*Mueve más la esperanza que la gratitud

* Importancia de respetar estatutos

* Barrio debe ser mediador, no actor

* Loera se alocó; Cruz ya no juega

No me extrañó, en absoluto, que la corriente interna de Maru Campos haya triunfado, ayer en la sesión de Consejo, sobre la de Javier Corral y Gustavo Madero. Existe una razón muy humana que la explica, expresada en una frase popular: mueve más la esperanza que la gratitud.

Sabio consejo, si la gratitud jala, la esperanza arrastra, mero sentido común. La clase política del PAN ve, con fundado temor, que Morena puede quitarle los privilegios que vienen con el gobierno y toman sus precauciones al margen de sus gobernantes. Quieren sinceramente que su partido conserve el poder.

En Javier Corral ven al gobernador rencoroso desapegado del partido, cuyas acciones podrían dejarlos partidos en dos; en Gustavo Madero al candidato gris que no les garantiza una victoria. Son el pasado, si usted quiere la gratitud. En cambio para ellos Maru es el futuro, la esperanza de mantener cargos o mejorarlos. ¿Es tan difícil entenderlo?.

Como digo, la reacción es más que lógica, saben lo que es tener el gobierno y perderlo a causa de mezquindades, traiciones y luchas internas. El fantasma de Galindo sigue estando presente, de modo que no quieren sufrir otra vez la dolorosa experiencia, de tener condiciones ganadoras y perderlas. Javier vivió de cerca aquellos episodios de ruptura y deslealtades, sin embargo parece el único que las olvidó.

Quitando la obstinación de Javier contra Maru Campos, la solución en el PAN es, en apariencia, sencilla; sólo necesitan respetar los estatutos y emparejar el piso a los competidores. El problema está que la política es interés, agravio, traición, rencor, venganza. Está dominada por las peores y mejores –así de contradictoria- pasiones humanas. Ahí empiezan los problemas.

Sin embargo, pese a todos los agravios que carguen unos contra otros, encuentro incomprensible que Javier Corral y Gustavo Madero no vean con claridad que golpeando Maru Campos se disparan a la pierna. Si presentando un frente común, unido, bien armonizado está difícil contra Morena, López Obrador si sabe que hacer con el poder y no tiene reparo en robarse las elecciones; fracturado el partido al cuarto para las doce, sin tiempo para sanar heridas, no pueden esperar sino la derrota, su derrota.

Antes de tomar cada decisión rupturista, ambos deberían meter la cabeza en un balde de agua bien fría durante sesenta segundos y al retirarla, si ven que persistir la tentación meterla otros sesenta, hasta comprender que siendo los mayores responsables en generar condiciones de éxito electoral para el partido del que todo han recibido, son los primeros en boicotearlo.

Maru y los suyos están a favor de las alianzas, no son tarugos, también ellos quieren ganar. Pero rechazan, con toda razón, los intentos de agandalle donde la Comisión Permanente decida el candidato, dedazo tipo PRI, con el pretexto de que así acordaron en los términos de la coalición. Es rupestre la jugada que pretenden hacer, volteen los papeles ¿Qué pediría Javier Corral? ¿Qué pediría Gustavo Madero? Exactamente lo mismo, que los dejen competir en igualdad de condiciones.

Tengan en cuenta que la victoria conseguida ayer por la alcaldesa no es menor. En los números fríos el resultado del Consejo quedó apretado, 53 votos contra 48, pero si nos detenemos a pensar que la mayoría de los consejeros optaron por rechazar la estrategia del gobernador Corral y de su candidato, Gustavo Madero, dos de los hombres más poderosos en Chihuahua y con amplio peso al interior del PAN, adquiere otra dimensión. En términos políticos es una victoria de David contra Goliat.

Muchos de esos consejeros resistieron presiones, amenazas, insinuaciones impropias, promesas de mejores cargos o salarios y supieron mantenerse firmes. Aparte del natural interés por conservar lo que tienen, advierto que prevalecen atisbos de aquel espíritu democrático que tanto presumieron en el pasado.

Es una severa llamada de atención a Javier Corral para que se comprometa con su partido, no sólo con sus personalísimos intereses. La clase política del PAN le grita en su rostro deja en paz a Maru, no fractures al partido, queremos conservar el gobierno y frenar el avance de Morena. ¿Interpretará correctamente el mensaje? Quizás sus afanes vengativos nublen la razón, pero debería, su futuro político está en juego.

Rompeolas

Francisco Barrio, héroe de 86 y campeón del 92, debería ser un mediador confiable en la crisis del PAN, no un actor más. Ayer fue el orador principal a favor de las alianzas, es decir a favor de Corral y Madero. Está en su derecho de participar, pero se equivoca al tomar partido, debería estar a favor del PAN, no a favor de un grupo específico que lo dinamita desde adentro.