Desde que fue perfilándose la posibilidad de que Santiago de la Peña fuese presentado como candidato ciudadano por Acción Nacional, en ciertos círculos políticos prevalece la idea de que, si no lo quieren en el PRI, partido al que renunció hace años, como lo aceptarían en el PAN. Es una versión a modo de intereses personales, como la enorme mayoría durante las precampañas.
A las cosas por su nombre; a Santiago no lo quieren Alejandro Domínguez ni Graciela Ortiz (a Fermín ni la pena vale mencionarlo). Si por ellos fuese no lo pondrían ni de regidor suplente en Huejotitán y si Alito lo llegase a postular para presidente o gobernador, harían hasta lo imposible por reventarlo. No lo digo al tanteo, con mil marrullerías quisieron bajar de la diputación local a José Luis Villalobos, quien había sido enviado directamente por el CEN. Es su condición, por eso se han quedado solos.
En el resto de los priistas, la enorme mayoría, Santiago goza de inmejorable aceptación. Pregunte a exgobernadores, pregunte a exacaldes, pregunte a expresidentes del partido, pregunte a exdiputados y exsenadores. Pregunte a funcionarios en activo y pregunte a los pocos liderazgos con capacidad de aportar votos. La mayoría de ellos no tienen inconvenientes. Al contrario, critican severamente a la dirigencia de su partido, los han ido desplazando uno por uno.
Y en todo caso, tampoco Santiago quiere al PRI de las siglas. Fue uno de los primeros priistas en abandonar el partido, precisamente por la forma en que viene manejándose desde hace varios años. Cerraron el partido a un grupo de tres o cuatro que decidieron exprimirle hasta la última gota, lo que han hecho a contento.
Ese mismo grupo es el que implora por mantener la alianza electoral con el PAN, bajo la falacia de que son indispensables para ganar la elección estatal. Cuatro problemas objetivos existen para firmar esa alianza: 1) Valen un peso y piden diez, ellos mismos la complican cotizándose altísimo. 2) Ningún partido quiere ver junto a su logo, el del PRI. Ni Morena, ni MC y obviamente tampoco el PAN. La imagen y la dirigencia repelen, en vez de atraer. 3) La votación del PRI está en caída libre y no hay forma de pararla, así seguirá. 4) En todas las alianzas pasadas ganó el PRI y perdió el PAN.
La realidad es que lastran en lugar de remar. Lo que si puede hacer la dirigencia del PAN e intuyo que lo están intentado, son acuerdos regionales o particulares con los contados líderes capaces de generar votos. Ahora los acuerdos son diferentes y quienes pretendan interpretar la política de hoy con paradigmas del pasado, están equivocados. Ahora los acuerdos políticos son más complejos, incluyen una serie de variables antes insospechadas.
Cito un ejemplo: Un día después del triunfo conseguido en Coahuila (carro completo y diferencia de 2-1), renunció al PRI el diputado federal Uriel Alonso, coordinador nacional de Movimiento Territorial. ¿Porqué renunció en momentos de euforia, si empezaban la restauración gloriosa de su partido como proclamó Alito exigiendo alianzas?. Pues porque él sabe que Coahuila se cuece aparte, como bien explicaron innumerables analistas electorales.
El motivo de la renuncia es muy revelador, Eruviel abandonó a su partido para ir de candidato a la presidencia municipal de Villahermosa, Tabasco, ¡con las siglas unidas del PAN y MC!. Aquí tenemos de candidato a un priista que será postulado por el PAN y MC. Son acuerdos diferentes a los acostumbrados y es, precisamente, lo que vamos a ver rumbo a las elecciones del 2027.
¿Relevancia de que Alejandro Domínguez apoye o no a Santiago de la Peña?. Ninguna, en todo caso sería para bien, con o sin alianza jugará contras. ¿Alianzas formales con el PRI de Alito? Improbable, se cotizan a precio de oro, siendo que sus siglas en vez de sumar restan. No pasa nada, es la normalidad política con la que deben lidiar.
En cuanto a las alianzas, estas deben ser con la sociedad en la que caben todos los chihuahuenses comprometidos con la libertad y contra la demagogia populista. El PAN, como partido mayoritario de la oposición, tiene la obligación de construir esa alianza, pero en los hechos, no de dientes para afuera.
Debió empezar en el Centro del Convenciones, cuando vinieron los expresidentes y la plana mayor del PAN en apoyo a Maru. Muy buena, pero mucho mejor si la hubiesen hecho ciudadana. La ciudadanía es el camino, no hay otro. Se lo demostraron a la gobernadora Campos durante la persecución, impulso que deben alentar hasta que llegue a las campañas. Si el PAN pone su parte, los chihuahuenses harán el resto sin pedir dinero ni espacios de poder.
Rompeolas
Un amigo me mandó el video contra César Jáuregui. No me parece nada pasado de lanza, pero considero mala estrategia golpear al exfiscal. Más bien deben protegerlo en la medida de lo posible. Es un activo panista con larga y exitosa trayectoria. En todo caso que lo busquen y hablen con él, estoy convencido de que dialogando pueden encontrar puntos de acuerdo. Ahora, si de plano decide seguir en el monte propuesto a dividir, pues entonces si; cartucheras al cañón y a lo hecho pecho. Dudo que sea el caso, Jáuregui es un animal político y como tal sabe que los problemas políticos se resuelven con dialogo y voluntad.















