Cruz Pérez Cuéllar es un político admirable, tesonero y suertudo, reconozco. Hace poco menos de dos años conducía un Uber y hoy su foto aparece en unipolares de Juárez y Chihuahua, anunciando su primer informe de senador. Pocos cuentan una historia igual y es que su vida pública, como personal, ha sido de un subibaja constante, pero el hombre sigue ahí, entre los aspirantes al gobierno, jugándose a un volado su futuro.
Tampoco es que haya resuelto sobre la disyuntiva más complicada, vio la oportunidad de regresar al ruedo y la tomó sobre la base de que nada tenía que perder, conduciendo un auto de alquiler era difícil alejarse más de la vida pública. ¿Aceptar ir de candidato en segundo lugar, atras de una desconocida? Sin pensar respondió si y mil veces si. Se arrojó al vació y ganó.
Compadre y amigo íntimo de Javier Corral hasta que tronaron, durante la campaña del 2004, cuando Corral era candidato a gobernador y Cruz a presidente municipal de Juárez. Los motivos de la ruptura siguen siendo uno de los misterios más interesantes de la política doméstica, pues pocos han creído que los distanció la campaña a favor del “voto útil” contra Corral. Ellos sabrán.
Después vino el brutal choque en las internas del PAN para senador, hacia las elecciones del 2012. Las ganó Cruz sobre Borruel, dejando ambos en un lejano tercer lugar a Javier Corral, que no se tragó el sapo y las impugnó denunciando un cochinero. Descuidaron las urnas y Cruz hizo votar hasta a las piedras.
Corral los derrotó en la mesa. Con ayuda del entonces líder moral del PAN, Luis Héctor Álvarez, hizo que el CEN anulase la elección y votase su nombre para ir de primero en la lista. Cuentan que don Luis puso su renuncia sobre el escritorio de Calderón, si dejaban a Corral fuera de la senaduría.
En aquella derrota empezó el periplo de Cruz fuera del PAN, partido al que se había entregado desde muy joven y del que recibió gratificaciones insospechadas; diputado local, diputado federal, dos veces presidente, candidato a edil en su tierra. influencia, dinero, poder y sus anexos.
Al dejar el partido que lo formó políticamente, entregó una carrera muy completa y prometedora, pero no dudó en renunciar e irse a la aventura con Movimiento Ciudadano, del impresentable Dante Delgado.
En ese partido fue candidato a gobernador en la elección del 2016, y aseguran que a recomendación de César Duarte, quién tejía dentro y fuera del PRI con el fin de nulificar a Javier Corral, candidato del PAN. Tres campañas, dos constitucionales y una interna, dándose de topes contra su compadre y hoy nuevamente están en rumbo de colisión.
¿Chocarán una cuarta y probablemente definitiva? Quien sabe, Javier se dejaría cortar el brazo derecho -¿O izquierdo? con él no se sabe- con tal de que Cruz no llegue al gobierno. Sus rencores son de los que trascienden hasta la séptima generación, no se arreglan tomando café.
Sin embargo Cruz es un sobreviviente, a pesar de tener al gobernador por enemigo, de verse asociado al PRI más corrupto que haya existido en Chihuahua, el PRI de César Duarte, ha sabido lidiar con sus emociones y construir una precampaña creíble. Sobre Duarte tiene bien ensayada la respuesta; que me lo demuestren, revira mirando a los ojos cuando lo acusan de que recibió cinco millones del “vulgar ladrón”. Luego se hace el ofendido ¿Cómo se atreven a dudar de mi honestidad? Hay que tener temple para no titubear.
Hoy, convertido en senador de Morena, es quién más ruido genera en la precampaña a gobernador. Sin más activo que su botecito chilero, la charola de senador y saliva a raudales, el hombre ha generado una corriente variopinta de ilusionados entre los que se cuentan perredistas, priistas, uno que otro del PAN y un grupo nada despreciable de Morena.
¿En qué artes consiguió bajarse del Uber y subirse a la batalla por la gubernatura? Sencillo; tomó las oportunidades que le pusieron enfrente, las mismas que otros más escrupulosos dejaron pasar y, desinhibido, empezó a recorrer el estado con la fe del Bautista, a sabiendas de que muchas veces predicaba en el desierto.
Nada tiene seguro, de hecho quienes conocen los entresijos de Morena le niegan cualquier posibilidad. Pero en ese partido sólo necesita una voluntad, la del “líder amadísimo”.
En esas anda Cruz, moviéndose con las frescas de quien nada tiene que perder, ni siquiera conocía a Ricardo Monreal, se lo presentó Jorge Esteban Sandoval ya siendo senador electo, y ahora lo tendrá en su informe. Sabe que avanza, por eso mantiene la sonrisa de candidato aventajado y proclama que los astros juegan en su favor.Pendejo si envía señales de duda o juega en la institucionalidad, haciendo tercio con políticos que calientan la RENATA hasta perdiendo gana, la estructura que construye es buena para cualquier candidato, por si la suya no cuaja.
















