El proyecto desarrollado por Iván Avena Caro, estudiante de la Maestría en Ingeniería en Computación de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Autónoma de Chihuahua (UACH) busca mediante una fotografía tomada con un teléfono celular convertirse en una herramienta de apoyo para conocer con mayor precisión qué tan profunda es una quemadura.
El sistema no se limita a decir si una persona presenta una quemadura. Su objetivo es ir un paso más allá: localizar sobre la propia fotografía las zonas afectadas y distinguir entre lesiones de segundo y tercer grado, mostrando además el nivel de confianza de la predicción.
Detrás de esta propuesta tecnológica está un problema muy concreto en la atención médica. Determinar la profundidad y extensión de una quemadura es fundamental para decidir qué tratamiento necesita un paciente, pero actualmente buena parte de esa valoración depende de la observación y experiencia del personal de salud.
En lesiones complejas, o cuando el paciente está en un sitio donde no existe acceso inmediato a especialistas, realizar esa primera valoración puede convertirse en un reto. Por ello, la investigación busca que la tecnología funcione como una herramienta complementaria para quienes tienen la responsabilidad de atender estos casos.
El proyecto es dirigido por la doctora Graciela María de Jesús Ramírez Alonso y cuenta con la participación de investigadores de la UACH y especialistas vinculados con el Hospital General Dr. Salvador Zubirán Anchondo, entre ellos el doctor Norman A. Rendón Mejía y Carlos R. Cervantes-sánchez.
Para enseñar al sistema a reconocer las lesiones, el equipo construyó una base de datos con 712 imágenes clínicas de quemaduras de segundo y tercer grado. No se trató solamente de reunir fotografías: las áreas lesionadas fueron delimitadas hasta nivel de píxel y posteriormente revisadas por un especialista en el manejo de quemaduras, con la intención de que la información utilizada por la Inteligencia Artificial tuviera respaldo clínico.
Con estos datos desarrollaron modelos que combinan aprendizaje profundo, procesamiento digital de imágenes y visión por computadora. La diferencia frente a sistemas más sencillos es que la herramienta intenta identificar exactamente dónde está la lesión y qué zonas corresponden a cada grado de profundidad.
El resultado terminó convertido en una aplicación para teléfonos con sistema Android. El usuario puede tomar una fotografía directamente con la cámara o seleccionar una imagen almacenada en el dispositivo. Después, el sistema procesa la fotografía y coloca sobre ella las regiones que identifica como quemaduras de segundo o tercer grado.
Uno de los elementos que podría marcar diferencia en situaciones de emergencia es que el análisis no necesita realizarse en un servidor externo. El procesamiento de la Inteligencia Artificial ocurre directamente en el teléfono, por lo que la aplicación puede trabajar sin una conexión permanente a Internet.
Esto abre una posibilidad especialmente interesante para lugares donde la infraestructura médica especializada no siempre está al alcance. Un teléfono podría convertirse así en una herramienta adicional para hospitales, servicios de emergencia o unidades de atención primaria que necesiten realizar una primera valoración antes de determinar el siguiente paso para el paciente.
La aplicación también contempla otras funciones, como recomendaciones iniciales, generación de reportes y almacenamiento local de un historial de evaluaciones. Estas características podrían facilitar la documentación de las lesiones y, eventualmente, apoyar el seguimiento de un paciente.
Sin embargo, el proyecto todavía tiene camino por recorrer. Los investigadores contemplan incorporar una mayor variedad de imágenes y tipos de quemaduras, además de probar el sistema con información obtenida en otros centros clínicos. También buscan mejorar el funcionamiento de los modelos para que puedan utilizarse en una mayor diversidad de teléfonos.
La intención, explican, no es sustituir al personal médico, sino ofrecerle una herramienta que pueda aportar información durante la valoración inicial. La tecnología, en este caso, busca ponerse al servicio de una necesidad muy humana: saber rápidamente qué tan grave puede ser una lesión y ayudar a tomar decisiones oportunas.












