Cuando estoy en el escenario trato de olvidarme de que soy Arturo Chacón-Cruz (Sonora, 1977), que tengo 47 años, y sólo unirme a la música, sentir su energía, compartir eso con el público y expandirlo a través de la vibración de mi voz”, dice a Excélsior el tenor mexicano que esta semana cantará el papel del Duque de Mantua en Rigoletto y, en junio próximo, celebrará 25 años de trayectoria operística.
El tenor, que se ha presentado con éxito en el Teatro alla Scala de Milán, el Carnegie Hall de Nueva York, la Arena di Verona, entre muchos otros escenarios, confiesa que a menudo reflexiona sobre la misión que tiene el cantante.
Tengo un cuadernito en el que escribo mis ideas y pienso en cosas que podrían ayudar al mundo, a los jóvenes, quizá, comenzando por los más cercanos, que son mis alumnos, y parte de mis colegas con los que canto en cada producción”, explica.
¿Qué ideas son las más recurrentes en esa libreta?, se le pregunta al tenor. “Tengo años estudiando filosofía, meditación, y creo que entiendo cada vez más el significado de la vida.
Como te había comentado alguna vez, empecé con la pregunta que me hizo mi hijo cuando él tenía 10 años: ‘¿A qué venimos al mundo?’ Después de titubear, le dije: ‘Venimos a amar, a dar amor’. Pero con los años he afinado la respuesta, porque me parece que sí venimos a dar amor, pero de una manera más de sacrificio.
¿Qué tipo de sacrificio? “No hablo de dar lo que traigas en la bolsa, sino de compartir tu tiempo, brindar una sonrisa, una respuesta honesta, de involucrarte con los demás y compartir una conexión con los demás y, tal vez, dejar ese estrés, dejar el dolor que todos traemos, porque la vida es muy dura y dolorosa”.
¿Podría hablar de su relación con el Duque de Mantua? “Estaré en las funciones del 8 y 13 de mayo y, bueno, ésta será la función número 107 que lo cante.
Digamos que es el papel que más veces he cantado, seguido por Alfredo Germont, en La traviata, con 103 funciones”, detalla.
¿Cómo volver al Duque de Mantua? “En este papel es donde tengo que usar más mis dotes de actor, porque en sí no me gusta, ya que es un descarado, un sinvergüenza, aunque simpático, y que increíblemente le cae bien a la gente. Así que es un personaje en el que tengo que usar todas mis dotes para hacer las cosas malas y sacar el mayor carisma posible para caerle bien a la gente.
Por otro lado, aunque no es mi personaje favorito, en el terreno de la música este rol es toda una clase de canto. Como me lo dijo mi maestro Ramón Vargas, cada vez que cantas el Duque de Mantua estás dándole a tu voz y a tu carrera unos meses más de vida”, expone.

















