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jueves, julio 23, 2026

Los efectos de las tormentas solares en la Tierra pueden llegar a ser peores de lo creído

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Desde hace décadas, el consenso científico sobre la intensidad con la que la Tierra reacciona a las tormentas solares ha sido que dicha intensidad tiene un límite superior. Sin embargo, un nuevo y alarmante estudio sugiere que este límite superior es una ilusión. Si, tal como parece, dicho límite no existe, ello significa que las tormentas solares podrían tener efectos mucho peores en nuestra vida cotidiana de lo que se pensaba.

El Sol arroja constantemente material solar al espacio, tanto en un flujo constante conocido como «viento solar» como en ráfagas más cortas, profusas y energéticas, a partir de erupciones solares. Cuando este material solar choca con el entorno magnético de la Tierra (su magnetosfera), a veces crea las llamadas tormentas geomagnéticas. Los efectos de estas tormentas geomagnéticas pueden ser desde leves a extremos, pero en un mundo cada vez más dependiente de la tecnología, tales efectos son cada vez más perjudiciales.

Por ejemplo, una tormenta solar particularmente intensa en 1989 provocó apagones eléctricos en todo Quebec durante 12 horas, dejando a oscuras a millones de canadienses y obligando a cerrar empresas, escuelas y otras entidades. La tormenta solar más intensa registrada, el evento Carrington de 1859, provocó incendios en estaciones telegráficas e impidió el envío de mensajes. Si el evento Carrington se produjera hoy, tendría consecuencias todavía más graves, como cortes muy largos en el suministro de electricidad y en las comunicaciones. Este caos tecnológico podría paralizar las economías y poner en peligro la seguridad de muchas personas.

Hasta ahora, se creía que la intensidad de esas tormentas geomagnéticas aumentaba con la fuerza de la actividad solar, pero solo hasta cierto punto.

Sin embargo, en el citado estudio reciente, a cargo de un equipo encabezado por Nithin Sivadas, del Centro Goddard de Vuelos Espaciales de la NASA en Estados Unidos, se ha determinado que este límite aparente es simplemente un efecto de las incertidumbres en las mediciones del viento solar.

El problema radica en que la mayoría de las mediciones sistemáticas del viento solar se realizan desde naves espaciales ubicadas aproximadamente un millón y medio de kilómetros más cerca del Sol de lo que lo está la Tierra. A grandes rasgos, relacionar la intensidad medida a esa distancia con los efectos registrados en el escudo magnético de la Tierra hace que parezca que la influencia de la actividad solar en la Tierra es menor de lo que realmente es.

El equipo analizó datos de más de un millón de mediciones del viento solar efectuadas por naves espaciales de la NASA mucho más cercanas a la Tierra, como MMS y THEMIS. A diferencia de las mediciones realizadas a mayor distancia de la Tierra, estas mostraron una relación directa entre la intensidad del viento solar y efectos en la magnetosfera terrestre, lo que sugiere que no existe ese límite superior en la intensidad con la que la Tierra reacciona a las tormentas solares.

Este hallazgo pone en entredicho creencias a las que se consideraba incuestionables. A fin de salir de dudas, habrá que efectuar más observaciones de vientos solares intensos para determinar si la respuesta de la Tierra realmente tiene un límite superior y de qué magnitud es.