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jueves, octubre 1, 2026

Cómo se analizan las bacterias Gram positivas y Gram negativas en el laboratorio

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Cuando se habla de bacterias, mucha gente piensa directamente en infecciones o enfermedades. Sin embargo, para quienes trabajan en microbiología, una bacteria es ante todo una muestra que hay que identificar. Y ese proceso, aunque hoy esté apoyado por equipos cada vez más avanzados, sigue comenzando por pasos bastante clásicos.

 

Uno de los primeros consiste en averiguar si la bacteria pertenece al grupo de las Gram positivas o al de las Gram negativas. Parece una diferencia puramente técnica, pero en realidad aporta información muy valiosa desde el principio. Para llegar a esa conclusión se emplean herramientas habituales en cualquier laboratorio, como los medios de cultivo, tinciones y placas de Pidiscat, junto con otros materiales y procedimientos que permiten estudiar el microorganismo con mayor detalle.

 

El primer paso consiste en cultivar las bacterias

 

Antes de sacar conclusiones hay algo básico que hacer, conseguir que las bacterias crezcan. Dicho así parece sencillo, aunque no siempre lo es. Cada especie tiene sus preferencias y algunas son bastante más exigentes que otras. Por eso existen distintos medios de cultivo. Algunos sirven para una gran cantidad de microorganismos, mientras que otros están preparados para favorecer el crecimiento de grupos concretos. La elección depende de lo que se esté buscando y también del origen de la muestra.

 

Y es que una bacteria puede aparecer prácticamente en cualquier sitio. En una muestra clínica, en un alimento, en agua, en una superficie industrial o incluso en el aire de determinadas instalaciones. Una vez sembrada la muestra, toca esperar. Durante la incubación las bacterias se multiplican y, si las condiciones son adecuadas, terminan formando colonias visibles.

 

A menudo esas colonias ya cuentan parte de la historia. Hay algunas que presentan un aspecto brillante, otras son más rugosas, otras destacan por su coloración. Ninguna de estas características basta para identificar una especie por sí sola, pero ayudan a orientar los siguientes pasos.

 

La tinción de Gram sigue siendo una herramienta esencial

 

Aunque la microbiología ha evolucionado muchísimo, la tinción de Gram continúa siendo una de esas técnicas que se resisten a pasar de moda debido a que ofrece información útil en muy poco tiempo.

 

El procedimiento consiste en aplicar varios reactivos sobre una preparación microscópica. Después de completar el proceso, las bacterias Gram positivas suelen verse de color violeta, mientras que las Gram negativas adquieren tonos rosados o rojizos.

 

Detrás de esa diferencia hay una explicación biológica relacionada con la estructura de la pared celular, pero para el microbiólogo lo importante es que el resultado permite clasificar rápidamente el microorganismo dentro de uno de los dos grandes grupos.

 

El microscopio, además, revela otros detalles interesantes. Algunas bacterias aparecen agrupadas en cadenas, otras forman racimos y otras tienen forma alargada. Son observaciones que, combinadas con la tinción, ayudan a construir una primera imagen bastante aproximada de lo que se está analizando.

 

Detrás de cada resultado de laboratorio suele haber horas de observación, cultivo y análisis. Y aunque muchas técnicas modernas permiten acelerar el trabajo, los métodos clásicos siguen siendo una pieza fundamental para comprender qué bacterias están presentes en una muestra y cómo se comportan.