*Primer rejón de castigo, hasta el fondo

* Con el orgullo maltrecho

* El síndrome de “fin de sexenio”

* Era misión imposible, Fernando

Javier Corral se percató ayer que Chihuahua no es una aldea, virreinato o ínsula barataria. La votación abrumadora contra la Iniciativa Electoral -22 por el No, 11 por el Sí- es una bofetada a su ensanchada soberbia. Mordió más de lo que podía engullir y se atragantó. Lo que no entiendo es porque ir hasta el final sabiendo que saldría con el orgullo maltrecho y la dignidad perdida ¿O tenía otros datos?

Pudo retirarla y evitar la vergüenza ¿Porqué la mantuvo? Sospecho que es víctima del síndrome de “fin de sexenio”, común entre gobernantes. En grado moderado es la perdida del sentido de oportunidad política, en severo la disociación de la realidad.

Llegan a creer que pueden manipular la política a sus intereses, usualmente descabellados, sin darse cuenta de que se alejan de la realidad o pierden piso. Javier no es más importante que el PAN ni mucho menos que la política. El poder tiene límites y es de sabios encontrarlos, saber hasta dónde jalar antes de reventar la liga.

La Iniciativa no es mala, los partidos necesitan democratizarse, abrir espacios a la participación ciudadana, especialmente en la elección de candidatos pues son potenciales gobernantes. En México la partidocracia es un negocio familiar o de intereses grupales financiados con recursos públicos. Inadmisible, necesitamos poner fin a esos y otros privilegios.

El problema de Javier fue su imprudencia, permitió que asomaran sus oscuras pretensiones: intervenir ilegalmente en las decisiones internas del PAN intentando imponer de candidato a un senador impopular de gris figura como Gustavo Madero, al que nadie concede oportunidades contra Morena, a cambio de inhabilitar por las malas a Maru Campos, la candidata natural del PAN en la presente elección. No es contra Gustavo ni a favor de Maru, es lo que arroja el momento electoral.

Encima se apresuró a promover la Iniciativa en foros nacionales, dejando ver que otro de sus objetivos –desde mi punto de vista el más importante para él-: tomar la Ley de Chihuahua como instrumento de campaña nacional, haciéndose pasar por el gran campeón de la democracia, el que ciudadanizó a los antidemocráticos partidos políticos.

¿Cómo esperaba que la Iniciativa recibiese acogida dentro del PAN si llevaba la perversa intención de favorecer al candidato “perdedor”? ¿Cómo supuso que podría doblegar a los partidos políticos –a sus diputados en el Congreso- si la Iniciativa que presentó desmontaba el monopolio del dedazo? ¿Cómo creyó que no recibiría respuesta de Morena y sus partidos satélites en la ciudad de México, si adelantó que la jugada final iba contra López Obrador?.

A excepción de su obsesión por detener a Duarte, había logrado salirse con la suya, pero en la votación de ayer recibió el primer rejón de castigo, pinchazo que lo hace impredecible y más bravo. Se confunden quienes piensan que su poder terminó, aunque disminuido sigue siendo el mismo Javier pero con el orgullo herido, seguirá intentando con Madero, probablemente con mayor decisión. Es demasiado soberbio para claudicar.

Sintiendo la punzada del rejón, arrastrando la soberbia y víctima del síndrome de fin de sexenio, es un gobernador muy peligroso. Le han negado el juguetito con el que pensaba presumir ante el círculo de intelectuales orgánicos que usualmente lo adulan, imperdonable para alguien acostumbrado, desde chico, a cumplir sus caprichos. Además la vergüenza es nacional, fantaseó presumiendo que había triunfado donde otros fracasaron, imaginen su encabronamiento.

Hasta el final, todavía después de perdido, César Duarte pensó que podía revertir los resultados del 2016 y hacer ganar a Serrano en los Tribunales. Nunca se percató del enorme descrédito y enfadó ciudadano contra sus desplantes abusivos. Hoy está huyendo y Serrano es un desecho político.

Javier ayer se percató que no juega sólo, hay otros actores importantes en la arena. Me pregunto si habrá entendido el mensaje que le dio la política o, como Duarte, seguirá obstinado hasta el final y hará de Madero su Serrano, socavando sus prematuras y delirantes aspiraciones presidenciales. No se, hay piromaniáticos que con tal de ver arder, son capaces de prender fuego a su casa.

Rompeolas

Fernando Álvarez Monge y Jorge Issa, dos de los cabilderos más comprometidos con el Si, no deben sentir responsabilidad por el sentido de la abrumadora votación en contra. Pudieron sacar la Ley del Transporte y otras, pero ésta vez los enviaron a una misión imposible. En todo caso que cada diputado, especialmente los dos PAN que se partieron en dos, asuma la responsabilidad de su decisión. Quizás les sirva de aprendizaje y comprendan que la política no es sólo hacerse seifies, repartir despensas y enviar mensajitos bien.