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lunes, abril 20, 2026

EL PRI asimilado por la 4T

* Graciela emerge victoriosa

* Omar se descojona de Risa

* ¿A la mecedora Reyes y Patricio?

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Cuando la derrota de Jesús Macías en las elecciones del 92, el PRI quedó a la deriva, abandonado por un aturdido Fernando Baeza que tardó años antes de asimilar aquel fracaso. Al ver el hueco, Artemio Iglesias tomó la iniciativa de reconstruirlo y lo hizo sobre la creencia popular de que tiene más el rico cuando empobrece que el pobre cuando enriquece. Seis años después el PRI volvió al poder pero fue otro, Patricio Martínez, quién aprovecharía el trabajo tesonero y paciente de Artemio.

La única semejanza de aquel PRI local del 92 y el PRI nacional del 2018, es la derrota. Sin embargo la máxima popular conserva vigencia, son enseñanzas atemporales y de aplicación universal, por eso representan parte fundamental de la sabiduría popular. Le vendría bien a Alejandro Moreno tenerla presente.

¿Qué conserva el PRI, tras la derrota del año pasado? Objetivamente doce gubernaturas, 14 senadurías, 47 diputaciones federales, decenas de diputaciones locales, prerrogativas anuales por 800 millones de pesos, menos multas, una clase política bien cuajada, vocación de poder y presencia en todo el territorio nacional, por disminuidos que estén.

Tiene también el mayor rechazo popular de cualquier partido, en las diversas encuestas más del 50 por ciento de los electores manifiestan que jamás votarían por el PRI, un descrédito bien ganado a causa de gobiernos dispendiosos, corruptos y cínicos, los síntomas de un cáncer hecho metástasis que los destruye a pedazos desde adentro, sin que haya cura conocida, y una profunda división en su nomenclatura cuyo proceso de fractura no acaba por ceder, cuando se piensa que está pasando surge otro sismo.

Sus activos, a pesar de todo, son de respeto. El PAN se volvió loco con la primera gubernatura ganada, Baja california en 1989, y consiguió las otras dos a base de oscuros acuerdos, las concertacesiones; los nanopartidos jamás pudieron ganar una gubernatura por sí mismos y el PRD nunca se estableció fuera de la Ciudad de México. Si, el PRI es un rico empobrecido que sigue teniendo más que los pobres de siempre.

¿Qué le espera con la nueva dirigencia? Pongamos otra vez los hechos sobre la mesa: recuperar la credibilidad, revertir la metástasis cancerígena y contener el impulso de la desunión es una tarea que llevaría décadas, la confianza se pierde en un segundo y para recuperarla pasan cualquier cantidad de años.

Mientras permanecen atorados en el descrédito social y la división interna, el tiempo encoge. En julio del 2021 irán a elecciones, entonces podría perder siete de las doce gubernaturas –Sonora, Zacatecas, Tlaxcala, Guerrero, Campeche, Colima, San Luis Potosí-, quedarse sólo con los diputados plurinominales que les asigne su porcentaje de votación –entre doce y veinte- y ver reducido su financiamiento a la mitad, algo así como 400 millones, menos multas.

No se hagan ilusiones, el mejor escenario es asimilarse al nuevo régimen, sabiendo que actualmente en Morena hay más priistas que políticos de izquierda. Eso pienso que terminará haciendo Alejandro Moreno, como lo denunció Narro en sus redes y otros en voz baja. Desde una visión pragmática y de estricta sobrevivencia política es la única tablita de salvación que verán tras el tsunami que los zarandeó hace un año, en tanto cambien el humor social y se abren nuevas oportunidades.

La suerte del principal la corren los accesorios, decían los viejos maestros de lógica. En Chihuahua será lo mismo, sus posibilidades de recuperar el gobierno, alcaldías importantes o tener una bancada respetable en el Congreso son marginales. Pueden postular a Tony Meléndez, resucitar a los iconos del priismo y pedirle a Jesús y a todos los santos que hagan campaña en su favor y ni así recibirán la confianza electoral. Entiendan, su credibilidad está destrozada.

Por tratarse de política doméstica mencionaré ganadores y perdedores, en ésta que podría ser la última fractura del PRI antes de su asimilación a Morena. Es obvio, en Chihuahua los grandes ganadores son Graciela Ortiz y Omar Bazan. Ellos vieron con más claridad y antes que cualquiera el rumbo que tomaba el partido, por eso se inscribieron entre los cuadros de apoyo al gobernador de Campeche.

Ahora tienen el partido a su entera disposición ¿Cómo se acomodarán en las elecciones próximas? Es lo de menos, espacio tendrán y seguramente quedará alguna diputación local, pequeñas alcaldías y regidurías para mantener una reducida nomenclatura aplaudidora. Serán felices siempre que tengan presente su nueva condición de nanopartido satélite.

Los grandes perdedores son Reyes Baeza y Patricio Martínez. Llevan década y media desavenidos, sin poderse ver uno al otro, pero las circunstancias políticas los hicieron quedar entre los perdedores ¿Se retirarán, por fin, a la mecedora? Es lo que deberían hacer, su ciclo ha concluido, más como la cabra tira al monte seguirán rebuscando entre los escombros con tal de mantener vigencia.

Por ejemplo, he recibido información circunstancial de que Patricio teje en uno de los proyectos de Morena, por cierto el más viable, y entiendo que Reyes mantendrá la relación con los antes poderosos capitanes del PRI; Manlio, Osorio Chong, Emilio, por separado, desde luego. No se retiraron tras el tsunami, a pesar de que muchos les aconsejaron hacerlo, tampoco lo harán por la renuncia de Narro, sería una salida deshonrosa y nada los impulsa más que sus exaltados egos de exgobernadores.

Pero ninguno encontrará viabilidad política en el PRI local. Omar y Graciela no les permitieron entrar cuando todavía Peña Nieto manejaba el partido, impensable que les abran espacio ahora, cuando los ven de bajada y vulnerables. En cuanto a la posibilidad de que reconstruyan la unidad, por favor, hablamos de política real, no de discurso para campaña.

¿Extrañan a viejos como Artemio Iglesias y Saúl González Herrera? Deberían, hicieron una portentosa tarea reconstruyendo al PRI desahuciado del 92.