaseará la carne y los precios se dispararán.
Las de nuestro gobierno son decisiones tomadas por motivaciones ideológicas; destrozan un sector con tal de abaratar un producto que, a falta de oferta, luego su precio llegará a las nubes. ¿Esperarán a que la ganadería del país quede hecha trizas para importar carne “buena” de Argentina, Brasil y otros países del sur?. ¿Permitirán que desaparezcan las condiciones sanitarías que costaron al país décadas de inversión? Ni lo dude, su tarea diaria es la destrucción nacional y lo saben hacer muy bien.
Así que abusados, señores ganaderos, no estén tan confiados en que mañana o pasado abrirán las fronteras. Ojalá lo hagan, pero con el gobierno de la cuatroté no se sabe, están propuestos a destruir todo lo que ha funcionado bien. Entonces de un cortesito premiun ya no hablamos. Por ahora si, la mayoría nos llega de Estados Unidos, sólo que muy pronto será cada vez más caro y difícil conseguirlos.
Rompeolas
No entiendo a la presidenta Sheinbaum, el engreído grupo Tabasco ningunea sus iniciativas de ley, la humilla dándole la espalda en público, ignoran sus llamados a no hacer campaña anticipada, a ser austeros, y la presidente recompensa con efusivo abrazo a la representante de ese grupo en Chihuahua, la senadora Chávez. Dos preguntas en una: ¿Es el abrazo del diablo en forma de mujer o dobló las manos anticipadamente rindiéndose sin condiciones al tlatoani que comanda el grupo?. Híjole no se, pero infiero que el abracito no gustó para nada a Ariadna Montiel, era dueña de la fiesta y su adversaria es la que, para efectos de percepción política, salió felicitada. Por cierto, junto a Chávez estaba Juan Carlos Loera y para él no hubo ni guiño presidencial, lo ignoró como si no existiese. Entre los senadores cuatroté todos son iguales, pero hay unos más iguales que otros. Ahí dejo el comentario, sólo por mortificar.
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Muy poco ha sido comentada la cena del nuevo embajador norteamericano, Ronald Johnson, en su primera noche en México. Se reunió con el rostro público de la ultraderecha mexicana, Eduardo Verástegui, y el dueño del país, Carlos Slim. Entre los invitados, apúntelo como dato que será recordado frecuentemente, no estuvo ningún integrante del régimen. Antes, el embajador visitó el Santuario de la Virgen de Guadalupe, sólo por si alguien tenía dudas de donde están las prioridades del embajador “hermano”, como se llaman él y el actor que aspira a la presidencia del país. Malas noticias para Tabasco, ¿buenas para Sheinbaum?, quien sabe la Presidenta parece feliz oficiando de juanita.
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Mi corresponsal en Jalisco, excelente y critica lectora, me pide hablar del velero Cuauhtémoc, buque escuela de la marina mexicana que hizo el papelón en Nuevo York, al chocar contra el icónico puente de Brooklyn. La verdad es que no se qué decir, como mexicano me apena, da verguenza ver la bandera nacional en esa penosa situación. Quisiera saber que son señales de los tiempos, el ocaso del populismo, las malas vibras de Lenia Batres, a quien le hicieron campaña en la emblemática embarcación. Cuesta trabajo imaginarlos tan negligentes, el problema es que lo son y parece no importarles. Por eso me hicieron gracia dos de los muchos memes que observé: “Exijo al gobierno de los Estados Unidos que me informen porque estaba ese puente ahí”, dice Sheinbaum en uno; “Capitán -advierte un cadete- vamos a chocar contra el puente. Yo tengo otros datos”, responde el capitán. Es lo que hay, el buque que durante años representó con legitimo orgullo al país en los puertos más importantes del mundo, convertido en verguenza mundial: sus tres mástiles destruidos, la trágica muerte de dos cadetes, la bandera a pique, pero escenario de campaña para la ministra del pueblo. Sí, hay que jodernos.
















