Los caminos de la política son inescrutables, retorcidos, a veces delirantes y con frecuencia ilógicos en apariencia. Nadie imaginó que la destrucción de un narco-laboratorio y la muerte accidental de dos agentes de la CIA, sería origen de un complot contra Chihuahua y una traición inesperada. No me refiero al que tramó el régimen de la demagogia contra la gobernadora Campos, queriendo imputarla por el disparate de traición a la Patria. Hablo de otro más avieso y vil; el que urdió César Jáuregui para socavar la unidad del PAN.
Es una contradicción difícil de asimilar, César se presenta frente a la Opinión Pública como el perfecto panista, custodio del fuego sagrado y campeón defensor de un partido acosado por imaginarios enemigos internos, al que los buenos panistas, con él haciendo punta, “deben defender sacando la casta”. Sin embargo, desde las sombras conspira contra el partido al que busca redimir y, además, lo hace valiéndose de los peores priistas. Es inaudito; quiere defender al PAN atizando su ruptura en beneficio de Morena y ¡asociado con priistas desprestigiados!.
Atenidos a los hechos, para todos los efectos Jáuregui es ahora un agente activo del régimen dictatorial, con la perversidad de usar su militancia para debilitar electoralmente al PAN. Cumple su propósito de sapa siguiendo la metodología populista; polariza y divide, que tan magistralmente maneja la propaganda del régimen. Observe usted la desfachatez: quiere defender al PAN de las dirigencias nacional y local, de los diputados, alcaldes, funcionarios y activos relevantes, de la gobernadora que los hizo ganar todo y del virtual candidato a gobernador. Es desquiciante.
Frente al macizo grupo que ha decidido dar la pelea por Chihuahua, Jáuregui presenta a un famélico y minúsculo grupo de panistas cuestionados y carentes de representatividad social. El Pony, famoso por los “pony-arrendamientos” y obligado a renunciar a la dirección general de la Junta Central de Agua, envuelto en escándalos de corrupción agravados por un asesinato; un regidor que, siguiendo órdenes de Corral, acusó falsamente a Maru y después se retracto a cambio de un cargo público; un funcionario muy menor del gobierno que hace años llegó a la presidencia municipal como candidato externo, lo que hoy rebate; un exmagistrado mentalmente desequilibrado que suplicó a Cruz para que su esposa fuese incluida en los acordeones de Morena. Y si acaso dos o tres más por las mismas.
Junto con Jáuregui, cuyo mayor éxito en su prolongada carrera política ha sido entregar a César Duarte la pútrida oxigenación que terminó politizando la Justicia chihuahuense, a cambio de recibir dos salas de magistrado que destinó para sus amigos, estos bribones desocupados añorantes de hueso son los que se autodefinen como defensores del PAN. Tienen la insolencia de pensar que sin ellos jamás habrá unidad partidista. Mucho descaro necesitan para trabajar en favor del enemigo, minando por dentro al partido y a la vez proclamarse árbitros del ser o no ser panista. Inconcebible.
Difícil aceptar que las razones de Jáuregui sean legítimas, ni siquiera caprichosas o de resentimiento. En éstas últimas semanas, lo suyo es dividir al PAN, único partido capaz de frenar el avance de Morena en la entidad. Los que cito son hechos de conocimiento público, a los que adoso la confirmación de que Jáuregui y Cruz Pérez Cuéllar se reunieron al menos una vez, hace poco menos de un mes en un privado de conocido restaurante, y la constancia de innumerables conversaciones con Alejandro Domínguez, el más activo instrumento priista contra Santiago de la Peña. En torno a la rebeldía de Jáuregui confluyen los intereses de Morena, particularmente de Cruz y Ariadna, y de la dirigencia priista. Pero él se asume redentor del panismo. Digieran esa.
Obviamente hay un propósito superior, en su ardid complotista el objetivo no es la Presidencia Municipal, esa narrativa es punto de partida. Él sabe con absoluta certeza que no será candidato ni factor en la designación y, sin embargo, mantiene el activismo divisionista. Lo hace porque el objetivo inadmisible de la conspiración es minar al PAN desde adentro para facilitar el ingreso de Morena a la entidad. No están pensando en la capital, vienen por todo Chihuahua y César se prestó para abrirles la puerta por dentro. Ahí debemos situar su desafiante perversidad, es comparsa en la obsesión de la demagogia populista por colonizar al “conservadurismo terracista”, como llaman a Chihuahua.
Jáuregui, como Javier Corral y muchos otros, terminó vendiendo su alma al diablo, otra explicación no admite la sinrazón que lo mueve. Tanto que criticó a Corral y ahora sigue sus pasos; la traición a cambio de beneficios personales. ¿Que ganaría Jáuregui en este complot? Sólo él y los conjurados conocen los acuerdos celebrados en oscuros encuentros. Por mi parte, propongo una respuesta especulativa: a través de Cruz Pérez Cuéllar, Ariadna Montiel habría prometido archivar el expediente que lo involucra en el caso de la CIA.
Un hombre acorralado es capaz de todo y más cuando sabe que su libertad está en peligro. En esa precaria situación legal y política está Jáuregui, ¿será por eso que presume no tener expediente abierto y se conduce con la seguridad de quien se sabe impune, confiado en el manto protector de su nueva pandilla?. Qué pena, en algún momento llegué a creer en él. Ojalá estuviese equivocado y mañana recupere la cordura desmintiendo en los hechos lo aquí escrito. Pero si tiene patas palmeadas, pico plano, grazna y disfruta el agua, diga usted.
Rompeolas
Alfredo Chávez mostró liderazgo, reflejos y lealtad. Es el primero de los aspirantes a la presidencia municipal en ofrecer su apoyo a Santiago de la Peña. Invitó al precandidato ciudadano a una reunión con un nutrido grupo de panistas activos, entre los que estaban Armando Gutiérrez, director de Desarrollo Municipal, Ernesto Ibarra, líder de la Mara, Chelito Martínez, coordinadora de regidores, Joss Vega y la china Frías, diputadas locales, Rocío González, diputada federal, Antonio Olivas, Armando y Víctor Garay, panistas de la vieja guardia, y por supuesto Alfredo. Sólo esta foto tiene tres veces más más panistas de valía que los presumidos por el complotista. Con este paso, Alfredo Chávez se consolida como el candidato más aventajado para el sexto distrito federal. Después de él muy pronto se decantarán otros a favor de Santiago de la Peña, pero ser el primero tiene sus ventajas y más con ese liderazgo mostrado.
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Carlos Reyes perdió la batalla contra el cáncer. Era un panista congruente con sus principios que dio batallas importantes por la democracia mexicana. Que Dios lo tenga en el cielo. A sus familiares y seres queridos, mis sinceras condolencias.
















