*La frágil “estabilidad” de la seguridad

*Tambores de otra guerra entre bandas

*Andrés Valles, peligro de nuevo estallido

*Cordero ya vio la horrible cara del monstruo

La historia del crimen es larga y conocida en Chihuahua. La recuerdo desde los días de Elías Ramírez, con Fernando Baeza, cuando los capos todavía estaban sujetos a la entonces poderosa Policía Judicial Federal y el gobierno estatal tenía control sobre ellos. Todos tenemos presente la violencia incontenida con Felipe Calderón y Reyes Baeza, la guerra fallida que puso a Chihuahua en el centro de las disputas criminales, dejando una estela de muerte, devastación económica y forzada migración de empresarios. Entonces la vida de cualquier chihuahuense valía menos de tres mil pesos, las crónicas periodísticas de la época dan cuenta del espanto.

Vino Duarte y, pactada o no, justo es reconocer que redujo la violencia e hizo que los chihuahuenses saliéramos a las calles sin temor, pero dejó amplias franjas del territorio estatal en poder del crimen, de modo que ahora los capos decidían sobre presidentes municipales, jefes de policía y hasta directores de obra. Ahí empezaron a ver las alcaldías como parte de su botín y a involucrarse directamente en política, aprobando o vetando candidatos.

En los primeros años de Javier Corral se recrudecieron los enfrentamientos de los grupos criminales. “Nos están probando”, dijo el gobernador tras uno de los enfrentamientos en Gómez Farías que dejó decenas de muertos, pero “ya supieron que no los dejaremos actuar”, remató. Pensaba que con declaraciones los detendría, nada, siguieron actuando y fortaleciéndose en sus territorios, con la desgracia de que aumentaron las muertes violentas.

Sin embargo podemos decir que la entidad está en relativa tranquilidad, entendiendo “tranquilidad” en términos de frontera mexicana, pues somos uno de los estados con más muertos y feminicidios. Frecuentemente aparecemos entre los tres primeros pero no estamos como en Michoacán, Guerrero, Zacatecas, Guanajuato, donde las bandas ahora mismo están enfrentadas.

Dos razones explican esa falsa paz. La primera es que los gobiernos federal y estatal han permitido que los grupos criminales controlen amplios territorios de la entidad y hagan suyas actividades productivas antes orgullo estatal, como la industria forestal; los dejan hacer y deshacer en completa impunidad. La segunda por esa frágil estabilidad de mantener las “fronteras” definidas. No es que hayan firmado la paz, están en tregua forzada por el equilibrio de fuerzas.

El equilibrio es temporal y puede alterarse en el momento que cambie la correlación de fuerzas, punto en el que nuestras ciudades serían escenario de la violenta confrontación. Es una historia muy conocida, recuerden los años entre 2010 y 2014, especialmente en Juárez, cuando los ajusticiamientos callejeros eran de todos los días y las masacres frecuentes, paralizando la actividad productiva. En esos años la construcción se deprimió al punto de que Cuauhtémoc compraba más cemento que Juárez. De las muertes inocentes, extorsiones y secuestros ni hablamos, siguen siendo recuerdo fresco y doloroso en miles de familias.

Lo que sucede ocasionalmente en las “fronteras” nos sirve de advertencia. Pongo los ejemplos de la autopista Jiménez-Parral y las carreteras secundarias que los comunican, y el corredor comercial de Cuauhtémoc. Ahí es donde los puntos de choque están más claramente definidos, dándose frecuentes enfrentamientos entre las bandas rivales. En cada refriega dejan decenas de muertos decapitados tendidos en el camino, escenarios macabros que atestiguan vecinos.

Si damos por ciertas la versiones de que el cartel del Pacífico ayudó a López Obrador a ganar las elecciones en los estados donde tiene amplia presencia –Sonora, Sinaloa, Nayarit, Colima- es fácil suponer que esperan una contraprestación. Ojalá no se les ocurra pedir Chihuahua, plaza que siempre han deseado. Ahí es donde está el mayor peligro para la nueva administración; en una guerra de bandas quedando nuestras ciudades en el centro de la refriega.

El otro peligro, es que el grupo local vea una oportunidad de fortalecerse y decida que llegó el tiempo de colonizar otras áreas de la actividad productiva ¿Le gusta la ganadería, ya de por si muy amenazada? ¿O que regresen las extorsiones a comercios, reclamando derecho de piso? ¿Los secuestros?. Hasta hoy se han contenido, pero las tentaciones son permanentes, hablamos de mentes criminales.

La sierra ya es de ellos, lo mismo Aldama, Ojinaga y Jiménez en el desierto. No hay forma de ir a esos lugares sin pasar sus retenes, a riesgo de ser confundido con el enemigo o verse en medio de sicarios drogados. ¿Hasta donde más quisieran extenderse?. Pues hasta donde se los permitan las autoridades.

No hablaré más sobre éste delicado tema, primero por que no es mi especialidad y segundo como dijo el presidente municipal del poblado serrano, cuando un reportero impertinente le preguntó por sembradíos a la vista: ¿No ha visto, presidente, las plantaciones de marihuana?. Viera que no, respondió, y no lo veo por que la otra vez vino el Comandante de la Zona y no los vio, después vino el jefe de la policía estatal y tampoco los vio, pues mire, para serle muy sincero yo tampoco los he visto. Efectivamente, nadie los vemos, pero todos sabemos que ahí están.

Este es otro gran desafío que tendrá la gobernadora electa.

Rompeolas

La injusta detención de un agricultor limpio y comprometido con la tierra, como Andrés Valles, acusado arbitrariamente de atentar contra propiedad federal, podría detonar otro estallido en la región de Delicias. No conforme con llevarse el agua de las presas, el gobierno de López Obrador quiere vengarse de quienes hicieron liderazgo para defenderla –a Chava Alcantar no le han desbloqueado su tarjeta de jubilado- y están yendo en serio. En Delicias el pasto está seco, es una sociedad muy dolida por la brutal ofensiva contra la actividad que pone comida sobre sus mesas, sienten personal el agravio. Lo prudente sería que Javier Corral intervenga para la inmediata liberación del señor Valles, de otra forma una chispa mínima sería suficiente para iniciar un incendio en la región. Ojalá todo se solucione de la mejor forma, pero con nuestros irracionales gobiernos nada bueno pueden esperar.

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Ernesto Cordero, asesor estrella de la gobernadora electa en materia de finanzas, ya vio de frente el rostro supurante del monstruo que les entregarán. En las primeras cuentas formales concluyó que recibirán una administración deficitaria en más de cuatro mil millones de pesos ¿Sólo cuatro mil? Al asesor financiero de ésta columna le pareció una cantidad ridícula, asegura que si le siguen buscando llegarán a los diez mil, sin contar adeudos a proveedores, que –como he dicho antes- calculan en más de once mil millones de pesos. Fuentes Vélez no debería hacer declaraciones imprudentes, el colapso financiero que dejarán es de espanto.