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sábado, mayo 9, 2026

Buscaba Papa rol pastoral, pero se topó con Trump

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Durante su primer año como pontífice, León XIV había intentado insistir en que su papel esencial era el de un pastor que acompaña a su rebaño. Las críticas continuas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ­–y las réplicas cada vez más audaces del Papa– complicaron ese esfuerzo y eclipsaron el aniversario de su elección el viernes.

León pasó la víspera de su primer aniversario como Papa reuniéndose con el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, que había acudido al Vaticano en una visita para limar asperezas. Los repetidos ataques de Trump contra el primer pontífice estadounidense de la historia provocaron un intercambio sin precedentes sobre la guerra con Irán que tensó las relaciones entre Washington y la Santa Sede.
Al final de la visita, tanto el Vaticano como el Departamento de Estado subrayaron sus fuertes lazos bilaterales. Pero el episodio sacó a León de su zona de confort y lo colocó en el escenario global para lanzar dardos como la de esta semana, después de la última tergiversación de Trump sobre sus opiniones. El Papa afirmó que “Si alguien quiere criticarme por anunciar el Evangelio, que lo haga con la verdad”.

Todo esto resulta un poco impropio de León, quien –según el mundo ha podido comprobar en este primer año– es, en el fondo, un sacerdote misionero del centro-norte de Estados Unidos, de 70 años, modales afables y, además, reservado. Le gusta jugar al tenis en solitario, cita de memoria al filósofo del siglo V San Agustín e insiste en que cuando llama a la paz sólo está citando la Biblia, como volvió a hacer el viernes al conmemorar su aniversario.
“Que el Dios de la paz derrame una abundancia desbordante de misericordia, tocando los corazones, calmando los rencores y el odio fratricida, e iluminando a quienes tienen responsabilidades especiales de gobierno”, dijo durante una homilía de aniversario en la antigua ciudad de Pompeya.
Más allá de la disputa Trump-León XIV, el religioso antes conocido como Robert Prevost no parece guiarse por los gestos dramáticos ni las tensiones mediáticas que a menudo impulsaban a su predecesor, el Papa Francisco. Más bien, parece inspirado por un celo sereno y persistente por predicar el Evangelio y –gracias a su espiritualidad agustiniana– hacer hincapié en la comunidad y la armonía.
Un año de aprendizaje y unificación

León XIV inició su improbable pontificado con la promesa de trabajar por la unidad en un mundo y una Iglesia polarizados, y un año más tarde, parece estar cumpliéndolo.
Tras los 12 años de pontificado revolucionario y a veces divisivo de Francisco, León ha aportado un bálsamo tranquilizador al Vaticano y a la Iglesia en general. Parece decidido a sanar las divisiones, incluso mientras surgen nuevas amenazas de cisma.
Ese ha sido el caso mientras enfrenta algunos de los desafíos más espinosos que tiene la Iglesia católica: tensiones entre tradicionalistas y progresistas, los problemas financieros de la Santa Sede y las crisis geopolíticas en el centro de la disonancia entre Trump y el Papa.
“Creo que el desafío que tiene el Santo Padre es fortalecer la unidad de la Iglesia”, manifestó el cardenal Wilton Gregory, natural de Chicago como León y arzobispo retirado de Washington. Aunque siempre ha habido divisiones, Gregory señaló que las redes sociales las han amplificado, y que León parece decidido a suavizarlas.

“Las comunicaciones sociales hacen posible que la gente tome partido, y a veces tomar partido aumenta la división con la que tenemos que lidiar y a la que el Santo Padre, como obispo de Roma, tiene que responder”, apuntó Gregory.
Ese pareció ser el modus operandi del pontífice cuando, a los pocos días de comerzar su reciente viaje a África, apaciguó temporalmente las embestidas de Trump al declarar, en esencia, que estaba por encima de las diatribas del presidente en las redes sociales. Mientras insistía en que seguiría predicando el mensaje evangélico de paz, León afirmó que “no me interesa en absoluto” debatir con Trump.