Morena llegó a los tiempos de registrar aspirantes a gobernadores sin sacudirse el poderoso estigma de “narcopartido”. Entre lunes y viernes de la siguiente semana desfilarán en las oficinas del partido los destinatarios del dedazo demoscópico, los engañados por sus propias mentiras y los soñadores pensando que la luna es de queso.
Por entidad, supongo, mínimo registrarán diez, entre hombres y mujeres. Cernida la primer lista, quedarán cuatro de Morena para las encuestas (dos hombres y dos mujeres), más uno del Verde y uno de PT que, por acuerdo, entrarán directo al escrutinio. Los ganadores serán anunciados entre septiembre y diciembre, amplísimo margen pensando en resolver controversias internas.
Desde que Ariadna Montiel, casi recién estrenada como dirigente nacional, declaró que los candidatos deberán tener “trayectorias limpias”, nadie más volvió a hablar del elefante en la sala de Morena. Pero en el subconsciente colectivo de la demagogia prevalece la idea de verse observados por el poderoso visor de Donald Trump. La primer víctima es Enrique Inzunza, todavía senador por Sinaloa, quien iba sin oposición interna directo a la gubernatura. ¿Cuántos de los apuntados la semana que viene, llegarán a las oficinas de Morena con el Jesús en la boca, rogando a Dios por no estar en la lista de proscritos?.
Esa condición-percepción, la de un partido con fama pública de ser parte activa en diversas organizaciones criminales, es la que prevalece en la sociedad al inicio de su proceso interno. Y lo siento por ustedes, amigos devotos, arrastrarán el San Benito hasta las campañas y más allá. Ahora mismo, el presidente Donald Trump declaró que los cárteles controlan México y “ahora vamos a centrarnos en el tráfico terrestre, ya que las drogas llegan a través de México, un país que ha perdido el control de su territorio”. Si, ya se, lo ha dicho mil veces antes y hasta hoy sólo han exigido legalmente a los diez de Sinaloa. El asunto es cuando y donde dijo lo anterior; Cuando acaba de resolver la crisis de Irán y en el exclusivo club de G7. Los detalles de modo y lugar importan.
Estoy seguro que Trump no se propuso aguar la fiesta preelectoral de Morena, de la que seguramente no estaba informado. Sin embargo, su declaración será tema preponderante en la mañanera de mañana, concentrando el interés de los mexicanos. Claudia Sheinbaum ignoró a Sara Carter, Jefa de la Oficina de Control de Drogas, cuando advirtió que vendrán por los políticos que protegen a criminales. No podrá ignorar a su par norteamericano, no habiendo sido interpelada de manera tan grosera frente a los líderes de las siete economías más desarrolladas del mundo. Como luego dicen, la obligaron a poker, guardar silencio sería de cobardes, sobre todo desde que se envolvió en la narrativa soberanista frente al monumento de la Revolución.
A tragar, otra vez, camote e invocar a la ultraderecha mexicana e internacional como los demonios traidores a la Patria. No les queda más, ni modo que acepten la obviedad; ser un régimen de narcotraficantes y delincuentes. Su problema es que perdieron la narrativa, tantas y tan obscenas mentiras han contado que perdieron toda credibilidad hasta en los más fieles. En ese ambiente hostil inicia Morena los proceso internos hacia el 2027, conclusión que dejo para el registro.
Rompeolas
Veremos quienes se registran el martes para ser candidatos de Morena, un partido que pisotea las leyes electorales adelantando sus campañas con motivos semánticos. El que parte de favorito, según fuentes demagogas de la Weba, es Cruz Pérez Cuéllar. Si en este momento tuviese que apostar por el candidato de Morena, pondría las fichas en la casilla de Cruz. Pero tranquilos, el gran elector al otro lado del Bravo no se ha pronunciado, y ahí están los narco-túneles como amenaza permanente. Mientras es Juana o Chana, Cruz parece ir muy aventajado.
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Caso contrario el de Andrea Chávez, desde que Adán Augusto López cayó en desgracia la senadora con licencia no ha podido levantar cabeza. Sus posibilidades son marginales, si es que todavía existen. Ella puso en Adán Augusto todas sus esperanzas, al punto de confrontarse con Claudia Sheinbaum. Su inmadurez, estridencia y excesos le pasarán factura. Supongo que ahora sus expectativas están en Ciudad Juárez, donde tampoco la tiene fácil, el grupo Tabasco está desfondado. En una de esas ni reintegro alcanza, con que le dejen la visa debería darse por bien servida.
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Prudente y madura la posición de Mayra Chávez, hubo quienes pretendieron subirla a la campaña por la gubernatura, pero ella jamás perdió la cabeza, teniendo condiciones competitivas. Ha trascendido que no registrará su nombre como aspirante al gobierno del estado, lo que ellos llaman “coordinador estatal”. De ser el caso, quedaría macizo el acuerdo entre Cruz y Ariadna, muy probablemente inducido por la propia Claudia Sheinbaum.
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El Profe Martín Chaparro, presidente de Morena local desde la precampaña de López Obrador, es uno de los que registrará su nombre el martes. Si por méritos en batalla fuese, sin duda alguna él debería ser candidato al gobierno del Estado. Sirvió con eficiencia y dignidad al movimiento (¿recuerdas Cruz cuando andabas tras el profe?) desde los primeros años, cuando Víctor Quintana y Lucha Castro renunciaron a sus ideales para sumarse a la campaña de la derecha del entonces candidato panista, Javier Corral. No le han hecho justicia a Chaparro, la merece.

















