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viernes, septiembre 11, 2026

Acercan a jóvenes memoria del 9/11

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Nueva York, Estados Unidos- Veinticinco años después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, el paso del tiempo no ha borrado sus huellas. Para quienes perdieron a alguien, sufrieron discriminación o trabajaron entre los escombros, el 9/11 sigue formando parte de su vida. Para quienes nacieron después, es un acontecimiento histórico que intentan comprender a través de las historias de otros.

En la familia de Jenna McPartland, las dos experiencias conviven. Estaba embarazada de su primer hijo cuando su esposo, Ariel Jacobs, murió en el World Trade Center. Días después nació Gabriel, un niño cuya vida quedó marcada por un acontecimiento que él nunca vivió.

McPartland volvió a casarse y tuvo otros hijos, pero se aseguró de que «Gabi» mantuviera el contacto con la familia de su padre y de que sus hermanos supieran que el 9/11 también formaba parte de su historia.

«Mi segundo hijo escribió su ensayo de admisión a la universidad sobre lo que significaba ser hijo de una familia afectada por el 9/11, sin ser él mismo un chico del 9/11. Y sobre cómo él no existiría si el padre de su hermano no hubiera fallecido», cuenta McPartland, de 52 años.

«Todos ellos lo reconocen de formas diferentes, lo sienten de maneras diferentes y lo perciben en su vida de modos diferentes».

Daniel Aldrich, profesor de la Universidad Northeastern, explica que un mismo suceso -ya sea un desastre o una conmoción o incluso el proceso de recuperación- es completamente diferente «según (cuál sea) la red de vínculos» que se tengan.

Esas redes incluyen a familiares de víctimas, rescatistas, trabajadores que retiraron escombros, personas que se alistaron en las Fuerzas Armadas y comunidades que fueron vistas con mayor recelo después de los ataques.

Entre estas últimas estuvieron las comunidades musulmanas, de Medio Oriente y sijs. En 2002, el Gobierno estadounidense implementó el NSEERS, que obligaba a hombres no ciudadanos de 25 países -casi todos de mayoría musulmana- a registrarse ante las autoridades migratorias.

Cuatro días después del 9/11, Balbir Singh Sodhi, un estadounidense sij de Arizona, fue asesinado a tiros por un hombre que creyó erróneamente que era árabe.

Para Vida Lashgari, de 21 años, el atentado pertenece a la historia, pero sus efectos forman parte de la experiencia de su familia. Hija de madre mexicana y padre persa, creció escuchando cómo el 9/11 cambió la vida de personas de Medio Oriente, sijs y otras personas de piel morena.

Su padre, dice, se volvió mucho más consciente de su apariencia y de las diferencias en su forma de hablar y vestir en Estados Unidos.

«Creo que ese tipo de miedo ha persistido en la comunidad de Medio Oriente desde entonces», apuntó.

Lashgari nació pocos años después de los atentados. Como otros jóvenes de su generación, aprendió sobre el 9/11 en la escuela, pero no vivió el mundo anterior a aquel día. Le cuesta imaginar, por ejemplo, que alguna vez los visitantes pudieran esperar a los pasajeros en las puertas de embarque de los aeropuertos.

Fue hasta la pandemia de Covid-19 cuando encontró una experiencia que le permitió comprender, aunque de otra manera, lo que significó para generaciones anteriores vivir un cambio tan abrupto.

«La pandemia sacudió muchas vidas, especialmente la de mi generación, que no había experimentado un cambio tan drástico como ese», señaló.

Para ella, fue la primera vez que sintió que su mundo podía cambiar de la noche a la mañana sin que pudiera hacer nada para evitarlo.

Así, 25 años después, el 9/11 también ha comenzado a cambiar de lugar en la memoria colectiva. Nuevos acontecimientos, cambios políticos y transformaciones sociales han modificado la manera en que las personas recuerdan aquel día.