La nave de rescate LINK de la empresa Katalyst Space, que fue lanzada al espacio el 3 de julio pasado con la misión de viajar hasta el observatorio espacial Swift de la NASA y evitar su caída a la Tierra, afronta un desafío mayor que el que le fue encomendado. A fines de julio, la LINK sufrió un fallo en dos de sus tres ruedas de reacción. Esto y otros problemas desembocaron en el giro descontrolado de la nave sobre sí misma.
El equipo de Katalyst encargado de la misión envió una serie de órdenes a la LINK, haciendo que, a lo largo de diversos días, uno de los propulsores iónicos de la nave redujese paulatinamente la velocidad de rotación de la nave.
LINK giraba a aproximadamente 9 grados por segundo cuando comenzaron las operaciones de estabilización. Desde entonces, el equipo ha reducido la velocidad de rotación de la nave a 1,47 grados por segundo, valor en el que se mantendrá mientras desde el centro de control en la Tierra se hacen los preparativos para la siguiente fase de la misión.
El equipo utilizó uno de los propulsores iónicos de la LINK para frenar la nave, consumiendo menos de 100 gramos de propergol, y consiguiendo así conservar combustible suficiente para el trayecto hasta el Swift y para la labor de elevar la órbita de este observatorio espacial.
En los próximos días, los ingenieros de Katalyst encargados de la misión transmitirán a la nave una importante actualización del software de vuelo que incluye un nuevo sistema de control de posición, expresamente diseñado para la configuración actual de la LINK. Esto restablecerá la capacidad de control de posición y permitirá al equipo ordenar a la nave la ejecución las maniobras necesarias para alinear la órbita de la LINK con la de Swift.
La misión de la LINK ya iba contrarreloj. Ahora, se añaden más obstáculos a la aventura de evitar la reentrada a la atmósfera del observatorio espacial Swift de la NASA, algo que, si nada lo impide, ocurrirá dentro de pocos meses.
En septiembre de 2025, la NASA contrató a la empresa Katalyst Space para que intentase salvar a la Swift. La compañía disponía de menos de un año para diseñar, construir, probar y lanzar al espacio su nave espacial robótica de ayuda, la LINK, y para que esta se reuniera con la Swift y la devolviera a una órbita lo bastante estable. Pese al escaso plazo, Katalyst Space logró preparar la nave a tiempo y esta fue lanzada al espacio el 3 de julio.
LINK debe aproximarse a Swift e inspeccionar el estado de este observatorio espacial. Luego debería afianzarse a él y comenzar a elevar paulatinamente su órbita, tarea, esta última, que requiere varios meses.
El satélite astronómico Swift, puesto en órbita en 2004, estudia los estallidos de rayos gamma (las explosiones más potentes del universo actual) y otros objetos astronómicos y fenómenos cósmicos. Swift alberga varios telescopios que efectúan observaciones en luz visible, ultravioleta, rayos X y rayos gamma.
Todas las naves espaciales en órbita terrestre baja experimentan una cierta resistencia al avance provocada por el aire de la parte alta de la atmósfera de nuestro planeta. Aunque ese aire es muy escaso, su débil efecto de frenado es capaz de reducir poco a poco la altitud a la que orbita la nave. Si esta no cuenta con capacidad de propulsión para mantener su órbita, el progresivo descenso sitúa la nave ante una creciente densidad del aire hasta que todo se precipita y la nave cae de manera rápida e incontrolada. Un reciente aumento de la actividad solar amplificó este efecto para Swift, que comenzó a descender más rápido de lo previsto y sin posibilidad de compensarlo por sus propios medios.
La LINK podría alcanzar a Swift hacia finales de agosto y completar su misión, siempre y cuando no surjan contratiempos que recorten aún más el tiempo disponible.
















