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miércoles, agosto 5, 2026

Aumentan en Texas grupos antivacunas

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Texas.- Antes de la pandemia de Covid-19 en 2020, los especialistas en salud pública decían que las vacunas eran «víctimas de su propio éxito».

Esto se debía a que mucha gente había olvidado lo graves que podían ser enfermedades como la polio o el sarampión en la vida diaria de los estadounidenses. Según los expertos, si esos males reaparecieran, los padres volverían a sentir un gran temor.

Sin embargo, esa predicción resultó errónea en pleno 2025.

Pocas opiniones cambiaron, aun después de que el brote de sarampión más grande en Estados Unidos desde el año 2000 se propagara por comunidades no vacunadas, infectando a cientos y quitándole la vida a dos niñas en Texas.

Texas no fue un epicentro aleatorio para un brote de este tipo.

El porcentaje de niños de preescolar que recibieron vacunas contra el sarampión en el estado bajó al 93.2 por ciento en el año escolar 2024-2025 desde el 96.9 por ciento en 2019, lo que lo situó por debajo del umbral del 95 por ciento que garantiza una amplia inmunidad.

Con la flexibilización de las leyes de vacunación infantil, la proporción de niños de kínder sin las inmunizaciones recomendadas casi se ha duplicado en los últimos cinco años escolares. Unos 25 mil menores, más que en cualquier otro estado, no recibieron al menos una de sus inoculaciones contra el sarampión a principios de año, cuando el virus comenzó a propagarse por la entidad.

En entrevistas con padres de Texas que se oponen a la vacunación de sus hijos, prácticamente todos se mostraron firmes en sus opiniones.

Para ellos, la oposición a la inmunización suele ser una prioridad absoluta, y algunas familias incluso se mudan al estado debido a sus políticas más laxas.

«Mis condolencias, pero no voy a dejar de usar el coche solo porque puedan pasar accidentes», dijo, a manera de metáfora, Cee Rose del Castillo, quien vive en el área de Dallas-Fort Worth.

Sus tres hijos más pequeños no han recibido ninguna vacuna.

«No voy a dejar que me metan miedo con el sarampión».

En entrevistas, los padres afirmaron haber llegado a sus opiniones a través de podcasts, videos y artículos en internet, que, según los expertos, contenían desinformación sobre la seguridad de las vacunas.

Algunos se opusieron a las inmunizaciones antes de tener hijos, otros después. En cualquier caso, casi todos los padres apuntaron que la pandemia de Covid-19 contribuyó a reforzar su rechazo.

Erin Stetson, de 41 años, vive en Hutto -un suburbio al noreste de Austin- con su esposo y sus tres hijos pequeños. Dice que ha sido escéptica respecto a las vacunas desde que era joven.

Sin embargo, explicó que el movimiento creció después de la pandemia, cuando la gente empezó a cuestionar las órdenes de vacunación contra el Covid-19 y a las farmacéuticas que ganaron dinero con ellas.

«Eso despertó a todos», señaló. Cada vez más personas se preguntaban: «¿Qué estamos haciendo? ¿A quién le estamos creyendo?»

Para muchos, la pandemia fusionó su postura antivacunas con una visión general antisistema (del Gobierno, de las instituciones médicas y de las escuelas públicas).

Al mismo tiempo, en entrevistas, los padres comentaron que se había vuelto más aceptable oponerse a las vacunas y que su movimiento estaba creciendo.

Muchos comentaron que sus hijos recibían clases en casa o en escuelas religiosas privadas, junto con niños con tutores que compartían sus ideas. Han encontrado pastores que comparten sus puntos de vista y centros médicos que se adaptan a sus decisiones.

Para algunos, su postura antivacunas forma parte de su vida religiosa. Pero quizás nada sea más gratificante que un cambio en la política gubernamental. Robert F. Kennedy Jr. ahora dirige el Departamento de Salud y Servicios Humanos, una posición desde la que ha sembrado aún más desconfianza en las inmunizaciones.

El Partido Republicano de Texas también ha apoyado con entusiasmo a estos padres y se ha apresurado a flexibilizar normas sobre vacunas, incluyendo el veto de los requisitos de vacunación contra el Covid-19 en el lugar de trabajo y la propuesta de prohibir todas las vacunas de ARNm.

Este mes, Florida anunció que se convertiría en el primer estado en poner fin a todos los requisitos de inoculación, incluida la lista de inmunizaciones infantiles que se ha requerido en todo el país durante décadas.

Cualquier campaña de salud pública para fomentar la vacunación se enfrenta ahora no solamente al reto de combatir el tsunami de desinformación, sino también, dicen los expertos, al problema mucho más difícil de detener lo que se ha convertido en un movimiento con poder político.

«Antes éramos pocos», dijo Adán Rentería, de 54 años, padre de familia que vive en el oeste de Texas, donde se originó el brote de sarampión.

«Ahora mucha más gente está dispuesta a admitir que no apoya las vacunas. Cada vez hay más gente que se está uniendo».