Muchas mujeres confían en los programas que prometen ayudar a encontrar su media naranja, como le pasó a Cheryl Bradshaw en 1978, cuando asistió al reality estadunidense The Dating Game y ganó una cita con Rodney Alcala, un tipo que terminó revelándose como un peligroso agresor y uno de los hombres más buscados por el FBI.
Anna Kendrick encontró en ese pasaje oscuro de la televisión de Estados Unidos una historia para explicar los peligros que corren las mujeres al interactuar con hombres en el mundo real y, por supuesto, la oportunidad para debutar como directora.
El asesino del juego de citas ya está disponible en cartelera y forma parte de las espeluznantes opciones para todos los amantes de la spooky season, los maratones de horror y true crimes.
La realizadora explicó en una entrevista proporcionada por Diamond Films la importancia de tener un enfoque sensible a la hora de retratar violencia hacia la mujer.
Las cosas bellas debían ser bellas y las horribles así debían de quedarse. La violencia en la película rara vez es literal o explícita. Quería alejarme de ella sin desinfectarla, porque es incómoda y no debe ser fácil de ver, y siento que sugerirla genera un impacto mayor.
Aunque no estoy interesada en la violencia, sí en la forma en la que la gente intenta sobrevivir a individuos y sistemas peligrosos”, explicó.
Tal cual como se explicó al inicio, el filme narra el encuentro televisivo entre Cheryl (Kendrick) y Rodney (Daniel Zovatto), un tipo que en ese momento ya era responsable de cinco feminicidios.
Kendrick agregó que para ella fue importante tener resonancia emocional antes de perpetuar y plasmar el acto violento, porque “las escenas tratan sobre el riesgo de la aniquilación al que nos exponemos a través de la intimidad y versan más sobre la vergüenza, de asumir esta posición para que no nos hagan daño y cuáles serían las consecuencias si no lo hacemos”.
El guionista Ian McDonald fue el encargado de canalizar los deseos de Kendrick para no hacer una película que revictimiza, sino que profundiza en los sentimientos y el comportamiento de ambas partes.
Curiosamente, aunque Anna no está interesada en la violencia, creció en Maine, la tierra maldita donde nació el maestro del horror Stephen King.
Las películas de asesinos en serie, como las de guerra, suelen idealizar lo que pretenden criticar. Quería tratar a las personas asesinadas por Rodney con dignidad. Reconocer su papel fundamental en el caso y, al mismo tiempo, sugerir que tenían vidas más amplias y dinámicas fuera de la historia, sin limitarlas a meras víctimas”, contó McDonald.
“QUERÍA SER DIOS”
Para proyectar todo eso necesitaba una imagen que transmitiera las dudas y temores que la verdadera Cheryl sintió al conocer a su potencial media naranja. Mientras veía la miniserie Estación once encontró a Zovatto y terminó siendo la elección necesaria para proyectar lo siniestro y vulnerable que era el verdadero Alcala.
El costarricense tenía la construcción de Rodney en sus manos, así que puso manos a la obra. En su investigación descubrió que era un tipo normal y que había tenido una infancia común y corriente en comparación de otros asesinos seriales que suelen tener actitudes violentas desencadenadas por una familia disfuncional o un evento traumático.
En el caso de Rodney, cometió delitos durante muchos, muchos años antes de que lo atraparan, pero la investigación demostró que tuvo una infancia normal. Nadie pensaba que iba a seguir ese camino. Fue un shock para todos.
Su objetivo era sentir poder. Quiere ser lo más parecido a Dios. Quiere ser el hombre y lo demostró matando a algunas de sus víctimas. Y eso fue sumamente perturbador para mí porque lo que creó fue una libertad para permitirme ser carismático y seductor y atraer a una mujer”, compartió el actor de 33 años.
Sin embargo, los perfiles realizados al momento de su detención arrojaron que Rodney, su madre y hermanos fueron abandonados por el papá tres años después de que se mudaron a México. Situación que habría pasado por alto. Antes de ser asesino era un niño prodigio en la escuela, hasta que ingresó al ejército de Estados Unidos.
Ahí comenzaron sus episodios violentos derivados de una serie de desórdenes diagnosticados: trastorno de personalidad antisocial, psicópata, narcisista y manipuladora, además de un profundo deseo sexual masoquista.
















