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viernes, junio 12, 2026

Confirman la existencia de estrellas gigantescas cuyo motor es un agujero negro

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Cuando, en 2022, empleando el potentísimo telescopio espacial James Webb, se descubrieron unos objetos astronómicos extraños en el universo lejano y arcaico, descritos como “pequeños puntos rojos”, el desconcierto fue grande.

 

Al principio, se pensó que esos misteriosos puntos rojos eran galaxias tan maduras como nuestra Vía Láctea actual, aunque eso implicaba que habían alcanzado ese estadio evolutivo cuando tan solo habían transcurrido, desde el Big Bang, entre 500 millones de años y 700 millones. El Big Bang es la ciclópea “explosión” con la que nació el universo hace unos 13 800 millones de años. Esa conclusión implicaba que tales galaxias eran mucho más antiguas de lo que se podía esperar en la infancia del universo, lo que ponía en duda muchas nociones principales sobre la evolución del universo.

 

En 2025, un equipo internacional incluyendo a Anna de Graaff, del Instituto Max Planck de Astronomía en Heidelberg, Alemania, y a Joel Leja, de la Universidad Estatal de Pensilvania en Estados Unidos, sugirió que los puntos rojos podrían no ser galaxias sino un tipo de objeto astronómico que no es ninguno de los conocidos por la ciencia hasta ahora: una “estrella de agujero negro”, o, en otras palabras, una masa de gas emitiendo tanta luz como una estrella convencional pero no por experimentar fusión nuclear en su núcleo sino por tener en él a un agujero negro supermasivo succionando materia a un ritmo brutal.

 

En los meses que siguieron, se intentó verificar la hipótesis, pero no era fácil encontrar uno de tales puntos rojos que fuera observable del modo idóneo para poder confirmar o descartar la hipótesis.

 

Ahora, un equipo encabezado por Vasily Kokorev, de la Universidad de Texas en Austin, Estados Unidos, ha encontrado un punto rojo adecuado, el llamado GLIMPSE-17775.

 

Al analizar cuidadosamente el espectro captado por el Webb de la luz de GLIMPSE-17775, el equipo de investigación ha identificado múltiples evidencias, todas las cuales respaldan la interpretación de que GLIMPSE-17775 es una estrella de agujero negro.

 

Si bien la época en que se percibe a GLIMPSE-17775 (1800 millones de años tras el Big Bang) es posterior a las de los puntos rojos más lejanos, lo descubierto en él es con toda seguridad extrapolable a los demás puntos rojos.

 

En definitiva, ahora parece bastante claro que los pequeños puntos rojos atisbados en la infancia del universo son estrellas de agujero negro.

 

Aunque los resultados del nuevo estudio permiten descartar por irreal el misterio de las galaxias increíblemente maduras en la infancia del universo, corroborar la existencia de objetos astronómicos tan exóticos como las estrellas de agujero negro plantea tantas o más preguntas difíciles de responder que la hipótesis de las galaxias arcaicas y maduras.

 

Estas esferas gigantes de gas parcialmente ionizado y caliente, con el agujero en su centro, son tan densas que parecen las atmósferas de estrellas verdaderas, alimentadas por fusión nuclear; sin embargo, en vez de mediante la fusión, las estrellas de agujero negro obtienen su energía de la acción de su agujero negro supermasivo que arrastra con fuerza brutal la materia, calentándola y haciendo que emita tanta luz como un cúmulo de estrellas. Además, el tamaño de una estrella de agujero negro es muchísimo mayor que el de las estrellas verdaderas más grandes. No en vano el agujero negro ejerciendo de motor de la “estrella” pertenece a la categoría con la mayor masa; hoy en día es habitual que en el centro de cada galaxia exista un agujero negro de este tipo y no es raro que tales agujeros posean masas que son millones o incluso miles de millones de veces mayores que la del Sol.

 

El telescopio espacial James Webb (JWST) es fruto de una colaboración internacional encabezada por la NASA, la ESA y la CSA, respectivamente las agencias espaciales estadounidense, europea y canadiense.

 

El estudio se titula “The Deepest GLIMPSE of a Dense Gas Cocoon Enshrouding a Little Red Dot”. Y se ha publicado en la revista académica The Astrophysical Journal.