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lunes, octubre 5, 2026

Lula y Flávio Bolsonaro irán a segunda vuelta por la presidencia de Brasil

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La reñida contienda presidencial de Brasil se vio forzada a una segunda vuelta el domingo, según autoridades electorales. El contrincante de derecha lideraba por delante del actual presidente de izquierda en unas elecciones que podrían tener consecuencias de gran alcance mucho más allá del país.

El contrincante, Flávio Bolsonaro, recibió el 47,3 por ciento de los votos, frente al 44,8 por ciento del presidente Luiz Inácio Lula da Silva. Con más del 95 por ciento de los votos escrutados, ninguno alcanzó el 50 por ciento necesario para una victoria directa.

Los dos candidatos se enfrentarán cara a cara en una segunda vuelta el 25 de octubre. Pero Bolsonaro, hijo de un expresidente encarcelado por intentar un golpe de Estado tras perder las últimas elecciones, parecía acercarse a su objetivo.

Si Bolsonaro desbanca a Lula en la segunda vuelta, marcará la mayor victoria hasta ahora para una derecha en ascenso en América Latina. También llevará al poder a un aliado entusiasta del gobierno del presidente Donald Trump, que ha señalado su disposición a ayudar a Washington a avanzar en su objetivo de dominio en la región.

Candidatos alineados con Trump en temas como el combate a las bandas del narcotráfico y la “ideología woke” han ganado las últimas siete elecciones en la región, siendo Brasil el mayor premio restante.

Si Lula logra recuperarse del revés del domingo, podría ser visto como un repudio a la derecha latinoamericana. Cuando menos, una victoria de Lula frenaría la espectacular marcha de la derecha por el continente y complicaría los planes de Trump.

A medida que muchos otros líderes latinoamericanos se alinean, Lula ha desafiado repetidamente a Trump, advirtiéndole que no se entrometa en los asuntos de su país.

Durante meses, hubo grandes expectativas de que Trump, quien ha intervenido en otras elecciones regionales, intentara influir en el voto brasileño. Si bien no respaldó a Bolsonaro, su gobierno sí trabajó para impulsarlo de maneras más sutiles.

A pocas semanas de la segunda vuelta, Lula y Bolsonaro deben apresurarse ahora para captar millones de votos más. La clave para ello será el 8 por ciento aproximado de electores que respaldó a una variedad de otros candidatos el domingo. Esos candidatos obtuvieron solo un apoyo de un solo dígito.

Los analistas esperan que una mayoría de esos electores, la mayor parte de los cuales respaldó a candidatos de terceros partidos en la derecha del espectro político, ahora traslade su apoyo a Bolsonaro.

Si Lula tiene alguna posibilidad de darle la vuelta a la contienda, tendrá que persuadir a algunos de los millones de electores que se quedaron en casa o anularon su voto para que le den su apoyo. En Brasil, donde el voto es obligatorio para la mayoría de las personas entre los 18 y los 70 años, alrededor del 20 por ciento de los electores decidió abstenerse de votar el domingo.

Lula contra Bolsonaro 2.0

La opción ante los electores brasileños es conocida: Lula enfrentado a un Bolsonaro.

Lula ha enmarcado su candidatura como un voto por la democracia y la única manera de impedir el regreso de la familia Bolsonaro al poder, cuatro años después de que el mayor de los Bolsonaro intentó aferrarse al cargo tras perder las últimas elecciones.

Flávio Bolsonaro ha dicho que, de ser elegido, buscará la amnistía para su padre y para los alborotadores de derecha que recibieron sentencias de cárcel por irrumpir en edificios gubernamentales en enero de 2023, en un episodio que recuerda al ataque al Capitolio de Estados Unidos. Su padre fue condenado a 27 años de prisión.

Prometiendo venganza contra las instituciones que condenaron a su padre, Bolsonaro también ha jurado iniciar un juicio político contra los magistrados del Supremo Tribunal Federal y reformar el poder judicial, al que su movimiento acusa de censurar las voces conservadoras. Ante un escándalo de corrupción que aqueja al tribunal, el mensaje de Bolsonaro pareció haber resonado en algunos electores desilusionados con la institución.

