*Que gana y que pierde López Obrador

*Está en manos de un partido mezquino

*Sólo unida, la oposición es fuerte

*Loera no encuentra su identidad

*Grita fraude, por que le dijo un sobrino

A más de una semana sigue polemizándose sobre el resultado electoral. Intentaré ser muy objetivo: Morena obtuvo el 34 por ciento de los votos con el mayor número de diputados federales y ganó once de quince gubernaturas ¿Cómo podría decir alguien que perdió?. El PAN conservó sólo dos de sus tres gubernaturas y apenas ganó 33 diputados federales, con el 18 por ciento de los votos; el PRI perdió todas sus gubernaturas, incluida la de Campeche donde su presidente volcó al partido por ser su tierra, y únicamente consiguió 11 diputaciones federales, con menos del 18 por ciento de los votos ¿Cómo pueden, éstos partidos, decir que ganaron?.

Teniendo los números definitivos es fácil establecer conclusiones. Antes dos apuntes: indiscutiblemente Morena resultó gran triunfador en las gubernaturas, adosando a su maquinaria electoral presupuestos estatales que antes no tenía. Desde el domingo seis es el partido con más presencia territorial, que para efectos de la próxima elección representa un enorme avance, los nuevos gobernadores, y los que pueda ganar antes del 2024, serán activistas fieles del próximo candidato oficial. Éste es un tema que trataré después con detenimiento, tiene muchos asegunes.

El otro apunte, también una obviedad, es que Morena perdió en la ciudad de México sin que, como dijo Mario Delgado, la vieran venir. Esa derrota que dejó partido en dos al corazón del país ha desquiciado al presidente López Obrador hasta el punto de responsabilizar a “la clase media aspiracionista, inescrupulosa e insolidaria” –que manera de cegarse a una realidad, vive otro México nuestro Presidente-. Esa derrota, por lo que ha dicho y sigue diciendo, se clavó en sus partes más sensibles como espina cactácea. Le ha dolido hasta el alma.

Registrado lo obvio vamos a la Cámara de Diputados, donde para muchos ciudadanos, millones, y para los partidos políticos estaba concentrada la disputa, dadas las frecuentes insinuaciones continuistas del presidente. Morena, sin duda, es el gran partido nacional, sin alianzas firmó un registro de 16 millones 760 mil votos, el 34 por ciento, y 64 diputados. Con alianzas del Verde y PT casi llegó al 43 por ciento y 185 diputados, con 21 millones de votantes.

Es una gran fuerza comparada con la oposición. El PAN sólo ganó 33 diputados, con casi nueve millones de votos y un porcentaje apenas mayor al 18 por ciento. El PRI sólo ganó once distritos, con 8 millones 7000 mil votos, el 17,7 por ciento. Uno a uno sus competidores están muy atrás, pero vista la oposición en conjunto cambia. Sumados PAN, PRI, MC y PRD son casi 23 millones de votos, con el 46.5 por ciento, dos millones más que Morena.

Esos son los resultados objetivos, excluidos los nanopartidos que no alcanzaron registro. Lo que suceda después en la Cámara de Diputados es otro asunto, por que bien puede suceder que ya sean algunos diputados del PRI, de Movimiento ciudadano o de ambos, contribuyan a que Morena consiga su anhelada mayoría calificada. También es posible que, viendo a López Obrador de bajada, formen una sólida oposición parlamentaria y hagan dudar a un partido veleta como el Verde. Quien suponga que el Verde está perpetuamente adosado a Morena olvida que nació del PRI, se juntó con el PAN de Fox y de Calderón, volvió al PRI de Peña y ahora está rentado con Morena. No se vende, se alquila al poder en turno.

Los acuerdos entre el verde y Morena serán complejos, el partido gobernante deberá ceder mucho para garantizar la viabilidad de las iniciativas presidenciales y cuando se trata de reformas constitucionales, la complejidad se multiplica. En éste caso tendría que recurrir a los enemigos electorales y suponiendo que los chantajes, ofrecimientos, sobornos, presiones surtan efecto y le permitan coyunturales mayorías calificadas, todavía tendría que superar el llamado bloque de contención en el Senado de la República. El camino hacia las reformas constitucionales está empedrado de los más variados intereses políticos, económicos, ideológicos. Es muy difícil que Morenalo transite exitosamente.

Para no caer en los lugares comunes de que ganaron el INE y el redimido –se portó muy bien, dijo- crimen organizado, estoy convencido que ganó la sociedad. Supo frenar en el Congreso el avance de un presidente con aspiraciones dictatoriales que, al perder 34 diputados de mayoría, quedó a merced de un partido oportunista y mezquino como el Verde, al que necesita para construir una mayoría simple. ¿Eso es ganar? ¿Eso es tener una mayoría legislativa estable? ¿Eso es generar tranquilidad en segundo trienio presidencial?.

La última observación, de la que también analizaré detenidamente después, es otro resultado obvio: la profunda división de los mexicanos. La oposición y el partido oficial sólo están separados por dos millones de votos, en un padrón de casi cien. Esa división ciudadana es el resultado de una narrativa presidencial polarizante que partió al país entre buenos y malos, donde los buenos son quienes muestran lealtad ciega al gran tlatoani y los malos somos el resto de los mexicanos. Ya lo dijo, “o se está con la cuarta transformación, o se está contra la cuarta transformación”.

Ahí es dónde López Obrador está cómodo, sabe que sólo necesita unos cuantos votos para conservar la presidencia y perpetuar su régimen inspirado en el pasado populista que reniega de la iniciativa Privada y condena las legítimas aspiraciones ciudadanas de una movilidad social más acelerada y equitativa. En ese contexto y desde luego en su marcada molestia con los resultados en la Ciudad de México, debemos ubicar sus declaraciones contra la clase media. No está suficientemente satisfecho con la narrativa fracturista, quiere acentuarla y mantenerla hasta la revocación de mandato, su gran y personalísima elección.

Hasta en eso es una contradicción nuestro señor presidente, los políticos hacen campaña para ganar elecciones y tener derecho a gobernar, ejercer el poder. Increíblemente López Obrador es un político que permanece en campaña, una vez estando en el poder. Es paradójico.

Rompeolas

Juan Carlos Loera no encuentra su lugar. Un día clama por un “gigantesco fraude”, como siempre sin aportar la menor prueba -se lo dijo un sobrino, tiene uno dificultad para creer-, y al otro que será una oposición responsable. Primero necesita definirse, si tiene pruebas del fraude que las presente ante el Trife, es su obligación, si no las tiene que guarde silencio y asuma, lo que ya no hizo, con dignidad su derrota. Y segundo ¿Oposición responsable de quién? ¿Del gobierno estatal o de la dirigencia de su partido? Para que las tribus domésticas de Morena le permitan quedarse con el partido y se oposición al gobierno tendría que dejar media salea en el alambre. Posiblemente no el alcance ni con la intervención de la super Ariadna, su protectora oficial. El golpe fue tan poderoso que no se ha dado, evidentemente, cuenta de la espantosa derrota que sufrió. Fuera de Juárez consiguió menos de 220 mil votos, ese rechazo popular debería ser motivo suficiente para guardar silencio.