Desde el lanzamiento al espacio del satélite astronómico Einstein en enero de 2024, se han descubierto cientos de estallidos de rayos X provenientes de galaxias distantes. Algunos de estos estallidos han sido relacionados con la muerte de estrellas masivas, pero otros han venido careciendo de explicación. Al desconocer su distancia y la energía que liberan, resulta difícil determinar qué los produjo.
Unos astrónomos han logrado ahora identificar la fuente de uno de estos estallidos exóticos de rayos X.
El logro es obra de un equipo integrado, entre otros, por Eleonora Troja y Niccolò Passaleva, de la Universidad de Roma Tor Vergata en Italia, y An Li, de la Universidad Pedagógica de Pekín en China.
Tras una alerta del satélite Einstein, el equipo organizó rápidamente observaciones con otros telescopios, incluyendo el VLT (Very Large Telescope) del Observatorio Europeo Austral (ESO) y el VLA (Very Large Array) de Estados Unidos, para estudiar las consecuencias de la explosión.
Troja y sus colegas creen haber presenciado el nacimiento de un magnetar producido por la colisión e inmediata fusión entre dos estrellas de neutrones.
Las estrellas de neutrones son los cadáveres estelares ultradensos que quedan cuando algunas estrellas masivas llegan al final de su vida. Cuando dos estrellas de neutrones colisionan, generan ondas gravitacionales que se propagan por el espacio.
Estudiando la radiación de estos eventos es factible deducir las características del cuerpo resultante de la fusión. Los estallidos de rayos gamma de corta duración han sido durante mucho tiempo el principal indicador de estas colisiones con fusión. Sin embargo, si el fruto de la colisión es un magnetar, la emisión intensa de radiación puede proseguir durante más tiempo. Los magnetares son estrellas de neutrones que giran rápidamente sobre sí mismas y poseen tremendos campos magnéticos. Al ejercer su poder magnético en su entorno, pueden hacer que cualquier estallido de radiación sea más brillante y duradero.
El evento estudiado, conocido como EP250704a / GRB 250704B, fue descubierto el 4 de julio de 2025 por el satélite Einstein y otros observatorios. Su estallido de rayos gamma duró aproximadamente medio segundo, mientras que el satélite Einstein registró una intensa radiación de rayos X durante casi diez minutos.
El equipo llevaba varios años buscando una conexión entre estos estallidos de rayos X y las fusiones de estrellas de neutrones, pero los candidatos anteriores se desvanecieron antes de ofrecer una respuesta concluyente. En esta ocasión, el equipo reaccionó en cuestión de minutos y dio comienzo a las observaciones mientras la luz de la explosión aún era lo suficientemente intensa como para estudiarla en detalle.
Los autores del estudio constataron que la explosión había ocurrido mucho antes de que se formaran nuestro Sol y sus planetas, y que la luz del estallido había viajado durante más de seis mil millones de años antes de llegar hasta nosotros.
A continuación, el equipo utilizó imágenes de gran profundidad obtenidas con el instrumento FORS2 del VLT para buscar una supernova brillante (la estrella en explosión que se espera acompañe a un destello de rayos X de larga duración provocado por el colapso de una estrella masiva), pero no se detectó ninguna. La medición de la distancia, la ausencia de supernova y las características del estallido aportaron, en conjunto, pruebas sólidas de que se trataba de una fusión entre estrellas de neutrones.
El estudio se titula “Minutes-long soft X-ray prompt emission from a compact object merger”. Y se ha publicado en la revista académica Science Bulletin.
