Al mismo tiempo, los propios vínculos de Bolsonaro con ese escándalo de fraude multimillonario han mermado el entusiasmo en torno a su candidatura. Fue puesto bajo investigación tras recaudar millones de dólares para una película biográfica sobre su padre, fondos provenientes de un banquero caído en desgracia que está en el centro del escándalo.

El próximo presidente tendrá poderes inusualmente amplios para dar forma al máximo tribunal de Brasil al llenar hasta cuatro vacantes que dejarán los jueces que alcancen la edad de jubilación obligatoria.

El camino a seguir

La opción para los electores brasileños difícilmente podría ser más marcada.

Lula, de 80 años, es un pilar de la política de izquierda brasileña que busca su cuarto mandato. Bolsonaro, un senador de derecha de 45 años, se postula a la sombra de su padre.

Lula es popular entre las mujeres, los católicos y los electores de bajos ingresos que le atribuyen haber reducido la pobreza y la desigualdad. Bolsonaro, quien ha criticado duramente las políticas woke, goza de un apoyo ferviente entre los evangélicos y los brasileños de mayores ingresos.

En materia de seguridad pública, una de las principales preocupaciones entre los brasileños, Bolsonaro ha prometido políticas de línea dura, como las adoptadas por sus aliados regionales. Ha prometido clasificar a las bandas del narcotráfico como grupos terroristas y construir cinco prisiones de máxima seguridad inspiradas en las de El Salvador.

Muchos electores culpan a Lula del avance de los grupos criminales en todo el país. Él ha argumentado que la clave para desmantelar a dichos grupos es atacar sus armas y finanzas, no el poderío militar.

Bajo el mandato de Lula, la deforestación en la Amazonía ha disminuido aproximadamente a la mitad. Bolsonaro, por otro lado, ha dicho que no cree en el cambio climático y prometió facilitar la agricultura y la minería en tierras indígenas.

Es posible que Bolsonaro intente convencer ahora a los electores de que sería más moderado de lo que fue su padre. Lula tendrá que ganarse a los votantes insatisfechos con la forma en que ha estado abordando una variedad de desafíos internos, entre ellos la creciente deuda y la erosión del poder adquisitivo.

Antes de las elecciones, buscando proteger su reducida ventaja en las encuestas, Lula gastó fuertemente en programas de asistencia social y amplió un programa de alivio de la deuda. Días antes de la votación, prohibió las apuestas en línea, que han acelerado la crisis de endeudamiento en espiral de Brasil, y prometió impulsar una propuesta legislativa para recortar la semana laboral de seis días.

El domingo, parecía que estos esfuerzos habían sido insuficientes para convencer a los electores brasileños de que se quedaran con él.

Incluso sin elegir a un candidato, Trump ha sido una figura central en las elecciones.

Al instar a los electores a rechazar a Bolsonaro, Lula lo describió como un títere de Estados Unidos. Y acusó al gobierno de Trump de intentar influir en el voto para apoderarse de los vastos recursos naturales de Brasil. “Brasil no es el patio trasero de nadie”, dijo a sus partidarios durante la campaña electoral.

También se presentó como un guardián de la soberanía de Brasil y se enfrentó a Trump cuando este intentó, mediante aranceles y sanciones, ayudar a Jair Bolsonaro a evitar la prisión por el intento de golpe de Estado.

En medio de preocupaciones por la intromisión estadounidense, Brasil intensificó el monitoreo de la injerencia extranjera e intentó proteger sus sistemas de votación electrónica de las dudas infundadas sobre su credibilidad.

El gobierno de Trump ha rechazado las afirmaciones de que busca interferir, aun cuando este verano intentó enviar una delegación estadounidense para investigar la integridad electoral de Brasil. Después de un cabildeo agresivo por parte de Bolsonaro y sus aliados, Estados Unidos también clasificó a las dos bandas de narcotráfico más grandes de Brasil como grupos terroristas.