*El duartismo acecha a la Uach

* Conspiran añosos fantasmas

*¿Recuperó Javier la cordura?

* A Tres años ¿Volvió en sí?

La bajeza de tender una celada al rector Luis Fierro, grabándolo sin su autorización y distribuyendo la cinta con el evidente fin de hacerlo pasar por autoritario, describe a Roberto Díaz Fierro, director de Derecho, como una persona ruin y encima pusilánime; ruin por la perversidad premeditada con que actúa, pusilánime por que su ardid en lugar de comprometer al rector, expone al propio Díaz. Hasta pendejo, dicen en los pasillos de la Facultad.

Los apetitos de poder que estimulan la insubordinación de Díaz Fierro son peligroso, el abogado fiscalista juega con la tranquilidad de la Universidad y por lo mismo debe detenerse cuanto antes. Cualquiera sabe como inició un conflicto, muchos de qué manera escala, pero nadie como ni cuando terminará. Los mismos universitarios comprometidos con su Alma Mater tienen la obligación de frenar esa locura.

El director insensato, sin advertirlo, es títere de fuerzas oscuras que estimuladas por fines aviesos, oportunistas que juzgan debilidad en las autoridades universitarias y distracción en el gobierno de Corral y suponen una oportunidad de empoderarse a la mala.

Esto explicaría el activismo de un reducido grupo de añosos universitarios, fantasmas del pasado que dejaron sus hamaca poniéndose al frente de la conspiración. Entre ellos cuente a Rodolfo Torres Medina y Mario Trevizo, ambos inscritos en el circuito de los maxijuicios por la corrupción de Duarte –A qué le tiran, hijitos- a quienes acompañan Fito Acosta y Alfonso Ramos Peña.¿Qué los motiva? Tras los conspiradores no veo más que las orejas de Duarte y el despropósito de restaurar el autoritarismo en la Uach. La mejor prueba es que, defendiendo la ilegalidad y sin banderas legítimas, hacen salir a los muchachos a la calle con la creencia de que así pueden encender la mecha. Otra vez, aguas, juegan con fuego.

Rompeolas

Hurgando en el extenso discurso pronunciado por Javier Corral el día que protestó el cargo, cuatro de octubre del 2016, encontré solo una pincelada, contenida en medio párrafo, sobre obra pública estatal, siendo una tarea prioritaria en toda administración gubernamental. Hablamos del motor que impulsa al desarrollo económico de toda sociedad.

Visto a dos años y diez meses, aquel lejano mensaje a los chihuahuenses describe un modelo romántico de gobierno, una concepción teórica construida en narrativas del deber ser, muy próxima al concepto de utopía. Desdobla una idea desprovista de metas contrastables que lo definan, sin políticas públicas que proveyesen a su administración de referentes prácticos, de acciones temporales medibles.

“Estoy atado a solo un compromiso, encabezar un gobierno que garantiza las libertades y derechos fundamentales… El régimen político actual está agotado, ya es incapaz de solucionar la conflictividad social… Quiero que nuestro gobierno sea una respuesta a la restauración autoritaria… El gran reto que tenemos en Chihuahua es romper el pacto de impunidad… He ofrecido a todos los chihuahuenses llevar a la justicia a César Duarte… Hay que generar una verdadera profesionalización de la policía… Les recuerdo que la función pública no es un medio para hacer realidad los apetitos personales sino un instrumento de servicio al pueblo… Ya no queremos que nos maten a los jóvenes” y un extenso bla, bla, bla, y más bla, bla, bla que le llevó casi tres horas pronunciarlo.

En ese discurso de idealizaciones dedicó a la obra pública cinco líneas dispersas, enunciativas de pasada y a la vez moteadas de su concepción idealista: “Implementar una política de contrataciones públicas que no sólo garantice las mejores condiciones para el Estado en adquisición de bienes y construcción de obra pública, sino que propicie un entorno de competencia adecuado en el que todas las empresas proveedoras del Gobierno desarrollen al máximo sus capacidades productivas”. Las cerró con otras cinco donde promete que “dará prioridad en las contrataciones públicas a aquellas empresas que ofrezcan mejores condiciones salariales a sus empleados, que utilicen o impulsen las energías renovables o que apoyen de manera directa a los grupos más vulnerados de nuestra sociedad”.

El mundo al revés, los empresarios avenidos a una competencia hermanable, sin propósitos de tomar ventaja ni valerse del influyentísmo -Los primeros en sumarse al llamado fueron Madero, Riggs y Pinedo-. Sorprende el grado de disociación que un gobernador tiene con la realidad en la que debe desempeñar el cargo. Sin bajar del mundo de las ideas construye su visión apartado del Chihuahua que palpita, sufre, ríe y se desvela en calles, plazas, merenderos, cantinas, oficinas lustrosas y barriadas.

Su afán es el de un maniqueo soñador cuyo fin consiste en transformar la política, el gobierno, la sociedad, moldearla con pretensiones trascendentales para que, en el futuro, quede a modo de su ideal teórico. Al releer ese discurso llega uno a la conclusión de que no repara en gobernar mirando las necesidades y apuros diarios de la sociedad, en la temporalidad de su cargo, en su caso de sólo cinco años. No, su apuro y prioridad es moldearla, hacerla a su visión de líder honesto, transparente democrático. Así sueña con que sea la sociedad que gobierna.

Las consecuencias de esa visión utópica desbordan y trascienden su administración, debieron pasar dos años y diez meses para darse cuenta de que la obra pública es fundamental en todo gobierno. Y para llegar a una conclusión de sentido común y de la mayor importancia, su espíritu transitar sobre una pesadilla de frustraciones persiguiendo, obsesivo, a César Duarte; luchando contra el “ominoso” Poder Central que pisotea a Chihuahua. Soportó un océano de criticas que denunciaban la parálisis de su gobierno, se tragó el silencioso reclamo de colaboradores cercanos que, decepcionados, pusieron distancia de su administración, padeció la amarga impotencia frente a la crisis financiera, lloró la muerte de seres queridos.

Sólo así, purgando las consecuencias de vivir ajeno al entorno que lo circunda, pudo darse cuenta de que hay un Chihuahua más allá de su imaginario conceptual, más allá de la utopía del deber ser, más allá de una retorica tejida entre las nubes. Se ha dado cuenta al fin, parece, y con buena fe supongo que pretende corregir el rumbo.

Más vale tarde que nunca, ayer en el Lago Di Como presentó un prontuario de obra pública dotado con casi 19 mil millones de pesos. Bienvenidos, la entidad está urgida de esa importante derrama económica. Maravilloso si consigue aplicarlos en el lapso de dos años, el tiempo que restan a su administración.Sin embargo moderemos el entusiasmo, propongo cautela. En lo personal tengo mis dudas y juró por mis muertos más frescos que no son de mala fe, están fundamentadas en su probada impericia y la de sus colaboradores para gobernar. Con que licite y ejerza el diez por ciento de los 19 mil millones me conformo, dijo uno de los bribones que consumen media mañana y cien tasas de café –cómo pueden tanto- en la mesa del Mirador. Guardemos el texto de ayer, será de utilidad al cierre de su administración, así sabremos si el bribón del Mirador acertó en su pronóstico o Javier le tapó la boca. Hago changuitos, cruzo los dedos, pronuncio cuanta jaculatoria recuerdo e invoco a todos los santos para que callen al bocón.