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martes, agosto 11, 2026

Investigan las ondas de radio que emite TRAPPIST-1 en busca de tecnofirmas extraterrestres

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El sistema TRAPPIST-1 contiene al menos siete planetas del tamaño de la Tierra y algunos de ellos se encuentran en la zona habitable de su estrella madre. En estos cuerpos, las temperaturas no son tan frías como para mantener el agua congelada perpetuamente ni tan calientes como para evaporarla. Aquella región en el espacio a 41 años luz de distancia es una de las más prometedoras para buscar rastros de vida o de planetas potencialmente habitables.

Astro biólogos y físicos se mantienen escépticos sobre las probabilidades de vida en TRAPPIST-1. En cambio, las organizaciones que se dedican exclusivamente a buscar civilizaciones inteligentes son entusiastas del sistema planetario y emplean grandes recursos en investigarlo. La última gran investigación sobre tecnología extraterrestre en TRAPPIST-1 fue realizada por el Instituto SETI (Search for Extraterrestrial Intelligence). La organización es considerada una de las más serias en su tipo e investiga el fenómeno extraterrestre desde un enfoque científico.

El Instituto SETI empleó las potentes capacidades del Allen Telescope Array (ATA) para analizar señales de radio provenientes de dos planetas del sistema TRAPPIST-1. Durante 28 horas, escanearon las ondas de los planetas análogos a la Tierra y filtraron millones de señales hasta seleccionar 11,000 candidatas sospechosas. Hasta ahora, esta es la investigación más extensa sobre el radioespectro en TRAPPIST-1.

Las esferas de Dyson son el grial en la búsqueda de civilizaciones extraterrestres y un estudio ya propone candidatas
Siete estrellas que presentan características asociadas a las esferas de Dyson, dispositivos que permitirían a civilizaciones extraterrestre obtener energía de su sol.

La experiencia humana ha demostrado que la tecnología de comunicaciones más básica utiliza ondas de radio para emitir información. El uso de este espectro electromagnético permite transferir datos a grandes distancias por el espacio sin ser absorbidas o dispersadas y se requiere muy poca energía para ello. En teoría, cualquier civilización con la misma capacidad tecnológica o superior a la de los seres humanos emitiría «ruido» que puede ser identificado por radiotelescopios en la Tierra.