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martes, julio 28, 2026

La galaxia del Madrid; un equipo inalcanzable

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Cuando se trata de la Champions League, el Madrid ha puesto una galaxia de distancia con respecto a los demás equipos.

Habita ahí, en un cosmos en el que tiene el pleno dominio creador de las cosas. Es como si el Madrid decidiera qué y cómo  funciona en la Champions.

La ganó desde sus orígenes, seis veces, con Paco Gento, el histórico cantábrico que en blanco y negro y oliendo a puro, puso las copas de Europa en la vitrina y luego mucho tiempo se exilió de su propio torneo.

Con amuleto en mano volvió  desde 1998, luego en 2000 y 2002 para después volver a ser ese equipo vikingo de la década de los 50 con seis títulos en la última década.

 

En Wembley volvió a aplicar su fórmula, la que codician los demás y no pueden tener. Un Madrid que se arropó contra las cuerdas y permitió que el Dortmund lo avasallara con aproximaciones, pero volvió a poner de rodillas a su rival que lo reverenció con un par de tantos tan castigadores como magnánimos.

Un camino extraño el del Madrid, que aceptó el sufrimiento, porque el Dortmund, digno y cabal, lo puso fuera de la lógica y sin embargo, en un parpadeo, hizo volar todo por los aires y era como si nunca hubiera sufrido, como si en su galaxia el drama fuera parte de su diversión.

Se soltó el Madrid como una fiera que ha vivido en cautiverio, primero timida, luego convencida, al final feroz. Anotó en un tiro de esquina Dani Carvajal y el desconcierto fue notable en el Dortmund.

 

Al contrario, Nacho, Toni Kroos y Luka Modric, protagonistas repetitivos en esa clase de juegos, sabían que la sexta estaba a su alcance, como si fueran Paco Gento hace 70 años. Para Carvajal aún más especial, pues ha sido titular en sus seis copas.

El gol de Carvajal agitó al Madrid que se desbordó contra un equipo alemán abatido, desorientado por el gran escenario en el que sólo domina el Madrid como un primer actor.

Obligaron al error del neerlandés Ian Maatsen que entregó el esférico  a Jude Bellingham sólo para ponerlo en una bandeja a Vinicius y quien aún golpeando mal, la mandó al fondo.

Otra vez, desde lo ílógico, el Madrid a su modo, puso al futbol en la forma más racional, en esa galaxia en la que es Dios, en la que decide cuando y cómo triunfar sin necesitar más esfuerzos ni reproches.

Así gana el Madrid, en Wembley, en el planeta Tierra y en su galaxia particular, la Champions.