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domingo, julio 26, 2026

La búsqueda de la obra maestra perdida de Van Gogh

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Cuando cayó el martillo en la casa de subastas Christie’s de Manhattan el 15 de mayo de 1990, un cuadro de Vincent van Gogh, Retrato del doctor Gachet, impuso en su momento el récord de la obra de arte más cara jamás vendida en una subasta, quedando en manos de un magnate japonés del papel por 82,5 millones de dólares.

Pintado en el jardín del médico del artista en junio de 1890, fue terminado apenas unas semanas antes del suicidio de van Gogh por arma de fuego. La sensación de melancolía que irradia el médico transmite, escribió Van Gogh a su amigo Paul Gauguin, la “expresión desconsolada de nuestro tiempo”. Considerada una de sus obras maestras, ahora podría valer 300 millones de dólares o más, según los expertos.

Durante gran parte del siglo XX, Retrato del doctor Gachet ocupó un lugar destacado en el Museo Städel de Fráncfort y en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, al que fue prestado por un coleccionista privado antes de la venta de 1990.

Sin embargo, desde aquel día en Christie’s prácticamente ha desaparecido. Su paradero se ha convertido en uno de los mayores misterios del mundo del arte.

Los curadores que organizan exposiciones sobre Van Gogh se han rendido en su intento por encontrarlo. El Museo Städel, donde estuvo colgado, encargó todo un pódcast para averiguar su paradero.

La última vez que el cuadro se expuso públicamente fue en la venta de Christie’s de 1990
Investigadores de arte han confirmado lo siguiente con el paso de los años: que el comprador japonés de 1990 poco tiempo después fue desbaratado por el escándalo y sancionado penalmente, y murió. Su colección fue vendida por un banco y el cuadro fue adquirido por un financiero austriaco que pronto se dio cuenta de que tampoco él podía permitirse conservarlo.

En 1998, el Van Gogh se vendió en privado a un comprador no revelado. Desde entonces, el rastro se ha enfriado.

Aunque el mercado del arte prospera gracias al secretismo y protege la privacidad como una cuestión de honor, también emplea a personas cuya misión es recopilar información fiable sobre quién posee qué. Algunos son representantes de casas de subastas, otros asesores de arte o anticuarios que han hecho de un género concreto su nicho especial.

Durante meses, los reporteros de The New York Times han buscado al pequeño grupo de personas implicadas en la venta de 1998 y al cuerpo más amplio de expertos que rastrean este tipo de compras. Su esfuerzo por encontrar la pintura —una misión emprendida a lo largo de los años por muchos otros— se extendió desde las casas de subastas y galerías de Nueva York hasta una villa suiza de cuento de hadas junto al lago de Lugano.

Muchos de los expertos que encontraron por el camino no tenían ni idea de lo que le había ocurrido al cuadro. Cuatro conocedores del mundo del arte dijeron que sospechaban que estaba en manos de una familia europea reservada y muy rica. Todos tenían una opinión sobre la cuestión central que impulsa una búsqueda de este tipo: ¿Tienen las familias coleccionistas alguna responsabilidad a la hora de compartir obras de arte emblemáticas con el público en general?

La cuestión ha adquirido mayor relevancia a medida que se hace más evidente que la mayoría de los museos ya no pueden ofrecer más que los coleccionistas multimillonarios por las obras de arte más importantes. Pocos cuadros dejan más claro este punto que el retrato de Gachet, una obra expuesta al público durante mucho tiempo que ahora ha desaparecido en la casa privada de alguien, o en un almacén climatizado.

Para muchos en el mundo del arte, una obra así no es solo una expresión creativa, sino parte de una industria que sobrevive gracias al interés y a los profundos bolsillos de coleccionistas que pueden, o no, decidir compartir su obra.

“La gente tiene permitido poseer cosas en privado”, dijo Michael Findlay, quien participó como especialista de Christie’s en la venta en subasta del cuadro en 1990. “¿Le pertenece a todo el mundo? No”.

Pero la pérdida es palpable para personas como Cynthia Saltzman, autora del libro de 1998 Portrait of Dr. Gachet.

Ella veía regularmente el cuadro en el Met. Esperaba, incluso después de su venta privada, que el cuadro apareciera de vez en cuando en alguna exposición o subasta.