En su visita a Chihuahua López Obrador mantuvo su discurso de siempre; al embrujo de su nombre acabará por decreto la corrupción. Y es muy sencillo, siendo el presidente honesto los gobernadores serán honestos, los presidentes municipales también serán honestos, los diputados trabajadores, los políticos sinceros, los ladrones no robarán, los sicarios harán el amor y no la guerra, los maridos fieles y las suegras buena onda.
Muerta la corrupción habrá una disposición de quinientos mil millones de pesos anuales buenos para desarrollar al país, mismos que ahora quedan en los bolsillos de los políticos que “no tienen llenadera”.
En el desarrollo incluye la construcción de una refinería grande y moderna suficiente para el abasto nacional de gasolina, construida en tres años, subsidios a los trabajadores del campo, becas a todos los estudiantes y salarios pagados por el gobierno a los jóvenes que practiquen un oficio. Sin más impuestos ni endeudamientos.
Muy importante, todos los estudiantes, por el hecho de serlo, tendrán acceso a la escuela desde la primaria hasta la universidad, desde luego becados, pues así se alejarán de las drogas y la mal vivencia.
De sólo escuchar su discurso dan ganas de salir corriendo, dijo en voz baja uno de los irredentos que se atreven a cuestionar la utopía morenista, una utopía que se describe en el tiempo que una persona próxima a los setenta años dura en un pie: “acabar con la corrupción”. Es toda la receta, acabar con la corrupción por que lo dijo el tlatoani.
Hay incongruencias, promete honestidad plena y en ese momento a su lado estaban Marcelo Ebrard, señalado por defraudar a la Ciudad de México con miles de millones de pesos en la línea doce del Metro, y Poncho Romo, empresario neolonés rechazado por los suyos y beneficiario del mayor robo en la historia del país, el Fobaproa.
Mientras lo cubre la corrupción, su punto de partida para iniciar la Cuarta República –Primero la Independencia, segundo la Reforma y Tercero la Revolución- que desde luego será amorosa y regida por una constitución moral, es la honestidad.
En lo que llega a Los Pinos Napoleón Gómez Urrutia, acusado de ladrón por robar 54 millones de dólares a los mineros que representa, sigue firme en la lista de candidatos a senadores y si por circunstancias ajenas a su voluntad debe sustituirlo, no hay problema alguno, está muy a tiempo de hacerlo para inscribir en su lugar a Elba Esther Gordillo, uno de los mayores iconos de la corrupción en éste país, pero otra de sus nuevas y purificadas conversas.
El único punto importante fuera de guión fue un mensaje enviado directo a Peña Nieto. Le preguntaron sobre su reacción en caso de perder la elección y en esa parte no titubeó: “ya les he dicho, es mi última oportunidad, de aquí voy a Palacio o a Palenque, Chiapas”.
No la dejo ahí, en el agregado está el mensaje: pero no detendré a nadie si quiere manifestarse y entonces “los que suelten al tigre tendrán que amarrarlo solos, yo me voy”.
Desde Chihuahua para Los Pinos, el puntero en las encuestas les manda decir que deben respetar su triunfo –en su mente no hay la menor posibilidad de perder más que por la vía del fraude- o soltará el tigre y antes de que logren amarrarlo sobrevendría el caos. Después de mi el diluvio, parece decir.
Ese mensaje es la noticia del encuentro entre López Obrador y los chihuahuenses ¿Advierte señales de que pretenden bajarlo a la mala? La experiencia del 2006 lo previene, sabe que la importancia no está en los votos sino en quién los cuente. Ay nanita, la campaña toma color.
Por lo demás la llamada reunión con empresarios parecía más bien un evento entre priistas. Ahí llegaron por pie propio Víctor Valencia, Jorge Esteban Sandoval, Javier y Héctor González Mocken, Víctor Anchondo, Martha Laguette y Fito Trespalacios, Miguel González, Fernando Tiscareño, Cuauhtémoc, Leonel y Xóchitl Reyes Castro, el burro Aguilar y familia.
De sólo mencionarlos a todos quedaría ocupado buena parte del espacio, los nombres anteriores sólo son algunos de los más conocidos en la política doméstica. La sangría tiene rostro, nombres y apellidos, verlos juntos da testimonio del fuerte y negativo impacto de Morena en el PRI.
También hubo panistas renegados como Clara Torres y Manuel Narváez, Emilio Flores, eran pocos y de menor peso político, sin contar que desde hace tiempo están distanciados de su partido.
Entre esa pléyade de priistas distinguidos sobresalía la figura fresca y maciza de Patricio Martínez. Como la ve, el hijo del senador se apersonó desde temprano y departió con amigos, en su ambiente, sin sentirse extraño entre morenistas.
Al verlo llegar y saber que además estaban presentes Gasy Moisés y Víctor Anchondo, los ocurrentes comentaron que el senador y renegado de la candidatura priista a la presidencia municipal, los envió como sus representantes personales.
No andan tan errados, al menos su hijo mayor no acudió por ocurrencia o iniciativa propia, seguro consultó con su influyente padre. Vago el senador, disfruta las pequeñas travesuras.
Esta vez la familia Terrazas no envió representantes, tampoco Eugenio Baeza a su hermano Guillermo. El empresario de mayor presencia en ese recinto fue Álvaro Madero, expresidente de Coparmex y hermano de Gustavo, candidato a senador por el PAN.
“Que haces acá, te regañará tu hermano” lo saludó de sopetón Poncho Romo, antes de subir al reducido presídium. Álvaro apechugó y siguió el chacoteo con Rafa Espino, el chihuahuense de más alto rango en la campaña de López Obrador.
AMLO le hizo pasar mala tarde, nada más se removió en su asiento cuando dijo que sus hijos lo acompañaban en su lucha de la misma manera en que la familia acompañó a Francisco I. Madero, acotando con un chocante pero “no todos”. La referencia debió doler.
Reunión de empresarios, lo que se dice empresarios, no fue, desde luego que los hubo, el concepto es muy amplio, pero ninguno de los “chiplocudos” hizo presencia. Sucedió lo mismo que en Nuevo León, el gran capital sigue poniendo las cruces al candidato de Morena.
Sin embargo Miguel González y Fernando Tiscareño cumplieron con el candidato, la convocatoria fue de regular hacia arriba, metieron más de cuatrocientas personas, un lujo considerando que, al menos en ese evento, todos llegaron por iniciativa propia. Un hecho es irrefutable, crece.
















