*Medio tramo; Javier en dos tiempos

* Y cuando despertó, Duarte seguía libre

A mitad del camino, 29 de 60 meses por el año restado para emparejar las elecciones estatales y federales, observo a un mismo gobernador en dos momentos distintos. Javier Corral sigue siendo el mismo, histriónico, desafiante, retorico, ocupado en ganarse un espacio en el ecosistema nacional de la política, con la única diferencia de que sus prioridades han cambiado. Vive otro momento.

En los primeros dos años puso a César Duarte en el centro de su acción gubernamental. Lo mismo volteó al pasado para decir que recibió un estado en quiebra y finanzas colapsadas, un “tiradero”, que para referirse a la “Operación Justicia” como su principal objetivo. La idea era, por cualquier medio, exhibir la corrupción de César Duarte y llevarlo a prisión, mostrarlo como ejemplo del combate a la impunidad.

Puesto su empeño en esa tarea única, desmanteló y rehízo el Supremo Tribunal de Justicia a su entera satisfacción, contrató de asesor al que juzgo el mejor abogado para el caso, Maclovio Murillo, retorció la ley para mantener detenidos a inocentes, confabuló –dicen- con Osorio Chong para detener a una figura de amplio perfil, Alejandro Gutiérrez, con las cuales atraer reflectores nacionales, desafió a Peña Nieto con la marcha por la dignidad y ofreció encarcelarlo. Hizo lo que nadie con tal de apresar “al vulgar ladrón”, llevándose en el camino a inocentes y forzando la estadía en el CERESO de casi todos los detenidos. Por ley la mayoría deberían llevar su juicio en libertad.

Si un periodista paciente y acucioso hiciese un conteo de las veces que mencionó a César Duarte, de cualquier forma en la que se haya referido a él, encontraría que estuvo presente en casi todos sus discursos importantes y también la “Operación Justicia para Chihuahua” fue mención habitual durante los primeros dos años. Tras cada noticia de nuevo detenido partía de prisa a la ciudad de México o se enlazaba en medios nacionales para volver sobre el mismo discurso; la corrupción del pasado y el arsenal probatorio contra Duarte. Los convirtió en estribillos.

Así estuvo hasta que, convencido de que le ganaba el tiempo, encontró nuevo sentido a su gobierno: encabezar la corriente de contrapeso a un presidente vertical y autoritario como López Obrador. Lo deslizó primero en Reforma, cuando se ganó el calificativo de “ternurita”, y lo peloteó en diversos momentos hasta llegar al informe del viernes pasado, cuando oficializó la nueva prioridad.

En su mensaje del segundo informe se refirió a la extradición de Duarte –al que nunca mencionó por su nombre- casi por obligación, recordando que habló con Hertz Manero y Marcelo Ebrard, de quienes dijo le tienen prometido agilizarla. Pero la parte sustantiva de su discurso quedó en los contrapesos del federalismo. Ahí ésta el discurso; ahí la campaña oficial del informe.

Por eso digo que veo a un mismo Javier en dos momentos diferentes. Para sentirse pleno necesita tener adversarios enfrente, así encuentra propósito y sentido a su actuar político. En la etapa de gobernador primero fue César Duarte, hoy el objetivo es López Obrador y mañana Dios dirá, pero irá contra alguien o contra algo.

Detener a Duarte no pudo, es improbable que consiga extraditarlo en el tiempo que resta de su administración, o pongamos que no ha podido pensando en la vaga esperanza de que lo traiga. ¿Hacia dónde lo lleva su idea de convertirse en cabeza del movimiento federalista de los contrapesos? No veo destino en su nuevo propósito.

Mi apreciación es que falla en dos principios fundamentales que podrían terminar fundiendo su brillante carrera política.

Primero: Decide encabezar un movimiento sin tener asidero doméstico. Mirando sin parpadear hacia la política nacional descuida su propia sucesión y se coloca en situación vulnerable. Piense, amigo lector, en octubre del 2021 y ponga en la gubernatura a un adversario de Corral, sea de Morena, Independiente o del PAN. Sin sucesor cómodo que lo cuide y respalde, serían marginales las posibilidades de que transite con éxito portando la bandera de los contrapesos.

Antes de ir contra López Obrador debe –está en tiempo- ocuparse de la política doméstica, tomarse el tiempo que reclama el compromiso de gobernanza y conducir la sucesión. Intentar escalar hasta lo más alto de la política nacional, obviamente está en precampaña por la presidencia, sin estar afianzado en lo que deberían ser sus fortalezas, va contra toda lógica política. Necesita una base de impulso que a la vez le proporcione seguridad. Antes de una batalla importante, cualquier general asegura su retaguardia y convence de la estrategia a su Estado Mayor. No tiene chiste, es de sentido común.

Al verlo en oficio de líder opositor me pregunto si tiene clara su relación con el sector empresarial, ha reparado en la profunda división de su partido, revisado el agrupamiento de fuerzas alternas y el apalancamiento de Morena en la plataforma electoral de los programas sociales. Su estrategia de comunicación gira en torno a los medios “amigos” en la ciudad de México y las producciones de su equipo ¿Creerá que los medios locales serán mirones de palo en la sucesión?.

Segundo: combate la dictadura de un presidente en su momento de mayor fortaleza, cuando presenta porcentajes de aceptación entre 70 y 80 por ciento, tiene los otros poderes a su servicio y, particularmente, toda palabra que sale de su boca es verdad por el hecho de haberla pronunciado.

Sin asidero propio desafía al gran Tlatoani cuando éste atraviesa su mejor momento. Inaudito.

El cuento más corto es en realidad aterradora conclusión de una historia que el autor dejó a la imaginación de sus lectores: Y cuando despertó, el monstruo seguía ahí. Así Javier, cuando vio consumida la primera parte de su administración, observó que César Duarte seguía libre y, sin tiempo para rescribir un final a modo, cambió de monstruo por uno digno del gran polemista y campeón del federalismo. Entonces eligió al más grande entre todos posibles.

Ponga usted a este cuento de Javier el final que apetezca, yo cumplo abriendo espacio al suspenso.