Las células madre que crecen en la ingravidez o microgravedad del espacio, a bordo de la Estación Espacial Internacional, no son idénticas a sus homólogas que crecen en la Tierra; cuentan con ciertas ventajas, aprovechables para tratamientos médicos en la Tierra. Debido a ello, en estos momentos hay astronautas, de la Expedición 74, trabajando a bordo de dicha estación para explotar los “superpoderes” de esas células madre “extraterrenales”.
Estudios previos al respecto se han centrado en ajustes del hardware que permite a los científicos producir mayores cantidades de células madre de alta calidad. Ahora, el proyecto InSPA-StemCellEX-H2, impulsado por la NASA y la Universidad de Colorado en Boulder a través de BioServe Space Technologies, en Estados Unidos, ya está en marcha para demostrar la viabilidad de producir a gran escala células madre sanguíneas para uso farmacéutico y clínico. Entre otras cosas, en el proyecto se pondrá a prueba el nuevo biorreactor de BioServe Space Technologies diseñado para operar en microgravedad.
En esta línea de investigación y desarrollo se utilizan células madre humanas para producir grandes cantidades de células para su uso en pacientes mediante un proceso llamado «expansión». Si bien las células madre pueden expandirse en laboratorios terrestres, presentan limitaciones. Por ejemplo, las células producidas en la Tierra pierden su capacidad para formar los diferentes tipos de células de nuestro sistema sanguíneo, como los glóbulos rojos, los glóbulos blancos o las plaquetas, que son fundamentales para los pacientes con leucemia que reciben células madre para reconstruir su sistema sanguíneo después de la quimioterapia.
Tal como explica el Dr. Tobias Niederwieser, de la Universidad de Colorado en Boulder y colaborador en BioServe Space Technologies, el ambiente de microgravedad de la Estación Espacial Internacional es mucho más adecuado para mantener las células madre en su estado de alta calidad durante la expansión.
Por lo que se sabe, cultivar tales células en ese ambiente ingrávido puede conducir a un mayor potencial de expansión y a un menor riesgo de rechazo cuando se utilizan en pacientes en la Tierra.
Por tanto, esta línea de investigación y desarrollo podría conducir a la obtención rutinaria y a largo plazo de suministros de células para pacientes que sufren trastornos sanguíneos graves, diversos cánceres de la sangre o enfermedades inmunológicas severas, y permitir terapias más fiables y accesibles. “El resultado final beneficiará a los pacientes de aquí abajo en la Tierra”, afirma el Dr. Niederwieser.

















