Rendido aplaudidor de un régimen que hizo apología permanente de las organizaciones criminales que secuestran al país, cómplice por interés personal de quien optó por abrazar a los sicarios del mal en vez de combatirlos, feligrés devoto de quien entregó la soberanía nacional a cambio de no ser molestado en su labor destructora, hoy se indigna por acciones contundentes de la Fiscalía estatal contra poderosas organizaciones criminales.
Así es Javier Corral, hombre de dos hígados. Cuando gobernó Chihuahua no pudo ni aprehender a los autores intelectuales que ordenaron el asesinato de su amiga Miroslava Breach, periodista valiente. Su inacción sumió a Chihuahua en una de las peores crisis de seguridad que recuerden sus habitantes, sólo superada por la violenta guerra de Calderón, y ahora el muy cínico se indigna por la destrucción del más grande laboratorio clandestino de sustancias prohibidas conocido en el país. ¿A quién protege?, ¿A los criminales que no combatió durante su gobierno?.
El oportunismo carroñero de Corral y algunos de quienes lo acompañaron en su gobierno, desnuda su vileza como chihuahuenses y seres humanos inescrupulosos. Con tal de tomar ventaja política, pensando en las próximas elecciones, han sido capaces de ponerse al lado de los criminales que sufrieron el brutal golpe, con la destrucción de sus laboratorios. Qué le importa, él sigue alucinado buscando una venganza que satisfaga su engreída mente cuyas taras le prohíben observar más allá de su mezquino interés personal. Por él que Chihuahua se bata en la violencia, politizarla paga electoralmente.
Está libre por complicidades del fuero legislativo y su juramento de obediencia cabal a un régimen al que sus socios comerciales tienen por “narcogobierno”, de cuyas autoridades superiores desconfían por haber dado muestra de ser parte activa en las mayores organizaciones criminales. Un régimen donde gobernadores, secretarios de estado, parientes en primer grado del expresidente y el mismo expresidente despiertan sospechas de haberse enriquecido con actividades ilícitas asociadas a las organizaciones criminales. ¿Con que autoridad moral pide comparecencias?, no la tiene.
¿Ya olvidó que agentes pertenecientes a la Fiscalía de la Ciudad de México lo rescataron de una orden de aprehensión promovida por la Fiscalía Anticorrupción de Chihuahua, acusado de cometer un presunto peculado de casi cien millones de pesos?. Desmemoriado, hoy reclama la comparecencia del Fiscal Jáuregui ante el senado de la República, porque considera que actuó de manera incorrecta al destruir el gigantesco laboratorio del crimen.
¿Desde cuando le importa le ley, si como gobernador hizo del poder Judicial su instrumento personal de venganza?. Porque si fuese honesto, mínimo debería reconocer que 40 elementos del Ejército Mexicano participaron en los operativos. ¿No supo del operativo el Comandante de Zona, el Secretario de la Defensa?. No está interesado en la verdad, quiere despedazar a un Fiscal que osó aplicar la ley en su contra. Sobre la presencia del Ejército guarda silencio por que lo suyo es la vulgar politiquería, así que sus lixiviados de rencor sólo llegan hasta la Fiscalía local.
No es nadie Javier Corral para exigir comparecencias, ahora mismo debería estar presentado ante la justicia mexicana para que responde por un presunto fraude de casi cien millones de pesos. La demagogia populista eligió al peor de los voceros para calentar la elección en Chihuahua, pensando que pueden hacer del accidente donde murieron los dos norteamericanos el detonante campañero de Morena. Los chihuahuenses conocen a Corral, por eso no puede pararse en ningún restaurante de la ciudad. Han visto de cerca sus vilezas, saben por experiencia propia que su ADN está tocado por el gen que hace de los zopilotes aves carroñeras.
















