Jaime Bonilla no debe pasar

* Que Javier se divierta en paz

* Muy moralinos, los morenos

Desde que trascendió el albazó en el Congreso de Baja California, donde diputados del PAN, PRI, Morena y PRD extendieron de dos a cinco años el periodo gubernamental de Jaime Bonilla, algunas de las voces más criticas del país previnieron a la sociedad de que se podía tratar de un ensayo para futuras reformas reeleccionistas. Enviaban un mensaje al presidente López Obrador.

Entre esas voces están las de Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo, Diego Fernández de Ceballos, Felipe Calderón, Tatiana Clouthier y otros prominentes políticos. También algunos de los columnistas y analistas políticos mejor acreditados del país. Con muy contadas excepciones, como las de Yeidkol Polensky, impresentable dirigente de Morena, la reacción de rechazo y sospechas de continuismo fue unánime.

López Orador, habitual en él, guardó distancia, como dejándolo pasar. Sus primeras declaraciones fueron las de alguien que resta importancia a un acontecimiento de ese tamaño, casi como si hubiese sucedido en otro país; allá los bajacalifornianos. ¿En serio así de superficial observa el presidente la violación de la constitución y las leyes en perjuicio de los electores en el vecino estado fronterizo?.

En ese tono, ajeno y displicente, se mantuvo hasta el viernes pasado, cuando un periodista terco lo presionó, durante una gira en Nayarit. “Si lo hubiesen consultado, ¿Qué les hubiera dicho?”, preguntó el periodista. El presidente se enganchó: “Que no, pero esas cosas a mi no me las consultan ¿Cómo me van a consultar eso?, si ya saben muy bien”, respondió como queriendo dejar ahí el asunto.

En la misma gira otra periodista le preguntó si “su autoridad moral no condenaba ese tipo de hechos”. Volvió a engancharse: “imagine si se de éste caso, de que los legisladores me hubiesen pedido mi opinión ¿Cómo estaría hoy? Se me caería la cara de vergüenza, sin autoridad”. Entre paréntesis diré que en esta parte el presidente dice verdad, no lo consultaron los diputados, lo consultó Bonilla.

No obstante el rotundo no y el “se me caería la cara de vergüenza”, volvió a protegerse en el blablablá, de su autoridad moral por que “nosotros somos diferentes”, aquello de que el influyentísmo del presidente se acabó, ese estribillo que tan bien ensayado que tiene y así dejó el tema en manos de las autoridades competentes Corte y Tribunal Electoral-, pues él ya no interviene, ¿Verdad?. Ajá.

En un país de acentuado presidencialismo como el nuestro, y más en el nuevo oficialismo, nada importante se mueve sin la voluntad del gran tlatoani sexenal. López Obrador es de los dictadores que pretenden pasar por demócratas, por eso gobierna a través de mensajes en las ruedas de prensa matutinas. Desde ahí emite instrucciones a secretarios y operadores del nuevo régimen y éstos las acatan de la misma forma en que si las hubiesen recibido por escrito, con firma del presidente.

¿A que darán prioridad sus operadores en el Ejecutivo, en el Congreso y sobre todo en la Corte, al tímido no por que “se me caería la cara de vergüenza” o al ambiguo dejen que las leyes resuelvan el asunto”, lo que equivaldría a permitir que Bonilla se salgan con la suya.

Si el senado permanece distante o la Corte no se pronuncia rápido, para regresar el periodo a los dos años, las sospechas generalizadas sobre el ensayo continuista de López Obrador quedarán confirmadas, como advierten tantas voces importantes del país.

Ese albazo debe frenarse, no por Baja California, ni por Jaime Bonilla, es imperativo detenerlo para sentar un precedente contrario al que buscan quienes juegan con la idea de un gobierno transexenal. Es mejor decirle de una vez que no, a Correr el riesgo de que en cuatro o cinco años desquicie al país, pensando que puede reelegirse.

Rompeolas

Entre quinientos mil y un millón de dólares, dependiendo del sapo, el soborno recibido por los diputados -21 en total- para regalarle a Bonilla tres años más de gobierno ¿Cuánto estará calculando que valga, para él, cada año en el gobierno? La desvergüenza y el cinismo sin límite. ¿Y para Kiko Vega? Pasaporte a la impunidad. Bienvenido el nuevo oficialismo, donde nadie miente, nadie roba y nadie traiciona al pueblo.

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Otra vez la polémica por que Javier Corral sale de vacaciones. Dejen al inocente que juegue golf, tenis o canicas en paz, da la misma si está en Chihuahua, Mazatlán o la sierra, de todas formas no hace nada. ¿Quién los entiende?. Si sale por que sale, si está por que no se nota. Ningún chile les embona.

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Si van presentar ante la Comisión de Honor de Morena a la diputada Ana Estrada, a causa del panchito que hizo el viernes, exhibida ebria por los extorsionadores del Nuevo Amanecer, piénsenla bien, a ese paso ningún diputado o líder partidista se salva. Ya ni una diputada puede brindar sin peligro de sufrir el escarnio público. No sean así, también la señora tiene derecho a darse sus gustitos, aunque sea de vez en vez.