Con la creciente preocupación por los efectos contaminantes del uso de combustibles fósiles de aviación, y el avance del calentamiento global como consecuencia de dicha fuente de contaminación atmosférica y las demás que provocan un efecto invernadero, existe un interés creciente en desarrollar biocombustibles capaces de reemplazar a los combustibles convencionales de aviación, algo que a priori no es fácil debido al mayor valor energético que debe tener todo combustible para aviación, en comparación con los utilizables por vehículos terrestres y acuáticos . A los biocombustibles se les considera neutros en ese balance de contaminación porque, a diferencia de los tradicionales que solo liberan gases contaminantes, los biocombustibles conllevan en su elaboración una extracción de tales contaminantes de la atmósfera que iguala a la contaminación que luego generarán al ser usados.
De entre los posibles biocombustibles candidatos a reemplazar a los convencionales que se usan para aviación, Los derivados del aceite de coco resultan especialmente atractivos, ya que poseen cadenas de ácidos grasos con longitudes similares a las de los hidrocarburos necesarios para todo combustible de aviación, lo que sugiere que a partir de aceite de coco podrían generarse combustibles de aviación eficaces con un procesamiento mínimo.
Ahora, mediante un nuevo proceso de elaboración, un equipo encabezado por Shinichiro Ogawa, de la Universidad Metropolitana de Osaka en Japón, ha creado un combustible a base de aceite de coco que puede añadirse al combustible de aviación sin disminuir su rendimiento.
El nuevo método de elaboración combina extractos de aceite de coco con acetona y alcohol. Este proceso permite producir el combustible a temperatura ambiente y presión normal, reduciendo con ello el consumo energético y garantizando su pureza durante la fabricación. Ogawa y sus colegas han creado dos biocombustibles que podrían añadirse a combustibles convencionales para aviones a reacción: FAME (ésteres metílicos de ácidos grasos, con metanol) y FAEE (ésteres etílicos de ácidos grasos, con etanol).
A fin de determinar cuál es la mezcla ideal, los investigadores variaron la proporción de FAME y FAEE con Jet A-1, un combustible de aviación convencional. El objetivo era encontrar la proporción óptima que equilibrara el consumo de combustible, la eficiencia térmica y las emisiones de gases de escape en un pequeño motor turborreactor.
Descubrieron que, a pesar del aumento en el consumo de combustible al incrementarse la proporción de biocombustible en la mezcla (probablemente debido a las diferencias en el poder calorífico de ambos combustibles), la eficiencia térmica se mantenía en un valor comparable al de la que tiene el Jet A-1.
Los experimentos demostraron que las nuevas mezclas pueden funcionar en motores de turbina de gas existentes sin una pérdida significativa de eficiencia ni de rendimiento, y sin aumentar las emisiones contaminantes.
Los resultados de esta investigación podrían ser especialmente importantes para los países asiáticos. En el sudeste asiático, aproximadamente el 30% de los cocos cosechados se desechan por no cumplir con los estándares comerciales. Esta gran cantidad de cocos desechados podría aprovecharse para elaborar biocombustibles.
Ogawa y sus colegas exponen los detalles técnicos de sus experimentos en la revista académica Fuel, bajo el título “Combustion and emission characteristics of aviation biofuel derived from coconut oil using the co-solvent method: toward eco-friendly micro jet engines”.
















