Desde hace mucho tiempo, la búsqueda de indicios de vida en otros mundos ha girado en torno a una pregunta clave: ¿Qué sustancias pueden delatar la presencia de vida?
Con excepción de las más obvias, la gran mayoría de sustancias que pueden denotar actividad biológica presentan una ambigüedad con la que es difícil lidiar. Un nuevo estudio sugiere que la pista más reveladora podría no ser la presencia de las sustancias en sí misma, sino el orden oculto que las conecta. En otras palabras, la clave está en que la vida no solo produce sustancias; también produce un principio organizativo que, según los autores del estudio, puede detectarse aplicando técnicas de estadística.
El estudio lo ha realizado un equipo integrado, entre otros, por Fabian Klenner, de la Universidad de California en Riverside, y Gideon Yoffe, del Instituto Weizmann de Ciencia en Israel.
El problema al que siempre se ha enfrentado la astrobiología es que conectar los resultados de análisis de química orgánica con la existencia de vida pasada o actual es difícil. Muchos compuestos esenciales para la biología terrestre, incluidos los aminoácidos y los ácidos grasos, también pueden formarse a través de procesos no biológicos. Se han detectado en meteoritos y se han sintetizado en experimentos de laboratorio diseñados para reproducir condiciones reinantes fuera de la Tierra. Encontrar dichas sustancias no basta por sí solo para afirmar que allí hay o hubo vida.
Los autores del estudio han comprobado que los aminoácidos son más diversos y están distribuidos de manera más uniforme en una muestra de material creado por un ser vivo que en muestras de material presente en objetos abióticos. En cambio, el patrón se invierte para los ácidos grasos: los ácidos grasos producidos abióticamente se distribuyen de manera más uniforme que los producidos por procesos biológicos.
El nuevo enfoque para buscar indicios de vida actual o pasada en otros mundos se basa más en patrones estadísticos sobre la presencia de sustancias que en la mera presencia de ellas.
Este estudio es el primero en demostrar que este principio fundamental de la vida puede detectarse utilizando un enfoque estadístico que no depende de ningún instrumento especial. De hecho, sería factible encontrar este patrón delatador, si es que existe, en los datos recolectados por instrumentos enviados ya en misiones a otros mundos y en los que serán capaces de recolectar los instrumentos de misiones futuras que están siendo preparadas.
Entre estos mundos, figuran Marte, Europa (una luna de Júpiter) y Encélado (una luna de Saturno), de los que se sospecha que pueden albergar condiciones aptas para la vida en algunos puntos.
El estudio se titula “Molecular diversity as a biosignature”. Y se ha publicado en la revista académica Nature Astronomy.

















