Desde la oscuridad emerge Gustavo Madero diciendo que no se descarta para gobernador. La suya es una apelación a que “no lo den por muerto”, muletilla usada por políticos de toda condición ideológica cuando atisban oportunidades de abordar proyectos electorales.
Parece más bien una súplica y además fuera de lugar, siendo Gustavo senador de la república y uno de los pocos panista influyentes en la administración Corral. Por definición política es uno de los candidatos al gobierno ¿Quién o cómo podrían descartarlo?.
Gustavo levanta la mano de esa tímida manera por taimado, sabe que nadie puede descartarlo pero reconoce su debilidad popular y en el fondo tiene conciencia de que si algo lo inhabilita para la gubernatura, es su cuestionada historia. Cada que puede, y cuando no, lo intenta, trafica con influencias políticas para aumentar su vasta fortuna, según afirman diversas fuentes empresariales.
Imagínelo de candidato y luego póngase en el lugar de sus adversarios, quienes sean. La campaña giraría en torno a los moches, autor intelectual y principal beneficiario; su cuestionable historia de favores tejidos en los primeros años de Peña Nieto, a propósito de aquel Pacto legislativo cuyas reformas ha destruido López Obrador; los programas digitales y el negocio con las plantas tratadoras de agua e incluso en su ridícula declaración patrimonial de 10 millones de pesos, siendo uno de los hombres más ricos de Chihuahua.
Encima ponga la dislexia cuando habla en público –no puede expresarse coherentemente sin estar apoyado en apuntes- el conocido sedentarismo cuando está en campaña –jamás hace tierra- y, en su caso insalvable, el descrédito que arrastra el PAN con un gobernador disminuido que desatiende sus deberes con los chihuahuenses. Sería un candidato de pecho abierto, logran levantarle las enaguas y no llega ni a semifinales.
Conociendo que sus antecedentes lastran cualquier proyecto electoral, me intriga que de pronto envíe señales de querer participar. Se hizo la foto con Anaya, responsable de fracturar al Partido –ocho pesos de propina los describe-; como primerizo en política se para frente a Marko Cortés y para que nadie se llame sorprendido externa su interés en participar ¿Porqué?
Madero será más largo que un día sin lonche, dicen quienes lo conocen, pero es un hombre audaz, inteligente en el manejo corto, sabe lo que hace, medita dos veces antes de dar un paso trascendental. Para levantar la mano, conociendo su descredito popular, es que tiene algún acuerdo cupular con Javier Corral o grupos de poder fáctico, o está dispuesto a entregar su alma al diablo.
Lo que Madero no ha visto, es el acuerdo que podrían tener Javier Corral y López Obrador. Mentes aceleradas que con frecuencia rozan los linderos de la esquizofrenia política, puede avenirse a la idea más disparatada e intentar convertirla en proyecto exitoso, por inverosímil que su conducta parezca en contextos tradicionales.
¿Quieren la derrota para el PAN? Hagan candidato a Gustavo y así facilitan la campaña de Morena, que importa si apuntan al Burro Chon en las boletas, o estimulan la llamada Tercer Vía, ahora que Armando Cabada y Marco Adán Quezada construyen los primeros acuerdos. No se engañen ni pretendan engañar a los electores, al interior del PAN comentan que Gustavo no gana una elección ni en el kínder de sus nietos.
Rompeolas
En el recuento final de los daños, Graciela Ortiz es la figura más importante del PRI en permanecer de píe, una vez terminada la guerra interna del partido. Se impuso contra los exgobernadores, contra la mafia juarita y contra otros liderazgos que soltaron su gato a retozar, intentando hacerse de las históricas siglas. En esa condición vino a Chihuahua para presentar como nuevo delegado nacional a Fernando Moreno Peña, político de la vieja escuela con ganas de trabarse contra “los traidores al partido”. Ganadora indiscutible, señorea en un PRI al fin libre de opositores impertinentes, llevando de operador principal a Omar Bazán, su aliado y brazo derecho en los tiempos de la refriega. Conoce y disfruta su triunfo, se nota en que no puede evitar esa picara sonrisa que revela su regustillo de saber afianzado el liderazgo.
















