Javier Corral encuerda al edil de Parral, Alfredo Lozoya, el habitual “volantín” sabiendo que no tiene viabilidad política hacia la gubernatura ¿Por qué, entonces, traerlo como jarrito nuevo? Sin percatarse confirma que su estrategia general es conducir el proceso sucesorio dentro y fuera del PAN.
Nada nuevo, el propósito es acomodar el escenario a satisfacción de Gustavo Madero, sin sombra de dudas su candidato, y de pasada molestar a Maru Campos, la precandidata del PAN mejor posicionada electoralmente.
Lozoya no tenía cabida en la mesa principal, Parral pinta menos que los municipios de Delicias y Cuauhtémoc, si por importancia vamos y ningunos de los dos ediles, Compean y Tena, recibieron la deferencia de acompañar al ciudadano gobernador. Hay niveles.
Ordinario su activismo en la segunda parte de la administración, los últimos cinco gobernadores –probablemente también los anteriores- han pretendido influir, sin éxito, en la decisión del sucesor. Un despropósito sabiendo que ninguno lo ha logrado; Fernando Baeza y César Duarte son los que más se acercaron, ambos fueron determinantes en la designación del candidato de su partido, pero fracasaron estruendosamente en la elección constitucional.
Barrio intentó designar a Eduardo Romero y cuando pensó que tenía resuelta la sucesión se les atravesó la traición de Enrique Terrazas que, aliado con el Dhiac, forzó la candidatura del PAN a favor de Ramón Galindo, en aquella dolorosa asamblea donde lloró Hortensia Olivas. Javier la recuerda muy bien.
Conocen la historia de fracaso al detalle, la tienen bien estudiada, sin embargo los impulsa su competitiva naturaleza de animales políticos, les resulta imposible sustraerse. Su angelito les dice para, el diablillo avanza.
Perdido el sentido común que los llevó a encumbrarse, son capaces de cualquier locura pensando en que “ellos si” acomodarán el escenario a sus intereses, triunfando donde otros fracasaron, por el simple hecho de que son ellos, los prohombres del momento.
En sus delirios de poder y grandeza Daurte pensó que podía comprar la Presidencia de la República e imponer sucesor. Así entró en una dinámica de incongruencias y atrevimientos creyendo que manipulaba el proceso sucesorio a su antojo. Se engañaba y nadie en su entorno próximo tuvo el atrevimiento de advertirlo.
Los hechos están muy recientes, convenció a Jaime Beltrán del Río para ir de candidato por el PRD y a Cruz Pérez Cuéllar por Movimiento, sin más propósito que restar votos a Corral. Los disparates dentro de su partido se cuentan aparte, así como la estupidez de pensar que también podía inducir la candidatura del PAN.
Su soberbia llegó a tal punto que, orondo y engreído, solía declarar que las elecciones se ganaban antes de empezar, presumiendo su “capacidad de operación”.
El resultado hoy lo conocemos, el PRI tuvo la menor votación de los últimos 24 años, abriendo el paso al “odiado rival”, a uno de los dos que había jurado jamás entregar. El otro fue Marco Adán Quezada.
En esa parte Corral y Duarte son como dos gotas de agua, idénticos. También Corral piensa, a su modo, que puede ser presidente de la República y manipular el proceso electoral para entregar el gobierno a Madero ¿Tendrá éxito donde fracasaron Baeza, Barrio, Patricio, Reyes, Duarte?.
Sólo el tiempo nos dará la respuesta, pero los sueños sueños son. La experiencia nos enseña que los poderes meta legales de un gobernador han sido insuficientes para dejar heredero. Si, tienen circuitos importantes donde intervenir, formas de presionar, pero solo son un factor más entre varios que toman decisiones.
El análisis general de Javier es correcto, la política necesita unidad de las fuerzas para cerrar el paso a Morena, divididos nadie puede contra el fenómeno del “Líder Amadísimo”.
Un ejercicio así implica honestidad y sincera convicción democrática, jugar con dados cargados no lo llevará a buen destino ¿Cómo pretende postular a Gustavo siendo electoralmente impresentable?Retorcer la política siempre ha sido pésima idea, Duarte lo hizo pensando que podía heredar a Serrano y terminó abriendo camino al propio Corral; Javier la retuerce para imponer a Madero ¿terminará trabajando por Pérez Cuéllar, su odiado rival, de la misma forma en que Duarte trabajó para él?. Los caminos de la política son inescrutables, sólo hago una observación basada en la experiencia.
















