Unos científicos han identificado un mecanismo que permite al cerebro ajustar el equilibrio entre dos necesidades aparentemente contrapuestas durante la formación de los recuerdos: incorporar nuevos detalles y mantener representaciones suficientemente consistentes para no confundir unas experiencias con otras.
El estudio es obra de un equipo encabezado por Elena Pérez-Montoyo, del Instituto de Neurociencias (IN), centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH), en España.
Esta investigación muestra que la actividad de las interneuronas inhibitorias del giro dentado, una región del hipocampo, determina hasta qué punto el sistema es sensible a pequeñas diferencias entre experiencias similares o, por el contrario, capaz de preservar representaciones estables.
La memoria no consiste simplemente en almacenar una copia de cada experiencia. Para que resulte útil, el cerebro tiene que poder incorporar información nueva sin que cada pequeño cambio genere un recuerdo completamente distinto. Por ejemplo, necesitamos reconocer un lugar que visitamos habitualmente, aunque haya cambiado, pero también distinguir dos experiencias cuando las diferencias entre ellas son relevantes. Esta tensión entre la sensibilidad a los cambios y la consistencia de los recuerdos es la que estudia este trabajo. “La memoria no es un repositorio estático de información, sino un proceso vivo y adaptativo”, explica el investigador Santiago Canals, que ha coliderado el estudio.
Para estudiar este mecanismo, los investigadores se centraron en el hipocampo, una región del cerebro fundamental para la formación de nuevos recuerdos, y en una de sus estructuras, el giro dentado. En esta zona, determinadas neuronas inhiben la actividad de otras células del circuito y ayudan así a regular cómo se incorporan las nuevas experiencias. El equipo modificó experimentalmente esta actividad inhibitoria en ratones durante la codificación de los recuerdos, es decir, en el momento en que la información se procesa para formar el recuerdo.
Los investigadores comprobaron las consecuencias de esta manipulación mediante tareas en las que los ratones debían reconocer pequeños cambios en su entorno. Estos animales muestran una preferencia natural por la novedad, por lo que su comportamiento permite saber si recuerdan una experiencia anterior y si son capaces de detectar diferencias respecto a ella.
Los resultados mostraron que reducir la inhibición aumentaba la sensibilidad: cuando el cambio en la posición de un objeto era muy pequeño, los ratones con menor inhibición eran capaces de distinguirlo mejor que los animales control. Por el contrario, aumentar la actividad inhibitoria hacía al sistema menos sensible a esas diferencias y generaba representaciones más resistentes a los cambios.
“Al manipular la inhibición, pudimos modificar cómo realizaban la tarea los ratones. Con niveles más bajos de lo habitual, su comportamiento era más consistente con una mejor recuperación de la memoria y con un recuerdo más detallado”, señala Encarni Marcos, responsable de la línea de investigación Mecanismos Neuronales de la Conducta en el IN y colíder del estudio.
















