¿Quién gobierna en Chihuahua?

Parte II: cuando la oficina enfada

froylan-columnista

 

Intuyo que Javier Corral sufre con la responsabilidad, a la distancia percibo enfado en el trabajo que termina por convertirse en tediosa rutina que no puede sacudirse. Como todos los políticos, disfruta ejerciendo el poder, verse objeto de adulaciones, la obsequiosa pleitesía del “si señor”, disponer de personas y recursos, saberse el hombre más importante de Chihuahua. Tengo, no obstante, la impresión que lo enfada, le duele, la responsabilidad de verse sujeto a una agenda extenuante, ir de presídium en presídium, reunión tras reunión y saber que, guste o no, necesita atenderlas, sonreír cuando la ocasión amerita o ensayar su rostro de contrariedad, el gobernador valiente que se atreve donde otros reculan, al que nadie doblega y jamás pondrán de rodillas.

Hago un repaso de su actuación pública y concluyo que sólo cuando invita a las carreras festivas, habla de César Duarte, Peña Nieto o los maxijuicios de la corrupción se muestra cómodo. Entonces es el Javier tribuno de retorica profunda y voz impostada al que no le importa –más bien personalmente gestiona- ir a la ciudad de México ofreciendo entrevistas para anunciar nuevas ordenes de aprehensión contra Duarte, la intención de llevar ante la justicia a Peña Nieto, la revelación de que le han ofrecido acelerar la extradición. Por imagen o estrategia deja en manos de los secretarios temas de la mayor relevancia para la sociedad; seguridad, salud, política doméstica, de obra pública no habla, de acciones para el desarrollo económico menos. Son temas fuera de su agenda personal. Que los aborden otros, el señor tiene ocupaciones mayores.

Lo imagino un domingo en la noche pensando, con angustia del escolar renuente a levantarse para ir a clases, en que terminó el fin de semana y mañana será lunes. Maldita sea, volver al trajín diario: enterarse de nuevos homicidios, lidiar con secretarios incompetentes, atender medios, presidir reuniones, desahogar comidas y desayunos de trabajo, enterarse de las dificultades en el Congreso, hablar con magistrados y consejeros, aceptar que López Obrador lo engañó y recortó el presupuesto Federal a Chihuahua, que Duarte sigue muerto de risa viajando entre El Paso y Miami y, lo peor, que salió de casa sin recibir permiso de su mascota más querida. Lo ha puesto en sus redes, no es burla.

Tengo la noción de que trabajar le duele por que jamás en su vida de político profesional ha estado sujeto a horarios estrictos y jornadas diarias, siempre ha dispuesto de su tiempo sin limitaciones, obró despreocupado de rendir cuentas. Empezó de diputado local, luego presidente del Directivo Estatal, después diputado federal, senador, otra vez diputado federal y de su segunda experiencia legislativa en el senado pasó a gobernador. Son muchos años, más de dos décadas, en la libertad plena de ajustarse a su agenda personal, asistir a las sesiones y salirse cuando le parezcan intrascendentes, tomar las luchas elegidas por sí mismo, asistir a programas de radio o televisión donde puede mostrar su formidable retorica, ir de vacaciones a donde quiera, cuando quiera y con quién quiera.

Si, el cambio de vida es brutal, hoy sabemos que no estaba preparado para asumirlo. Por eso los fines de semana largos escapando a su departamento de Mazatlán, las relajantes y largas jornadas de golf, incluidos los 18 hoyos entre semana, la agenda reducida a los cinco días hábiles de la semana, las fugas esporádicas cada que encuentra una ocasión.

Necesita, más que otros gobernadores, espacios para distraerse, la presión de la agenda diaria lo satura y decide escapar de palacio, ausentarse, recobrar la paciencia y recargar baterías para volver a la responsabilidad que le incomoda.

Ha pasado la mitad de su administración, son dos años y tres meses los que dejó atrás y sólo tiene otros dos por delante para reencausar el rumbo de su gobierno, darse cuenta que de aprendizaje fue suficiente y aceptar que no puede cerrar la administración diciendo que falló contra Duarte por que Peña y López Obrador lo protegieron, que la deuda heredada resultó inmanejable, la reestructuración insuficiente y en consecuencia nunca hubo dinero para resolver las mayores urgencias en salud, obra pública y promoción del empleo, que la seguridad es asunto de la Federación… pero, sintiéndose satisfecho y orgulloso de su gobierno, se va sabiendo que los chihuahuenses aplauden su desafío de gran opositor al nuevo régimen, esperando verlo en las boletas presidenciales del 2024.

Hago estas reflexiones a mitad de su administración porque, como dije al principio de la primera parte, deseo con sinceridad que Javier Corral redefina sus prioridades con Chihuahua y ponga en el centro de su agenda los asuntos sustantivos tantas veces citados. No son excluyentes con la extradición de Duarte, sólo necesita darles más importancia, entender que al jurar el cargo dejo de ser el político opositor de mente afilada que ante nadie baja la cabeza, para convertirse en gobernante y todo lo que implica el cargo. Son mis sinceros deseos ¿utópicos y soñadores? Puede, pero no dejan de ser deseos.