*Advertencias desde el Imperio

*Sus complicidades lo alcanzan

*Corral, mercader de su alma

*Desahogos de Lilia Aguilar

*Militancia ninguneada

*Maru calienta la Frontera

*Ni yukones ni mansiones

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Desafiante, el presidente López Obrador exigió pruebas al reportaje publicado por un premio pulitzer en “Pro Pública”, cuando reveló que durante la campaña del 2006 recibió dinero del crimen organizado para su campaña presidencial contra Felipe Calderón. La revelación provocó el hashtag #narcopresidente que lo trae aturdido, está en el tope de la conversación en redes. Desde la mañanera y usando todo su aparato propagandístico intenta acallarlo, sin tener éxito.

He dicho que febrero es mal más para ser autoritario. No sale del hashtag que lo desacomodó, cuando recibe otra mala noticia. El periódico más influyente del mundo, New York Times, pidió su opinión sobre una nueva investigación realizada por el gobierno de Estados Unidos, donde involucra a sus hijos y funcionarios cercanos recibiendo dinero del narcotráfico, ahora en la campaña del 2018 y durante su gobierno.

En la mañanera dio lectura integra a las preguntas de NYT, una de las cuales habla de videos en poder del crimen que muestran a sus hijos recibiendo dinero. La respuesta fue de soberbio herido: “¿Dónde están los videos? Es una verguenza, no cabe duda que éste tipo de periodismo está en franca decadencia, es un pasquín inmundo el New Yory Times”. Remata con otros insultos, llamándolos “calumniadores profesionales de fama mundial” y cierra haciendo públicos teléfono y correo de la jefa de corresponsales.

El presidente sigue pidiendo pruebas de su complicidad con el crimen. Ignoro si existen o no videos y de existir si saldrán en algún momento de la campaña, pero pruebas hay y bien acreditadas. Se llaman pruebas indiciarias y pueden ser válidamente admitidas en juicio con las siguientes condiciones: Que los indicios sean varios, que estén plenamente probados, sean independientes entre sí y lleven inequívocamente a la misma conclusión.

Está probado que ordenó soltar a Ovidio Guzmán, él confesó. Está probado que saludó personalmente a la mamá del Chapo, hay videos. Está probado que pide llamar al Chapo “señor”, lo ha dicho en varias mañaneras. Está probado que la estrategia de abrazar a los criminales es suya, lo ha sostenido cientos de veces. Están probados y documentados sus viajes de Badirahuato, capital de Cartel de Sinaloa. Está probado que las organizaciones criminales conquistan cada vez más territorios. Están documentados y probados el aumento de los asesinatos y la impunidad con que actúan los sicarios.

Existen muchos indicios de la complicidad de López Obrador con los carteles de la droga, pruebas indiciarias hay sobradas. Pero su complicidad con el crimen no es el punto de la presente columna, ha sido tan grotesca y cínica que la sociedad mexicana la tiene por cierta sin conocer los reportajes en medios internacionales. El punto está en que desde el gobierno de los Estados Unidos están influyendo en la elección nacional, con claro interés de reducir su frenético activismo electoral en la campaña presidencial y parar sus intentos de intervenir en aquella elección. Hace por lo menos dos meses, un amigo adelantó que López Obrador sería blanco del poderoso Imperio, hoy los hechos le dan la razón.

El presidente tomó nota de mensaje y mensajero, el conocido “de parte de quién”. Por eso pidió una explicación al gobierno de Biden: “Yo espero que el gobierno de los Estados Unidos exprese algo, manifieste algo. También si no quieren decir nada, si no quieren actuar con transparencia es su asunto”. Recibió inmediata respuesta de ambas instancias, un vocero del departamento de seguridad negó que haya una investigación en curso contra el presidente y NYT adelantó la publicación del reportaje, con una nota de reclamo a los modos del mandatario, por difundir los datos personales de la reportera.

La Casa Blanca debe estar muy incómoda con López Obrador. Tiene motivos, pretende influir en la campaña de los Estados Unidos en favor de otro populista, Donald Trump. Sin embargo se dobla, ¿Observaron que, a diferencia del reportaje anterior, esta vez no se refirió con altanerías al presidente Biden ni a su gobierno? Firmó el acuse de recibido, sabe que contra el Imperio no puede.

No me gusta la interferencia de los Estados Unidos en nuestras campañas, pero menos la infame sociedad de López Obrador con las organizaciones criminales y menos todavía su obsesión demencial en colocarse al centro de la campaña hasta el punto de hacer una elección de narcoestado. No obstante su frenesí electorero lo puso en esa débil posición, el que se lleva se aguanta, dirán de aquel lado.

Quieran o no, acepten o no, amigos y devotos del populismo autoritario, el rumbo de las campañas empezó a cambiar un mes antes de iniciar formalmente el proceso y en la última semana de intercampaña está girando claramente hacia la candidata opositora. Hoy vemos a un presidente tocado por sus excesos, la espantosa corrupción del gobierno y las ínfulas de absoluto con que se conduce. No le han quitando ni una pluma a su gallo. El arroz está cocido? ¿En serio?. Hijitos, la elección no ha empezado.

Rompeolas

Registrado en las listas de Morena a senador, Javier Corral ratifica su complicidad con el populismo autoritario, del que tanto se habló tras obsesiva persecución contra la entonces popular presidenta municipal de Chihuahua, Maru Campos, favorita del PAN para la gubernatura. Hoy queda claro que, siendo gobernador, ofreció entregar el estado al régimen que abraza a los criminales en lugar de combatirlos, pero entonces topó con la firmeza de Maru que resistió con valentía la persecución. Demuestra de esa manera su falta de principios, su condición de traidor perpetuo y la confirmación de que primero piensa en él, luego en él y después en él. Es un mercader su alma, un narciso enamorado de sí mismo que regresará al senado cargado de rencores.

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La presencia de Corral en la lista de senadores y de Armando Cabada, Daniel Murguía y Mayté Vargas (tercera vez por la vía pluri) en la de diputados, encendió a la izquierda tradicional. La primera que levantó las voz en pública fue Lilia Aguilar, pero habrá otros, están encabronados y lo que sigue, ven como los arribistas ocupan los mejores espacios legislativos y ellos siguen haciendo la talacha en los cruceros. Militantes como Martín Chaparro, Juan Chávez, Rafa Espino y otros tienen mil veces más méritos y no han sido tomados en cuenta. Deberían incluirlos en los que faltan, quedan las diputaciones locales.

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 La presencia de Maru Campos en Juárez calentó las campañas del Frente, al respaldar abiertamente a los candidatos opositores, especialmente a Rogelio Loya, quien va por la Presidencia Municipal. Pícara, de pasada pellizcó a Cruz donde duele: “a Juárez le irá mejor, Rogelio no compra yukones ni mansiones”. Lo que parecía misión imposible para el PAN, hoy empieza a ver ciertas posibilidades. Que pongan otra vez a Cruz, la insultante corrupción que lo cubre es la mejor campaña opositora.