*¿Mordió más de lo que puede tragar?

* El ser o no ser legislativo

* Oportunismo equino; bribonadas

Hoy es un día importante en la extendida vida pública de Javier Corral, un espléndido polemista que consolidó su carrera política desafiando desde la critica descarnada a gobiernos formalmente establecidos y tampoco contuvo sus impulsos cuando de reducir a compañeros de partido se trataba. La camorra dentro y fuera del PAN, fue –es- lo suyo.

Lo recuerdo desde que hacía sus pininos llamando a los priistas “pillos de siete suelas”, “comaladas de nuevos ricos sexenales”, “corruptos incorregibles”, una serie de frases hechas componían su estrecha narrativa hasta que la depuró con el tiempo y consiguió consolidarse como uno de los legisladores más exitosos del país.

Ha sido la suya una historia de condenas estridentes, exigencias desenfrenadas, señalamientos floridos, una tarea concentrada en destruir. Veía que alguien estorbaba sus planes y, sin pensarlo, cargaba contra él; tenía por débil a un actor cuya desgracia pavimentaría su camino y saltaba sobre su yugular; tenía por desafiado su camino ascendente y no reparaba en administrarle los calificativos más hirientes.

En ese propósito destructivo se volvió experto, muchos aplaudieron su valentía, elocuencia y oportunidad, adulación que alimentó su soberbia hasta el punto de convertirse en un burlón de sus propios compañeros. Desde la comodidad de la tribuna y la protección del fuero, pontificó sin temor por que jamás desempeño cargo ejecutivo o tarea administrativa en la cual presentar resultados ante la sociedad.

En la rendición de cuentas y la responsabilidad no se había calado hasta que llegó al Gobierno del Estado, en octubre del 2016, y entendió la diferencia entre gobernar y criticar; entre disponer de todo el tiempo a su antojo y cumplir una agenda pública apretada. Sigue tomándose, hasta la fecha, puentes largos y fines de semana completos.

Sufrió en carne propia aquello de que no es lo mismo ser “borracho que cantinero” y ante la imposibilidad de dar resultados en su tarea de gobernar, se refugió en la misma trinchera que otros ineficaces; echó culpas sobre el pasado, en su caso al “Vulgar Ladrón”, mote que endilgó a César Duarte.

Cuando falta poco más de un año para dejar el gobierno –estoy convencido que pedirá licencia para irse de diputado pluri- dejando atrás una administración de mediana hacia abajo, apostó su resto por una reforma electoral revestida de ciudadana.

Hoy será votada, pero en la efímera discusión ha trascendido que la rechazan los partidos políticos de oposición y la mitad del PAN ¿Cómo hacerla transitar si pisotea el derecho más sagrado de los partidos; el siempre socorrido dedazo”?. Ahí está el desafío, hacer votar a los diputados contra su tradición antidemocrática.

Su apuesta es de alto riesgo por razones de forma: La iniciativa no es ciudadana, sino impuesta desde el poder; no es democrática por que negaron su discusión pública; no es de interés ciudadano, a la gente le importa tres cacahuates como eligen los partidos a sus candidatos. De sus motivaciones personales, hablo luego.

Encima parte de un presupuesto falaz; la creencia de que los políticos son odiados por antidemocráticos. Falso, el desprestigio se debe a la corrupción, excesos, abusos, indolencias e ineficacias de muchos gobernantes. Si ejercieran sus deberes con sabiduría, poniendo los intereses de la gente en el centro de sus prioridades, resolvieran problemas en vez de crearlos, la comunidad los adoraría así hubiesen salido del infierno. ¿Es tan difícil entenderlo?.

Esta vez no haré pronósticos, dejo los momios 50-50. De las consecuencias, cualquiera que sea el resultado, hablaré mañana, sólo adelanto que no veo de que forma el PAN y el propio Javier puedan salir bien de ésta.

Rompeolas

El protagonismo de Alfredo Lozoya no encuentra límite. Presentó una moción para que los diputados incluyan en la Reforma Electoral un apartado donde queda prohibida la entrega de recursos públicos a partidos políticos y a los aspirantes independientes. Es una exigencia ciudadana de tiempo atrás, pero el ladino sabe que eso nunca sucederá, los diputados y presidentes de partidos preferirían cortarse las dos piernas –necesitan ambas manos para recoger tanto dinero- antes que votar un articulado en ese sentido, Hay que tomar la moción como es, oportunismo equino.