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Chihuahua
lunes, septiembre 7, 2026
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No se cuando pedirá licencia, él y su equipo tendrán bien estudiados los tiempos. Pero el viernes Marco Bonilla se despidió como alcalde de la capital, para efectos prácticos. Con el Quinto Informe, claramente un evento de lanzamiento, abrir lo que será una larga y muy caliente campaña por la gubernatura de Chihuahua. Ya estaba en esas desde que Jorge Romero, presidente del CEN, lo designó precandidato, usando los nuevos eufemismos para destapes anticipados. A partir del viernes y más específicamente al pedir licencia, lo veremos en plan candidato. Ni él ni su partido son responsables de adelantar las fechas electorales, las adelantó el diseño implementado por López Obrador para burlar las leyes. Marco y el PAN simplemente aprovechan, mal haría si no.

Cumplió como edil, en cinco años casi cinco mil millones de pesos en obra pública, finanzas sanas y transparentes, una ciudad segura en términos mexicanos (somos un país violento donde muchos criminales se hicieron gobierno) y, muy importante, sin escándalos de corrupción. Es legítimo heredero de una tradición de buenos alcaldes en la capital que inició Patricio Martínez, quien impuso un antes y un después en las administraciones municipales. Con variantes y altibajos, desde luego, Chihuahua ha tenido buenos presidentes municipales, Marco Bonilla es uno de ellos.

Hoy tiene la responsabilidad de liderar los esfuerzos de los chihuahuenses libres por frenar el impulso de Morena, en las circunstancias actuales un reto superior. Desde que la demagogia populista se asoció con los criminales y secuestró a los organismos electorales, planteó un desafío monumental a los partidos opositores. En la ventana democrática, los ciudadanos organizaban las elecciones y contaban los votos. En el autoritarismo lopista, cada funcionario electoral, desde el más bajo hasta la presidenta, está al servicio del régimen. Volvimos a la era de partido oficial, con el agravante de que las organizaciones criminales, extendidas en todo el territorio nacional, son agentes intimidatorios de candidatos opositores y fuentes de financiamiento para los oficialistas. Sinaloa, Tamaulipas y Michoacán son ejemplos claros, pero la práctica está extendida en el país.

Es muy importante que Marco Bonilla y en general quienes serán candidatos opositores, tengan esa claridad. Hoy es insuficiente el ingenio, el uso inteligente de las herramientas digitales, la narrativa oportuna, el diseño pegador, la foto que llama, el debate contrastante y todo el compendio de acciones en una campaña política bien llevada. Desde luego son necesarios y hay que realizarlos de la mejor manera, pero lo que determina el triunfo o la derrota está en el control de las casillas. Lo he dicho antes, la única brizna democrática que nos dejaron es el conteo de los votos. Los partidos todavía pueden tener representantes en cada casilla. Ese detalle puede ser la diferencia entre un candidato ganador y uno derrotado, comprenderlo y asignarle la mayor de las importancias es fundamental.

Marco Bonilla, en general los candidatos del PAN, es muy bueno en campaña. Lo demostró en las dos veces que compitió por la Presidencia Municipal; en la primera hizo pasar a Marco Quezada como político entre avejentado e ido, en la segunda desfondó por mucho a Miguel Latorre. Les ganó incuestionablemente a quien pudo ser candidato a gobernador por el PRI y a quien se jactaba de ser uno de los panistas con mayor base social. Con otro detalle, en la reelección consiguió más votos, lo que significa que nuevos ciudadanos valoraron su trabajo como alcalde. No es un asunto menor, el ejercicio del poder desgasta.

Obviamente es un candidato competitivo, lo ha demostrado en los hechos. También ha sido un presidente municipal, como dije antes, que supo cumplir con su trabajo. Aprovechó la enorme proyección política que proporciona la capital, haciendo campaña como deben hacerla los ediles; con obra pública, administración eficiente y cercanía con la gente. Cerró, está cerrando, con una cantidad impresionante de nueva infraestructura vial, algo muy del agrado chihuahuita. Ese trabajo lo proyecta como un ejecutivo que sabe aprovechar los impuestos en beneficio de la ciudad, un político preocupado por la comunidad que gobierna. Como bien sabemos, nada provoca más adhesiones ciudadanas que un gobernante concentrado en su trabajo.

El parte con ese plus, una ventaja de cuya importancia pueden dar cuenta Patricio Martínez, Reyes Baeza y Maru Campos, tres excelentes alcaldes de la capital que ganarían la elección a gobernador con solvencia, Patricio a un exalcalde de Juárez, Ramón Galindo, Reyes a un senador alucinado que terminaría en Morena, el impresentable Corral, y Maru a Juan Carlos Loera, quien representaba el poder, la estructura y el dinero que para entonces ya significaba la demagogia populista. La excepción a esta seguidilla de éxitos es Carlos Borruel, coincidentemente uno de los alcaldes más grises e insípidos que ha tenido Chihuahua en los últimos años. Perdió contra el ahora villano favorito, César Duarte.

No sabemos contra quien vaya Marco Bonilla, supongo que el candidato de la demagogia autoritaria será Cruz Pérez Cuéllar, pero todos los indicadores hacen suponer que el grupo político-delincuencial, La Barredora, que postula como su favorita a la senadora Chávez, sigue presionando. En lo personal me gustaría que fuese contra Pérez Cuéllar, así los ciudadanos de todo el estado tendrían oportunidad de comparar a los alcaldes de las ciudades más importantes; uno que anduvo los cinco años de farolero en toda la entidad y saqueó las arcas municipales como nadie antes que él, otro que se dedicó a trabajar consciente que su mejor campaña era ofrecer resultados en el cargo actual.

Uno a uno son incomparables, sus trayectorias personales y su trabajo son francamente contrastantes. Tampoco tienen comparación los partidos que representan, no soy apologista del PAN y jamás lo seré, pero Morena es un narco-partido que hizo del poder un detallado catálogo de corrupción y de la política loas al cinismo y la mentira. En una elección democrática las posibilidades de Morena serían equivalentes a cero, con cualquiera de sus candidatos. La gente ya sabe que es el partido del crimen y la muerte. Pero no vamos a una elección democrática, de mil formas los agentes de la demagogia tratarán de arrebatar la elección. La única forma de evitarlo es poniendo tanta gente como sea posible en casillas, garantizar que no las compren y promoviendo la vigilancia de observadores internacionales. Por lo que mas quieran, cuiden las malditas urnas.