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martes, abril 21, 2026



*El negocio del quinquenio

* Anaya otra vez hombre malo

* Aceptación tardía de Madero

* Estropicios de Manuel Arias

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A través de una empresa llamada Atlatec, algunos de los apellidos más rancios de Chihuahua como Elías, Madero y otros igualmente conocidos estuvieron recibiendo, durante 18 años, una cantidad de 15 millones de pesos mensuales de la Junta Central de Agua. Era la contraprestación a cambio de una inversión de 300 millones para construir la planta norte, tratadora de aguas residuales, y la respectiva operación en dicho periodo.

El contrato con gobierno, más de tres mil doscientos millones de pesos en los 18 años, lo firmaron muy avanzado el sexenio de Francisco Barrio y lo respetaron Patricio Martínez, Reyes Baeza y César Duarte, a quién correspondió liquidarlo poco antes de entregar la administración.

Como apunte al margen es pertinente recordar que concluida la concesión, los inversionistas liquidaron la empresa Atlatec y a otra cosa mariposa. Ya había cumplido los fines económicos para los que fue creada.

Hoy surge, nuevamente en un gobierno del PAN, la idea de abrir inversión privada a la operación de las plantas tratadoras de agua, pues alegan que necesitan mejorar el mantenimiento pero –constante en el Nuevo Amanecer- falta dinero, por eso recurren a la inversión privada.

Preguntas impertinentes: ¿A quién o quienes –con su nombre y apellido- concesionarán la operación? ¿Durante cuanto tiempo estará en vigencia? ¿Cuánto pagará la JCAS por el litro de agua tratada? En otras palabras de qué tamaño es el negocio y quienes los beneficiarios.

Una recomendación utópica: si han decidido abrir el negocio sería bueno, por ejemplo, que de una vez hagan la inversión para el cuarto tratamiento, es decir llevar al producto final al grado de potable como las plantas modernas.

La tecnología para potabilizar aguas negras existe y está muy difundida, atrévanse a dar el siguiente paso y al menos así se la pondrían un poco más difícil a los inversionistas. Si tanto amor tienen por Chihuahua que dejen algo en su beneficio. Mínimo

Cuando Javier Corral compitió por la dirigencia del PAN, a mediados del 2015, puso a Ricardo Anaya entre quienes se les “hinchan las manos aplaudiendo a Peña”, los corruptos que, con un lenguaje “absolutamente críptico”, pedían dinero a Miguel Ángel Yunes y se ponían al lado de las causas más despreciables de la política.

Tres años más tarde, siendo candidato a la presidencia, Corral se convenció de que las explicaciones de Anaya sobre el lavado de dinero eran sinceras y, sin hacer preguntas apoyó su proyecto por “ser un político honesto” que sufre una feroz persecución del gobierno federal, a través de la PGR. Lo dijo en varios momentos.

De panista indigno, aplaudidor del régimen y corrupto, Javier Corral elevó al entonces candidato del PAN a la categoría de honesto militante que sufre una injusta persecución y se puso al frente de la campaña, acompañándolo hasta el último minuto.

Ayer Ricardo Anaya fue regresado, otra vez, al cajón de los “hombres malos” de la política. Ahí lo pusieron Javier Corral y Gustavo Madero tras el albazo de Damián Zepeda, autoimponiéndose en la coordinación de los senadores. No soportaron el abuso e iniciaron la semana enviando twitter para desacreditarlo.

“Es triste reconocer que quienes más criticaron a Ricardo Anaya acabaron teniendo razón… y que quienes lo apoyamos perdimos y nos equivocamos”, twitteó Madero. Corral lo corrigió minutos después con otro dardo dirigido a su antiguo aliado: “lo verdaderamente triste es la falta de comprensión del momento, la ausencia de aprecio por la institución que tanto apoyo le brindó; seguir con los intereses personal y de grupo por encima de todo, en éste momento tan duro para Acción Nacional es insensibilidad y abuso”, replicó.

Es la personalidad de Corral, si estás con él eres bueno, estás contra él eres malo, así en el sentido más maniqueo. Sin embargo esta vez tiene razón, el PAN está hecho girones y sigue consumiéndose aceleradamente.

Con unos PRI y PRD desapareciendo y el espacio abierto para convertirse en la fuerza opositora dominante, el PAN desaprovecha la oportunidad de reinventarse al estar secuestrado por una minoría ruin de jóvenes mezquinos y oportunistas que obedecen a Ricardo Anaya.

Pero así están muchos de sus liderazgos, el propio gobernador que presume de solvencia moral y política suele contradecirse en bandazos acusadores o indulgentes según la coyuntura del momento. Sus constantes contradicciones le restan credibilidad.

Son las consecuencias de apoyar públicamente a un corrupto como Anaya, pensando en el errado cálculo de que podía ser presidente de México. Como dice Madero, es triste reconocer que se equivocaron. Muy tarde, senador, en eso hubiesen pensado cuando se les hinchaban las manos de tanto aplaudirlo.

Al interior de los Servicios Educativos del Estado de Chihuahua, lo que llamaban el sistema federalizado, crece una sorda inconformidad por el manejo de plazas que, discrecionalmente, realiza el director del sistema, Manuel Arias.

El caso ha sido ventilado en espacios informativos de la ciudad de México, donde dan cuenta de una carta de inconformidad presentada por jóvenes maestros ninguneados, quienes reclaman a Corral que los haya olvidado siendo que votaron por él. Son cientos éstos casos, no tardan en reventar la hebra.

El profesor Arias ha sido un constate problema en Educación, el hombre se conduce cual absoluto, como si le hubiesen entregado un feudo en lugar de una oficina pública.

Por desgracia buena parte del problema es en razón del desconocimiento y falta de interés que tiene Pablo Cuarón, distraído Secretario del ramo, quién sólo atiende el asunto de las plazas cuando hacen crisis, al inicio de cada ciclo, y eso a medias. Como si el problema fuese de números, no de personas.

Otro tema más entre los pendientes del gobernador Corral antes de que concluya el segundo año, aunque tampoco muestran interés en atenderlo pues mientras no se viralice, para ellos es como si no existiera. Falta poco, la inconformidad sigue creciendo.