Las Masacres

JAIME GARCÍA CHÁVEZ.-

Debemos a la pluma de Eduardo Guerrero Gutiérrez un estupendo, breve y realista texto que se centra en un aspecto de la ausencia de paz que padece el país y tiene por nombre “las masacres”. Una definición de diccionario nos dice que masacre es una matanza de personas, por lo general indefensas, producida por ataque armado o causa parecida. Sin embargo, la sociología, la criminalística y la estadística someten el término al rigor de la ciencia para su medición y su empleo preciso, que se traduce en un conocimiento al margen de la subjetividad. En ese marco, el comunicador nos habla de que se trata de la acción de un grupo criminal que asesina cuatro o más personas en un solo evento.

Si bien se puede considerar un aspecto de la circunstancia mexicana que ya se mide por décadas, sin solución a la vista, cuando se hace el recuento no puede ser más escalofriante o estremecedor, porque habla de una voluntad que crece exponencialmente, que prescinde absolutamente de toda ética y se convierte en la barbarie que vulnera el derecho fundamental a la vida. Aquí no importan ni los mecanismos de la agresión, ni el uso discriminatorio de armas, ni el lugar, sino producir un resultado propio de la barbarie y la depredación. 

El tema ya ha ocupado a investigadores y se ha puesto el acento sobre el carácter peculiar de esos fenómenos y su distribución en el mapa de la república –Chihuahua, preponderantemente–. En el mismo sentido, esas investigaciones nos advierten de una política pública para encarar con eficacia que produzca prevención este tipo de deleznables acontecimientos. Basándonos en Guerrero Gutiérrez y abundando en información, podemos sintetizar este fenómeno y contribuir con algo más para la mejor aproximación a él.

El también investigador de una consultoría privada que trabaja con esmero estos temas, nos brinda una radiografía condensada sobre las masacres en el país, su incidencia y su caracterización. Va una reseña:

El promedio mensual de estos sanguinarios eventos durante el primer trimestre del nuevo gobierno fue de 32.3 (parecido al 32.7 que promediaron al mes durante la segunda mitad de Felipe Calderón). Durante diciembre, enero y febrero de 2019, las entidades más afectadas por las masacres fueron Guanajuato, con 18; Jalisco y Tamaulipas, con 14; Chihuahua, con 9; Michoacán, con 8, y Veracruz, con 5. 

Luego de hacer un repaso a nivel municipal, resultó que en Chihuahua, Ciudad Juárez es de los más violentos en este nuevo gobierno. En Ciudad Juárez, por cierto, se registraron ni más ni menos que 183 masacres durante el sexenio de Calderón (recordemos que fue la ciudad más violenta del mundo en 2011); después las masacres disminuyeron en Ciudad Juárez y ‘sólo’ se registraron 30 en el sexenio de Peña Nieto.

Para el autor hay algo de enigma en esto, que nos privaría de una aproximación a la lógica que tiene la incidencia de este exterminio. Él apunta lo siguiente:

  1. Las masacres ocurren frecuentemente en ciudades donde conviven grandes y pequeñas organizaciones criminales;
  2. Son de carácter altamente epidémico, “contagiosas”;
  3. Agrega que un aumento de masacres puede coexistir con el descenso de ejecuciones; y
  4. Que se recrudecen cuando aumenta la competencia criminal.

Otros periodistas han sintetizado estas investigaciones con cuadros o gráficas que todo lo dicen por lo que se refiere a nuestra entidad:

Ciudad Juárez ocupó durante todo el sexenio calderonista el primer lugar en incidencias de este tipo, y la capital de Chihuahua osciló en el mismo periodo entre el cuarto y el quinto lugar. En cambio, en la administración de Peña Nieto desparece Juárez en el primer trienio, pero Guadalupe y Calvo figura en el quinto lugar; sin embargo, en su segunda mitad Juaréz y Chihuahua reaparecen en cuarto y quinto lugar, respectivamente.

En lo que va de estos meses de la administración de López Obrador, Juárez toma nueva nuevamente el ominoso primer lugar. El hecho es que en todo este ciclo, la entidad siempre figura, siempre está en esa lista negra. 

Para ilustrar el fenómeno damos una relación de masacres ocurridas en el estado de Chihuahua durante la década comprendida entre 2008 y 2018, y lo que va de 2019. Según conteos periodísticos basados en fuentes como Newsweek y otros, se han registrado 26 masacres, principalmente en Juárez y Chihuahua, sin descartar a comunidades como Creel y Guadalupe y Calvo, entre otras regiones con menos saldos pero igualmente trágicas y preocupantes. Las más conocidas por su difusión figuran las de Salvárcar, Creel, Bar Ríos Rosas, entre cuyas víctimas se encontró al periodista David García Monroy; y de centros de rehabilitación El Aliviane, de la colonia Bellavista, o Uniendo Familias, de la colonia Rosario, o el de la colonia Revolución donde 19 internos de otro centro de rehabilitación fueron “fusilados”, así como el del bar Far West, donde murió, entre otras ocho personas, el talentoso músico concertista Fernando Rivera, miembro de la banda de música regional que amenizaba esa noche de febrero de 2012.

Dos cosas para concluir: es válida y pertinente la recomendación al gobierno de Andrés Manuel López Obrador de que se establezcan mecanismos de prevención (el analista las denomina “alertas tempranas”) para abatir este fenómeno. 

Y a Javier Corral está de más hacerle la misma sugerencia: hoy se empeña en llevar a juicio a Alberto Elías Beltrán, el último procurador de la era Peña Nieto, y al alcalde Carlos Tena Nevárez. No tiene tiempo para esto, lo fundamental. Y aunque lo tuviera, hoy es el rey antiMidas: todo lo que toca lo convierte en fierro viejo. O menos.