La metrópoli chilanga es musa, referencia y vestigio íntimo del Muestrario poético de la Ciudad de México. La ciudad de los poemas, volumen de la ensayista, poeta y traductora Claudia Kerik, que reúne casi 500 poemas de 250 poetas, ubicados entre 1881 y 2021, con fotografías e ilustraciones de artistas visuales como Julio Ruelas, Alfredo Zalce, José Guadalupe Posada, Leopoldo Méndez y Fermín Revueltas, entre otros.
El volumen, publicado por Ediciones del Lirio, incluye poemas de autores conocidos como José Emilio Pacheco, Juan Gelman, Francisco Hernández, José Juan Tablada, Rubén Bonifaz Nuño, Octavio Paz, Guadalupe Amor, Griselda Álvarez, Myriam Moscona, Malva Flores, Carmen Boullosa y de otros desconocidos como Solón de Mel y Martín Gómez Palacio, quienes le cantan a las pulquerías y al pregonero, al alumbrado eléctrico, al Portal de Mercaderes, al volcán Popocatépetl y a la Alameda Central.
También retratan las tortillerías de barrio, el tiradero de Xochiaca, la colonia Balbuena y la llegada del automóvil, el Centro Histórico, el terremoto de 1985, la represión de 1968, el tranvía, el cilindrero, la mesera, el gendarme y quienes transitan por las calles de Madero y el Eje Central.
El volumen, dice a Excélsior Claudia Kerik, “es una especie de álbum poético por el cual se pueden recorrer distintos espacios de la capital en momentos divergentes. Son los distintos tiempos en un mismo espacio que, de por sí, coexisten en la CDMX con sus capas de historia superpuestas”.
En el fondo, asevera la autora que le dedicó tres décadas de investigación, es también “un compendio de postales de la megalópolis, es decir, cuadros visuales hechos con palabras sobre la historia de la ciudad y mi papel fue buscar esos retratos de monumentos, calles, colonias y escenas para llevarlos al lector, muchos de los cuales fueron hechos por poetas famosos y otros totalmente desconocidos”.
Sin embargo, Kerik justifica así el filtro de la historia literaria: “Harold Bloom nos dice que muy pocos autores sobreviven en el canon literario, y si pudiera hablarse de un canon de la poesía de la CDMX, se observaría que olvidamos a algunos y entran otros, porque éste se actualiza todo el tiempo.
Pero lo que más me llamó la atención fue descubrir que sí hubo varios poetas que, en su momento, fueron muy leídos, citados y famosos, pero se olvidaron y se alejaron de la memoria, quizá por anticuados o porque ya no fueron incluidos en las siguientes antologías generales de poesía mexicana”, asevera. Para Kerik, “es fascinante descubrir a esas voces que tuvieron a su cargo el retrato histórico de la capital, como José de Jesús Núñez y Domínguez, autor de Cinematógrafos de barrio, quien se propuso hacer una especie de cinematografía poética, intención que sería celebrada por López Velarde y, pese a lo cual, hoy no es leído”.
¿Qué poetas olvidados destacaría?, se le pregunta a la también investigadora de la UAM Iztapalapa. “A Martín Gómez Palacio, Solón de Mel, Armando de María y Campos y Francisco Monterde, y a esos autores que publicaron, eventualmente, un poema sobre la ciudad, el cual se ha perdido en alguna revista o periódico.
Sin embargo, ellos también entraron en este mosaico de voces, es decir, aquí encontramos a los poetas oficiales del momento y también a poetas de una publicación que, pese a eso, nos dejaron poemas bellísimos e importantes, que contribuyen a crear este mapa poético de la Ciudad de México”.
En el volumen, Kerik también reconoce que a lo largo de la primera mitad del siglo XX no encontró poetisas. “Sí, eso responde a la supremacía de la figura masculina ligada a la cultura, la cual más bien privilegió a los hombres. Y también tiene que ver con que las figuras femeninas tuvieron que luchar por hacerse un lugar en la poesía, en especial en el tema que elegí: la ciudad, lo cual implica una conquista del espacio público. Pero a partir de la segunda mitad del siglo XX cada vez hay más poetisas que hablan del tema”.
Por último, la autora admite que no pudo incluir poemas de Efraín Huerta en este volumen, debido a la negativa del poeta David Huerta –hijo y heredero de los derechos–, quien no aceptó ceder los derechos luego de que Kerik decidiera cambiar de editor.
















