Casi mil muertos, más de 3 mil personas heridas, unas 50 mil reportadas como desaparecidas… y los hospitales saturados. Es el saldo, hasta ayer, del doble terremoto que azotó a Venezuela el miércoles.
Los sismos pusieron de manifiesto la fragilidad del sistema médico de urgencias del país, después de que años de colapso económico, deterioro institucional y migración masiva vaciaran los hospitales, los servicios de ambulancia y las operaciones de rescate.
Algunos hospitales públicos en La Guaira están fuera de servicio, en tanto, los que operan, están desbordados y sin suministros médicos básicos, según Jaime Lorenzo, director de la organización sin fines de lucro Médicos Unidos de Venezuela.
Ciudadanos desesperados y equipos de rescate intentaban con todas sus fuerzas disponibles encontrar a sobrevivientes entre las montañas de escombros de decenas de edificios desplomados. El Gobierno dijo que 172 personas permanecían atrapadas.
La frustración crecía ante el ritmo desigual de la ayuda en algunas de las zonas más impactadas, incluido el estado La Guaira, el más afectado y donde los residentes y los voluntarios seguían removiendo escombros a mano debido a la escasez de maquinaria pesada y la limitada presencia oficial.
«Fuera, fuera, fuera», gritó un grupo de residentes y familiares de personas atrapadas bajo los escombros de un edificio durante una visita de la Presidenta interina, Delcy Rodríguez.
«Ya está bueno de hacer campaña política en una tragedia como la que estamos viviendo», le gritaron detrás de la zona acordonada del edificio que se vino abajo. «El Gobierno no está haciendo nada por el pueblo».
Equipos internacionales de búsqueda y rescate de al menos 17 países se han movilizado para ayudar.
Rescatistas de México, Chile, El Salvador, Colombia, Suiza y Ecuador, entre otras naciones, ya están en Venezuela.














