Los bloqueos se han extendido a seis de las nueve regiones del país. La situación es más complicada en La Paz, la sede del Gobierno, que lleva 30 días aislada del resto del país con escaso suministro de alimentos y combustible y reservas mínimas de oxígeno en los hospitales.
La Central Obrera Boliviana (COB), que lidera las protestas junto a sindicatos campesinos y juntas vecinales de la ciudad de El Alto, rechazaron negociar con el Gobierno, pero anunciaron ayer la apertura de corredores humanitarios para el paso de suministros esenciales.
El Gobierno retiró las demandas de detención contra los líderes de las manifestaciones, pero esto no ayudó a abrir negociaciones.
«Hemos decidido mantener las medidas de presión y ratificamos nuestro pedido de renuncia de Rodrigo Paz. No hay nada más que negociar», dijo el dirigente Severo Marca tras una reunión ayer en la noche.
«La COB va a continuar con las medidas de presión, hemos descartado el diálogo», agregó el dirigente José Luis Álvarez.
«La única salida es el diálogo y seguiremos insistiendo», señaló por separado el obispo católico de la ciudad de El Alto Giovanni Arana, uno de los mediadores.
Durante un acto público esta mañana Paz llamó a una «tregua para pacificar el país» y anticipó que la solución está cerca, aunque no dio detalles.
A su vez, el Ministro de Desarrollo Económico, Oscar Justiniano, anunció que en las próximas horas firmará un acuerdo con sindicatos para habilitar un corredor para abastecer a La Paz.
La Defensoría del Pueblo registró hasta la semana pasada siete fallecidos -la mayoría por falta de atención médica por los cortes de rutas-, 23 heridos y 321 detenidos.
Hoy La Paz amaneció con escaso transporte público y protestas de choferes por la escasez de combustible. Según la petrolera estatal cientos de camiones cisterna están varados en las carreteras.
«Esta es una movilización convocada por el hambre y el desempleo la movilización ya es contra el Estado neoliberal», dijo Evo Morales, Ex Presidente de Bolivia, ayer en la radio de los cocaleros del Chapare, donde resiste una investigación judicial por el supuesto abuso de una menor cuando era Mandatario.
«No veo al Gobierno usando la fuerza, lo veo frágil. Los sindicatos quieren preservar el modelo que dominó por 20 años con Morales y Arce. Ese es el pulso en este momento», opinó el analista Gonzalo Mendieta en la radio católica Fides.

















